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La escuela de fútbol

Su primera vez en el fútbol fue un desastre, pero él no se atrevió a decirle nada a su madre, que lo había matriculado en la escuela de un glorioso ex jugador porque las amigas le habían dicho que el niño debía hacer deporte.

02 de octubre de 2010 - 03:00 p. m.
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Su primera vez en el fútbol fue un desastre, pero él no se atrevió a decirle nada a su madre, que lo había matriculado en la escuela de un glorioso ex jugador porque las amigas le habían dicho que el niño debía hacer deporte. “Socializar, jugar, tomar el sol, sudar, Gloria, que sude y salga de las sombras”, le dijeron. Ella investigó, evaluó y decidió. “Felipe, ¿te gustaría entrar a un equipo de fútbol?”, le preguntó una tarde. Él, casi indiferente, le respondió que sí, que lo que ella decidiera estaba bien.

A la mañana siguiente se vistió de futbolista. Miró por encima la imagen de un jugador en la sección de deportes del periódico, se miró en un espejo y dio unos pequeños saltos por su habitación antes de que el bus de la escuela llegara a recogerlo. Estaba nervioso. Cargaba con una ansiedad que hasta entonces no había conocido. Saludó. Hola. Se sentó en el primer puesto desocupado. Observó a sus nuevos compañeros de vida. Con algunos años de menos, se parecían al de la foto del diario. Media hora más tarde saltó a la cancha. Obedeció cada una de las órdenes del señor que con un pito en la mano organizaba el partido, y el partido se inició, su debut. La pelota le llegó de repente en un espacio neutro. Él se lanzó como un gato encima de ella y la tomó con las manos. Un árbitro sancionó falta. Fue tiro libre en contra y fue gol. Dos minutos después lo sacaron de la cancha, nunca más jugó. Su tiempo lo dedicó a imaginar historias fantásticas de fútbol para contarle a su madre.

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas. fernando.araujo.velez@gmail.com
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