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La encrucijada por el alcohol

Este jueves comienza la restricción a la venta de licor después de las 11:00 p.m., en medio de un debate sobre su real impacto en el índice de riñas de la ciudad.

22 de junio de 2011 - 06:25 p. m.
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Este jueves entra a regir la medida impuesta por la Alcaldía Mayor que prohíbe a las tiendas de barrio vender licor desde las 11:00 p.m. hasta las 10:00 a.m. La determinación, según el gremio de comerciantes, afectará la productividad económica de la capital, pero, según la administración, podría traer al mismo tiempo una disminución en los índices de riñas callejeras.

Desde que la alcaldesa encargada, Clara López, anunció la restricción, la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco) se opuso, recomendó esperar los resultados de las campañas de consumo responsable que adelantan los comerciantes y alegó que la medida compromete tanto el crecimiento económico como la productividad de la ciudad y que podría ocasionar pérdidas millonarias que hasta ahora son incalculables.

Además, Fenalco advirtió que la medida podría funcionar como un arma de doble filo, pues la población que no tenga acceso a bares o servicios a domicilio, podría conseguir el trago de manera ilegal, corriendo el riesgo de ingerir bebidas adulteradas.

Sin embargo, la decisión se toma ante las alarmantes cifras de muertes y riñas en la capital. En lo corrido del año, según el último informe del Centro de Estudios y Análisis en Convivencia y Seguridad, han ocurrido 644 homicidios, de los cuales el 14,4% corresponden a riñas callejeras.

La alcaldesa de Chapinero e impulsadora de la iniciativa, Blanca Durán, asegura que, aunque no todas las 116.246 riñas ocurridas en lo corrido del año han sido provocadas por el licor, “lo que busca la medida no es acabar  con las riñas, sino atacar uno de los factores específicos que las provocan”.

Según Durán, la restricción está apoyada en un monitoreo realizado durante 2009, cuando se decretó algo similar durante seis meses. Para entonces, añade, las lesiones personales se redujeron 35% y el hurto 13%.

La alcaldesa encargada, en respuesta a los comerciantes, aseveró que si se reduce la tasa de riñas, la medida podrá empezar a levantarse gradualmente en algunas localidades.

Pero en medio de los argumentos que esgrimen la administración y los comerciantes, parecería que lo que la ciudad necesita es una salida alterna para no tener que escoger entre la disminución de los índices de inseguridad y muertes, y la de su productividad económica.

Para el analista Juan Carlos Flórez, la restricción no es la solución idónea, pues no contempla los otros factores sociales presentes en las riñas callejeras y desconoce la experiencia de la ciudad.

Según Flórez ,desde que se implantó la Ley Zanahoria en el gobierno de Antanas Mockus, en 1995, la ciudad ha venido aprendiendo que el consumo de alcohol es sólo uno entre otros componentes de riñas y homicidios. La iniciativa, para el analista, debería estar acompañada de estrategias para combatir la falta de tolerancia y convivencia ciudadana. “Esta es una medida efectista que impacta la opinión pública, pero no es una determinación de fondo”.

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