En un espacio contiguo resuena una y otra vez el golpeteo de un martillo contra una superficie metálica. En el patio central, un piso más abajo, un andamio cruje contra el piso mientras dos obreros lo mueven. Al fondo del pasillo una nuble blanca, que se ha levantado con el barrer de dos mujeres, se acerca, como los fantasmas de una película de bajo presupuesto. En medio de todo apenas se oye la voz de Hipólito Romaña, un chocoano de 43 años, alto, grande, quien es presidente de la Comisión Consultora Distrital de Comunidades Negras. “Acá funcionará la primera casa de la cultura afro de la ciudad”.
Mientras el pequeño ejército de trabajadores, que se tomó la casa de la calle octava con carrera novena, se mueve frenéticamente Romaña habla acerca de la importancia de tener un centro cultural dedicado exclusivamente a esta población: “Con las actividades que desarrollaremos en esta casa, como exposiciones, conversatorios y otras, pretendemos visibilizar a la cultura afro, generar un sentido de identidad y arraigo más fuerte y, de la misma manera, darnos a conocer para recibir más ayuda y atención, tanto del Distrito como de afuera”.
Es una construcción antigua, de aquellas casonas del centro llenas de historia en la fachada, pero casi abandonadas por dentro. Desde principios de este año, el Instituto Distrital de la Participación y Acción (Idpac) y el Instituto Distrital de Patrimonio se han encargado de reconstruirla, maceta y cincel en mano. El resultado es un inmueble de más de 500 metros cuadrados que albergará varias instancias que celebran la diversidad de la cultura afro. En el lugar funcionará: un restaurante, dos locales comerciales (donde se venderán piezas artesanales y otros elementos típicos de esta cultura), un auditorio y un centro de documentación.
“Este sueño comenzó en 2005, cuando fue formulada la primera política pública de la ciudad para atender a nuestra comunidad en cosas como salud, educación, vivienda y otros puntos en donde se requería una ayuda especial por parte del gobierno de Bogotá”, explica Romaña. El acuerdo 175 se firmó el 28 de septiembre de 2005 y desde ahí el proyecto de la Casa Cultural Afro comenzó a rodar.
Según Olga Beatriz Gutiérrez, directora de Idpac, “esta casa es un ícono de la lucha que ha tenido la comunidad afro en la capital. La Secretaría de Planeación y la oficina de dirección de afros de la Secretaría de Gobierno coordinarán la formulación de la política de la comunidad afro garantizando el derecho a la participación”.
La casa protege al soñador
Hipólito Romaña Cuesta nació hace 43 años en Tagachí, un pueblo del Chocó con algo más de 250 casas que se paraliza cada vez que la selección Colombia de fútbol juega para poder ver a uno de sus habitantes ilustres, Wason Rentería. “Él es familiar mío. Él Rentería Cuesta. Yo soy Romaña Cuesta”, dice entre risas Romaña.
Después de haber estudiado bachillerato en Quibdó y haber recibido un diploma de abogado de la Universidad Autónoma de Bogotá, Romaña desempeñó varios cargos como dirigente sindical, que lo pusieron en contacto con la gente, con las necesidades diarias de las personas.
“En Bogotá, calculamos nosotros, hay más de un millón de personas de la comunidad afro. Sin embargo, en el censo de 2005 se reportó un número inferior a las cien mil. El problema es que la gente no asume su identidad por diferentes problemas, incluso porque a veces le da pena”. En un país como Colombia, donde hacer la guerra es un deporte nacional, que tiene una historia patria que se alarga por casi dos siglos, y en donde apenas hasta hace dos años hubo el primer general de la República negro, la teoría de Romaña, acerca de la renuencia para definirse como afro, cobra sentido.
Los ejemplos de personas de la comunidad afro que han adquirido cierta visibilidad social son recientes y, desgraciadamente, son las excepciones que confirman la regla: la primera reina negra, Vanessa Mendoza (2001) y la primera ministra negra, actual jefe de la cartera de Cultura, Paula Marcela Moreno Zapata, nombrada el año pasado, son dos ejemplos que hablan mal del nivel de inserción social de la comunidad afro.
Romaña define el proyecto de la Casa de la Cultura Afro como un lugar donde se puede afianzar el papel de esta población, donde, desde la cultura, se puede montar una vitrina que habla de una población con una rica tradición, que puede seguirse hasta África, de donde las potencias mundiales sacaron la mano de obra para llevar a cabo los atropellos del proceso colonizador.
El sábado, con la presencia del alcalde Samuel Moreno, la casa fue inaugurada, aunque entrará oficialmente en funcionamiento hasta enero del próximo año, cuando las obras se hayan terminado y el mobiliario esté en su lugar. En las obras se invirtieron recursos del Idpac y del Instituto de Patrimonio por orden de casi $600 millones. Los trabajos consistieron en el reforzamiento estructural de la casa (a la que se le añadieron 12 columnas más) y la adecuación del inmueble.
“De unos dos o tres gobiernos distritales para acá se han venido tomando las acciones e implementando las políticas para beneficiar a nuestra comunidad, un grupo de población que durante casi cinco siglos sufrió a mano de diferentes látigos. Para el próximo año la Secretaría de Hacienda ya comprometió $750 millones para el funcionamiento del proyecto”, dice Romaña. Y añade: “Son pasos pequeños, pero son avances concretos para que la población afro de Bogotá tenga un mejor nivel de vida y un reconocimiento social mayor”.