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La soledad del alcalde

Los errores de Gustavo Petro y su incapacidad de generar consensos con la clase política tradicional parecen estar amenazando la estabilidad de su gobierno. La primera víctima es la ciudad.

08 de septiembre de 2012 - 04:00 p. m.
Los entes de control tienen la lupa sobre la Alcaldía, al punto en que en lo corrido del año ya van 250 indagaciones preliminares. / David Campuzano – El Espectador
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Por donde se le mire, el documento es confuso. Menciona contratos, una serie de nombres, fechas y un grupo de supuestas evidencias adicionales sin mayor hilación. Quien quiera que lo lea entenderá poco de este auto de la Procuraduría General de la Nación, que ordena una indagación preliminar al alcalde Gustavo Petro.

Sin embargo, en medio de la confusión, una afirmación aparece libre de ambigüedades en el papel fechado el 4 de septiembre, pero filtrado esta semana: “Los hechos guardan relación con (una) queja inicial en la que se señala a varias personas que estarían fraguando otro carrusel de la contratación al estilo Samuel Moreno Rojas”.

Minutos después de conocerse, el titular rotaba furioso por los medios de comunicación: “En la administración de Petro se estaría fraguando otro carrusel de la contratación”. Y se sumaba a muchos otros titulares a los que se han venido acostumbrado ciudadanos y periodistas, en medio de la cada vez más grave polarización política que se respira en la ciudad.

La lluvia de titulares sigue. Apenas normal cuando en lo que va corrido del año los entes de control le han abierto a la administración 250 indagaciones preliminares. En el Congreso, un grupo de representantes a la Cámara propone públicamente organizar una revocatoria del mandato al alcalde. En el Concejo la mayoría opositora pone al gobierno a sufrir con sus iniciativas. Y en la Casa de Nariño se ventila cada vez con más insistencia el rumor de que el presidente Juan Manuel Santos quiere crear una Alta Consejería para Bogotá, encabezada por la rival de Petro en la campaña: Gina Parody.

Y aunque en el caso reciente del auto de la Procuraduría las razones de la polvareda no sean entendibles, lo cierto es que Petro ha aportado con creces a la sensación de permanente crisis en la administración.

Al alcalde se le han ido importantes colaboradores que al cerrar la puerta se quejan de la improvisación en las decisiones del mandatario.

Los aliados que le quedan le reconocen la orientación de su proyecto político, pero le reprochan, como lo hizo el concejal Carlos Vicente de Roux, su “tremendismo, la inestabilidad del equipo de gobierno y su estilo confrontacional”.

Así lo resume la también progresista Angélica Lozano: “Está en lo correcto al buscar la equidad, tiene buenos planes, pero nos pone a sufrir porque para lograrlos pareciera querer refundar la ciudad”.

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Como mandatario, Petro ha demostrado que es un político sui géneris: pese a su inteligencia, es poco carismático, pendenciero, impulsivo e impredecible. “La timidez de él es patológica”, asegura un colaborador. “En ocho meses no ha tenido una comida social y no conoce el Gun Club, ese carácter está causando entre algunos sectores poderosos mucha desconfianza”.

En la Alcaldía reina la inquietud, pero se percibe que la ciudad no va de mal en peor. De hecho, consideran que ciertos indicadores, como la tasa de homicidios o algunas medidas como el Pico y Placa, dan cuenta de alguna mejoría. Asimismo, mientras que las encuestadoras privadas registran una favorabilidad bajísima del alcalde (del 30 o 46%), sus encuestas internas no bajan del 59%.

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Sabiéndolo cada vez más solo, objeto tanto de críticas fundamentadas como de insólitas presiones, el círculo cercano al alcalde lo ha instado a que salga de su encierro y busque mitigar lo que ya parece inminente: su inquietante soledad política.

De ahí que Petro haya comenzado a mostrar pequeños brotes de diplomacia. En las últimas semanas ha tenido dos importantes reuniones, una con el expresidente liberal César Gaviria y otra con el expresidente conservador Andrés Pastrana. Con el primero habló de drogas; con el segundo, de paz. Con ambos habló de política y de su Plan de Desarrollo, y Gaviria, en especial, fue enfático en recomendarle “que no se encierre tanto y que deje de pelear con los medios”, según un asesor.

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Quién sabe qué tendrá que hacer el alcalde solitario para garantizar la estabilidad de su gobierno y reducir el nivel de ruido que están causando hoy sus peleas y los ataques fundados e infundados de sus críticos y enemigos. Por ahora, la ciudad parece preguntarse cuándo volverán los días en que sentíamos que íbamos para adelante.

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