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Inseguridad en Bogotá: ¿Qué factores lo ponen en la mira de la delincuencia?

Un estudio del Distrito analizó variables como el estado civil o el nivel de educación frente a la zona donde se vive y la incidencia de factores como la ocupación del espacio público para explicar por qué una persona puede ser más propensa a ser víctima de un delito. Estos son los resultados.

17 de septiembre de 2018 - 10:00 p. m.
El informe concluye que el riesgo se incrementa para alguien con posgrado frente a quien tiene primaria. / Getty Images
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Si usted es un hombre joven, soltero, profesional y frecuenta sectores donde hay exceso de anuncios publicitarios tiene más probabilidades de ser víctima de un delito. Esta es una de las conclusiones de un estudio de la Secretaría de Seguridad de Bogotá, que se preguntó por qué ciertas personas resultan ser más atractivas para la delincuencia. Aunque hay otros factores que inciden, para el Distrito hay una correlación de características con las que se puede determinar el riesgo.

(Seguridad en Bogotá: entre esfuerzos y percepción)

El ejercicio se conoce en medio de una difícil coyuntura en materia de seguridad. Las cifras de la administración indican que en 2018, cada día, 268 ciudadanos denuncian un hurto, 156 dicen que les robaron su celular, nueve su carro y 26 que los ladrones se metieron a sus casas. Solo el año pasado una de cada tres personas dijo haber sido víctima de algún delito. A raíz de estos datos, el ejercicio tuvo en cuenta el perfil de los denunciantes y la zona donde viven, considerando además factores como la invasión del espacio público, la publicidad, el ruido y hasta la contaminación.

Así, se aplicó un modelo que le permitió a la Oficina de Análisis de Información y Estudios Estratégicos expresar cómo cambia la probabilidad de ser víctima si se modifican algunas variables. Para ello analizaron la respuesta de casi 20.000 ciudadanos que participaron en 2014 en la encuesta de Victimización de la Cámara de Comercio, cuyos datos los cruzaron con cifras del DANE y de la encuesta Multipropósito para Bogotá.

Perfil

Fruto de ese trabajo se concluyó que a mayor edad se reduce la probabilidad de sufrir un delito. También, que una mujer tiene 21 % menos riesgo que los hombres, pues ellos tienden a adoptar comportamientos riesgosos, así como a reaccionar violentamente frente a un atraco. En cuanto al nivel educativo, el ejercicio arrojó que aquellos con educación superior (pregrado o posgrado) son más propensos a ser victimizados. “Al tener un nivel de ingresos superior, los hace más atractivos a los delincuentes. En concreto, el riesgo se incrementa en 7,8 % para una persona con posgrado frente a alguien con primaria”, explica el estudio.

(Inseguridad en Bogotá: ¿qué pasa con las cifras?)

Otro de los hallazgos es que, en la medida que una persona está más dedicada al hogar, menos se expone a los delincuentes. Caso contrario al de los empleados, quienes tienen rutinas lejos de su vivienda. Sin embargo, los más propensos a los delincuentes son los adultos que viven solos, ya que sus estilos de vida pueden estar más asociados con actividades nocturnas, como la rumba, que suponen una amenaza alta. “El riesgo se incrementa cuando un individuo está soltero o separado, y disminuye cuando se asocia con una vida en pareja o con hijo”.

Se constató también que entre más alto es el estrato, menor es la probabilidad de ser víctima de delitos (a excepción del hurto a vehículos). Además, al contar con más recursos –sugiere el informe– le permite acceder a medidas de protección como alarmas o guardias de seguridad. “Por ejemplo, la probabilidad de robo a residencias disminuye en un 0,8 % si se cuenta con medidas de protección”.

Entorno

De otro lado, al medir cómo influye la percepción del ambiente de donde se vive con el riesgo, se determinó que la invasión del espacio público reduce el riesgo, mientras el exceso de anuncios lo aumenta. ¿Por qué? Sobre el primer factor, el informe dice que la relación se entiende en términos de control social, gracias a la presencia de personas que pueden hacer las veces de vigilantes informales. Sobre el segundo factor, lo relacionan con la aglomeración de personas y la actividad comercial.

La mejor manera de entenderlo es con los que se dedican a cuidar carros en las calles. Según el estudio, en la medida de que haya alguien custodiándolos, se reduce la acción de un delincuente, pues esa presencia se interpreta como una señal de alerta. Algo similar sucede con un vendedor ambulante que, aunque no ejerce vigilancia directa, puede ser testigo de un robo, suficiente para ejercer un control social que persuade.

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Caso contrario ocurre en zonas donde hay exceso de anuncios publicitarios y alta actividad comercial, pues son sectores con gran aglomeración de personas, lo que aumenta las opciones de delitos como robo a vehículo, hurto en transporte público y lesiones personales.

Críticas

Según Andrés Nieto, experto en seguridad ciudadana de la Universidad Central, aunque el ejercicio del Distrito es valioso, al ser un insumo para detallar factores de riesgo, no deja de quedarse corto, pues solo caracteriza a la víctima y no apunta a describir cómo están operando los delincuentes, lo que debería ser la mayor preocupación de la administración. “Sí, son los profesionales a los que más hurtan, pero es que uno no puede quedarse solo con el perfil. Hay que indagar cuáles son las conductas diarias de las víctimas, a dónde acuden, cuáles son sus hábitos de comercio, en qué usan el tiempo libre, etc. Este estudio nos dice el qué. Nos hace falta el cómo y el por qué».

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Esta perspectiva la comparte Jorge Restrepo, director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac), quien insiste en que, pese a ser un trabajo válido, plantea otros interrogantes como “por qué en lugares donde hay exceso de anuncios, hay mayor nivel de victimización”. En este sentido, Luis Fernando Echavarría, analista de seguridad, advierte que no puede menospreciarse el ejercicio, pues es un trabajo probabilístico, mas no concluyente. No obstante, criticó al Distrito por haber hecho el análisis con datos de una encuesta de 2014 y no una actual.

Frente a la conclusión de que el exceso de anuncios aumenta el riesgo, explica que “no es que se le achaque a una valla que haya más inseguridad, sino que está estratégicamente ubicada donde hay mayor concurrencia de personas y, por ende, acuden más delincuentes que recurren al cosquilleo”.

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Entre los expertos también hay una duda en común: cómo traducir este estudio en una política pública o acciones contra la inseguridad. John Marulanda, consultor internacional en defensa, advierte en esa línea que el ejercicio del Distrito poco aporta a soluciones prácticas. “Hay estudios más detallados, más concretos y más útiles, al recomendar medidas más pragmáticas. Ningún gobierno puede acabar la inseguridad reduciendo la contaminación, pero en aras de la academia, se entiende que es una actividad que integra varios elementos”.

Al margen de las críticas y de lo que sugieren las conclusiones, los analistas admiten que el estudio de la Secretaría de Seguridad se configura como un punto de partida para entender mejor el delito. Será tarea de la administración seguirle apostando a este tipo de ejercicios para robustecer las estrategias y atacar de forma más enfocada a quienes insisten en generar zozobra entre los ciudadanos.

 

jgonzalez@elespectador.com

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