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La trampa del ave amarilla

Los vecinos del  humedal La Vaca, en la localidad de Kennedy, aseguran que hasta la reserva ambiental han llegado comerciantes de aves que cazan las especies y luego las venden por siete mil o diez mil pesos la unidad.

18 de septiembre de 2008 - 03:28 p. m.
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El melódico canto que aquella mañana de sábado despertó a los habitantes del barrio Amparo Cañizares, localidad de Kennedy, venía de uno de los árboles aledaños al humedal La Vaca. Un ave de color amarillo, escondida con su jaula entre los matorrales, llamaba a las especies que habitaban el ecosistema. Mientras tanto, dos hombres, que como en otras ocasiones habían llegado en una moto, esperaban con jaulas a que las aves cayeran en su trampa.

Ese día los vecinos del humedal salieron a enfrentarse a los dos sujetos, quienes descaradamente pretendían robarse las aves que después de 14 años de trabajos de recuperación ambiental habían vuelto a migrar hasta la zona. “Les gritábamos que desocuparan las jaulas, pero ellos nos amenazaron, nos dijeron que no nos metiéramos en lo que no nos importaba y que además el humedal no era de nadie”, decía uno de los vecinos mientras miraba por la ventana las tinguas azules que revoloteaban sobre la laguna.

En el barrio los habitantes aseguran que los cazadores de aves son personas de la misma comunidad que venden los animales por siete mil o diez mil pesos en los mercados populares de la zona y en el sur de la ciudad. Algunos han visto las jaulas repletas de pájaros exóticos en las azoteas de las casas vecinas, en donde los sacan para que canten y les dé el sol. Los polluelos son el blanco preferido de los cazadores.

En el sector la Policía Ambiental está al tanto de las denuncias de la comunidad. Aunque hasta el momento no han capturado a ninguno de los presuntos traficantes de especies, el patrullero José del Carmen González, miembro de la Policía Ambiental y encargado de la zona de humedales, asegura que “de llegarse a encontrar a alguien cazando aves  en el humedal, se le judicializará y se tomarán las medidas necesarias”.

“Esta es una situación que se está presentando en casi todos los humedales de la ciudad. Las aves migratorias en las ciudades son un lujo por el que los países europeos están pagando miles de euros en este momento”, explicó el biólogo Bayron Calvachi, de la Empresa de Acueducto, entidad encargada de la recuperación de este ecosistema.

Según él las especies que están siendo traficadas son los Chorlos Playeros que vienen de Norteamérica, los Atrapamoscas (provenientes de Argentina y Chile), la Tijereta, los Chamones y las Monjitas, especies nativas de la sabana. “Éste es un ecosistema que como un paciente en cuidados intensivos debe tenerse bajo vigilancia. No es justo que mientras unos tratamos de devolverle la vida al humedal, otros lo utilicen para su propio bienestar”,  dijo Jineth Malavera, miembro del grupo de mujeres Banco de Semillas, quienes se han convertido en las guardas del humedal.

La vida del humedal

Finalizando la década del 80, cuando el humedal ya había sido reducido de 300 hectáreas a tan sólo nueve, comenzaron a llegar a Kennedy cientos de familias de todas las regiones del país que, amedrentadas por la violencia, no tuvieron más opción que trasladarse a la fría capital. Para ese entonces, los urbanizadores ilegales aprovecharon la desesperación de estas personas y les prometieron que en lo que era una laguna se construiría una amplia avenida que conectaría los lotes que les ofrecían con Corabastos.

En 1994 funcionarios de la Alcaldía y el entonces DAMA llegaron hasta el barrio para avisarles que sus viviendas estaban construidas en terrenos que hacían parte de una reserva ambiental.  En 1999 un censo realizado por el Distrito permitió establecer que, en total, 160 familias se encontraban invadiendo el humedal. Cuatro años después, los habitantes fueron reasentados en casas de bloque y teja, que les permitieron a los antiguos invasores tener una mejor calidad de vida.

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Mientras tanto se regaba el rumor de que aquellos que habían invadido el humedal recibieron cómodas casas. Durante los tres siguientes años (desde el 2003 hasta el 2006) comenzaron a llegar nuevos invasores que, interesados por las compensaciones, se tomaron la reserva hídrica. Esa vez fueron 274 familias.

El sector se convirtió en uno de los lugares más peligrosos de la zona. Se acabó con la vegetación, las pocas especies animales que todavía vivían allí desaparecieron y en cambio llegaron los jíbaros, los vendedores de armas y hasta se montó un matadero ilegal de caballos. Tiempo después, en 2006, cuando se realizó el segundo desalojo del humedal, las autoridades encontraron entre los escombros el arma de donde salió el rocket que cayó en la entonces calle del Cartucho el día de la posesión del presidente Álvaro Uribe.

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El 11 de diciembre de 2006 el humedal fue desalojado. Desde entonces la Empresa de Acueducto y la Secretaría de Ambiente se han encargado de restaurar el ecosistema. Durante 10 meses se realizó la remoción de escombros y en vista del irrespeto de la comunidad hacia el medio ambiente, se tomó la decisión de cerrar el humedal. A principio de este año fueron plantados 2.800 juncos (árboles) y desde entonces han comenzado nuevamente a llegar las aves migratorias.

En este momento existen siete grupos creados por la comunidad que velan por la conservación del ecosistema. “No entendemos cómo después de tanto trabajo haya gente que se robe las especies que no veíamos desde hace años”, dijo Dora Consuelo Villalobos, coordinadora del grupo Banco de Semillas.

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