El martes de la semana pasada, mientras Juan González* hacía algunas compras en el centro de la ciudad, fue amedrentado por un hombre que, con tono bajo, le exigió que le entregara todas sus pertenencias. Asustado por la situación y sin saber qué hacer, su primera reacción fue intentar emprender la huida, pero al hacerlo el hombre que lo acosaba sacó un cuchillo y lo presionó contra sus costillas. González, sin más opción, le entregó su celular, el reloj que le habían regalado de Navidad, el dinero que portaba y vio cómo el atracador se llevaba los artículos que unos pocos minutos antes había comprado.
Decepcionado, se acercó al puesto de policía más cercano, puso la denuncia y, sin más, se dirigió a la estación de Transmilenio de La Aguas. Mientras hacía fila para comprar el pasaje, vio a lo lejos al mismo hombre que lo había atracado minutos antes. En ese momento, uno de los bachilleres lo estaba requisando, le abrió la maleta y descubrió el amenazador cuchillo. Juan González pensó que se haría justicia, que lo retendrían y que tal vez recuperaría sus cosas. Pero, para su sorpresa, lo único que sucedió fue que el bachiller le incautó el arma al sujeto, le hizo firmar un papel y lo dejó seguir su camino.
Según estadísticas de la Policía Metropolitana, en Bogotá diariamente se retienen aproximadamente 300 armas blancas, y lo más preocupante del asunto es que en todos estos casos los portadores no reciben ningún tipo de sanción. Esto se debe a que la ciudad no cuenta con mecanismos legales para penalizar a los cientos de ciudadanos que día a día portan cuchillos, navajas, bisturís, tijeras, patecabras y hasta machetes.
Ni en el Código de Policía ni en el Decreto 2535 de 1993, en los que se establecen normas sobre armas, municiones y explosivos, no se establece una legislación sobre el tema. De esta forma, a los policías no les queda más remedio que incautar las presuntas armas, imponer un comparendo pedagógico y dejar libre al ciudadano. “En Bogotá, portar un arma blanca es lo mismo que cargar un esfero o un cuaderno. En el Reino Unido, por ejemplo, sólo se permite cargar una navaja de hasta cinco centímetros”, dice el padre Alirio López, coordinador del programa Vida Sagrada.
“Si nosotros tuviéramos una penalización mucho más fuerte, muy probablemente ésta misma persuadiría a los posibles infractores de incurrir en estas conductas ilícitas”, dice el general Rodolfo Palomino, comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá.
Según el padre López, es de suma importancia la instauración de sanciones sociales visibles a aquellos que porten armas blancas. Frente al tema, el alcalde Samuel Moreno, durante el acto en que fue reconocido por la Policía Metropolitana como nuevo alcalde de la ciudad, dijo enfáticamente que liderará un proyecto de ley en el Congreso que restrinja y penalice el porte de armas blancas.
Las autoridades establecieron que el sábado 29 de diciembre, día en el que asesinaron a un joven en el portal norte de Transmilenio, se retuvieron 97 armas blancas en la red de este servicio. El 31 de diciembre la cifra fue de 452 en toda la ciudad.
En el 60% de las riñas que se presentan en la ciudad se utilizan armas blancas. En el caso de los hurtos a personas, lesiones personales y paseos millonarios, la incidencia de este tipo de objetos también es considerable.
Problema ciudadano
Para aquel que quiere conseguir un arma, la ciudad se vuelve un lugar lleno de posibilidades. En la carrera séptima entre la Avenida Jiménez y la calle 19, los alrededores de la Plaza de San Victorino y la calle 15 venden todo tipo de cuchillos. Y en los supermercados de cadena regalan navajas a cambio de puntos acumulados.
Por esto, el Distrito insiste en que, además de no existir una legislación, este es un problema de cultura ciudadana, pues prácticamente cualquier objeto podría convertirse en un arma peligrosa. “Vivimos en una cultura de la intolerancia. La inseguridad en la ciudad cada día cobra sus víctimas y esto ha terminado en resentimiento y odio. En esta ciudad cada uno hace justicia por sus propios medios”, explica el padre Alirio López.
Debido a los suceso de final de año, entre los planes de la administración de Samuel Moreno la cultura ciudadana ha comenzado a tomar más importancia. Al parecer, el nuevo alcalde ha concentrado su mirada en este tema, tanto así que lanzó la campaña “Amor por Bogotá”, que según sus explicaciones, busca fomentar el respeto a los demás, a la ley y a los mayores.
Trampas del crimen
Pese a que actualmente la ciudad registra 17,9 homicidios por cada 100 mil habitantes, cuando en el año 1994 la proporción era de 84 homicidios por cada 100 mil, el tema de la seguridad sigue siendo una de las mayores preocupaciones de los bogotanos.
El miedo a caminar de noche, a visitar algunos sectores y el constante presentimiento de que en cualquier momento se puede ser víctima de un atraco, siguen siendo constantes en la cotidianidad de aquellos que transitan por la ciudad.
Un estudio realizado por la Universidad Nacional de Colombia en convenio con la Secretaría de Gobierno del Distrito estableció que hay un total de 31 lugares, o trampas del crimen, en donde el hurto a personas, las lesiones, los delitos contra el patrimonio y los homicidios, entre otras contravenciones a la ley, se dan con mayor frecuencia.
Como es de esperar, el uso de armas blancas en estos 31 puntos es el común denominador. Pese a que en los últimos dos años los ciudadanos han entregado de forma voluntaria 1.600 de éstas, todavía se registran altos índices de criminalidad debido al porte de estos objetos.
En este momento, para cualquier bogotano resulta muy fácil adquirir y portar un arma blanca. Por eso, los diferentes entes del Distrito coinciden en que es necesaria su penalización y, como dijo el general Palomino, “concientizar a los individuos de que se pueden resolver los problemas desde otros escenarios distintos al de la violencia”.
* Nombre cambiado por seguridad.