En la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) Salitre se limpian al día casi 300.000 metros cúbicos de aguas negras, que producen los casi 2,2 millones de personas que residen entre las calles 26 y 200. Esto representa solo el 30 % de agua contaminada que produce la ciudad y que tienen como destino el río Bogotá. El resto, que produce el centro y el sur de la ciudad, sigue llegando cargada de contaminación.
Como la capital sigue creciendo y es claro que en unos años la Planta no dará abasto, el plan del Distrito es claro: terminar cuanto antes la ampliación de la PTAR Salitre y, a mediano plazo, construir en el sur la PTAR Canoas, para evitar que llegue al río agua sin tratar. La meta es aumentar la capacidad para procesar las aguas negras de Bogotá y, de esta manera, cumplir con la sentencia de la Consejo de Estado, que ordena a diferentes entes territoriales la descontaminación del principal afluente de la capital.
Aunque las obras son complejas, la manera como funciona actualmente, por ejemplo, la PTAR Salitre es simple. Cuando llegan las aguas negras por el sistema de alcantarillado, el líquido es filtrado para retirar la basura más grande. Lo que llega a este punto es tan curioso como insólito: colchones, trozos de ropa, animales y hasta partes de personas quedan en este filtro. Luego, el líquido pasa por el cribado fino, donde se retiran trozos más pequeños de basura, como cigarrillos, condones y empaques.
Cumplido esto, comienza el tratamiento. El agua es llevada a los tanques sedimentadores, donde permanece por tres horas, para retirar los residuos que superaron los primeros filtros. Así, el agua ya está lista para descargarla al río, con el 40 % menos de materia orgánica y con una reducción del 60 % de los sólidos suspendidos totales. El cambio se nota. En el tramo del río Bogotá, entre las calles 80 y la 119, en inmediaciones de la PTAR Salitre, ya no huele tan mal y aunque se mantiene en parte la acumulación de basuras en del río, el agua no es tan negra ni espumosa como la que llega en el sur, sin tratamiento, al Salto del Tequendama.
Las obras
Para mejorar el panorama, es que se vienen adelantando trabajos como la ampliación de la PTAR Salitre donde, más allá de duplicar su capacidad de tratamiento (pasando de cuatro metros cúbicos a mínimo ocho), lo que se pretende es poder eliminar al menos el 80 % de los residuos y de esta manera mejorar la calidad de las aguas residuales que llegan al río.
En Salitre, de acuerdo con Martha Moreno, gerente de Camacol, las obras avanzan a buen ritmo. Con un avance del 15 %, esperan que en un año lleguen al 85 % y así poder entregar la segunda fase de la PTAR antes de lo previsto, en diciembre de 2019. Para ello trabajan a toda marcha, algo que se evidencia al encontrar en la zona de ampliación tres plantas para producir cemento y 800 trabajadores. El acero lo compran en Boyacá y esperan que al finalizar el año hayan utilizado más de 10.000 toneladas para completar la obra.
El proceso no ha sido fácil. El proyecto implicó la intervención de una zona del humedal El Cortijo, que los habitantes de los barrios Ciudadela Colsubsidio, Bolivia, Bochica y Quintas de Santa Bárbara querían proteger, debido a que la fuente de agua había sido recuperada por los ciudadanos. A pesar del rechazo de 25.000 residentes de la zona, finalmente se llegó a un acuerdo, se realizaron intervenciones y la empresa de Acueducto se comprometió a proteger las áreas aledañas al proyecto, lo que posteriormente denominaron el parque de la PTAR Salitre.
Hoy, aunque la zona de las obras está deforestada, aún se encuentran animales como ranas, serpientes sabaneras y cuyes, que al ser hallados dentro de la construcción, son valorados y posteriormente liberados en zonas cercanas al humedal Juan Amarillo, según lo indicó el consorcio Expansión PTAR Salitre (integrado por la firma griega Aktor, la española Aqualia y la colombiana Cass Constructores), encargado del proyecto.
Lo que queda por hacer
El proceso de recuperación del río no solo tiene que ver con la construcción de las PTAR. De forma adicional se vienen adelantando otras tareas como las que ejecuta la CAR. La autoridad ambiental ha adelantado, por ejemplo, procesos de revitalización en la ronda del río, donde se han sembrado 1.200 árboles; ha recuperado predios que habían sido invadidos, y ha construido diques en sectores que se inundaban en temporada invernal, como Bosa, Kennedy y cerca de la Universidad de la Sabana.
No obstante, a pesar de los trabajos y del plan por tener la infraestructura para recuperar el río, nada será suficiente si no se logra superar el principal problema: el desinterés de los ciudadanos por conservar el afluente. Aunque han sido muchos los llamados, se siguen encontrando en los alrededores de la cuenca acumulación de basuras y hasta carros abandonados.
Esto se suma a la falta de coordinación de las entidades regionales. Según ha advertido Camacol, a la fecha, por ejemplo, no hay unanimidad entre los Pomca (Plan de Ordenamiento y Manejo de la Cuenca Acuática) regionales. “Su actualización es un reto para los actores urbanos y ambientales, ya que es un instrumento con la fuerza necesaria para establecer lineamientos, desde el orden regional, acordes con la realidad del río”, señaló la gerente de Camacol.
Además, no han prosperado los planes de construcción y sostenimiento de otras plantas de tratamiento (PTAR) en algunos municipios, principalmente, porque su mantenimiento lo debe pagar la comunidad y no existen políticas que los obliguen a hacerlo. Ante esto, según Maurice Bernard, director de la Agencia Francesa de Desarrollo, más allá de impulsar nuevas plantas de tratamiento, es necesario que el Distrito incluya en sus planes el endurecimiento de la regulación que prohibe arrojar desechos al río, como una manera de frenar la acción de muchas industrias, que son las principales contaminantes del afluente.
El camino para recuperar el río Bogotá ya está trazado. Por ahora, mientras la ampliación de la PTAR Salitre avanza, el siguiente esfuerzo se concentrará en sacar adelante la licitación para la construcción de la PTAR Canoas, indispensable para tratar las aguas negras en el sur. Sin embargo, algo esencial para el éxito de este trabajo será contar con un mayor compromiso ciudadano, pues todos coinciden en que si no hay interés, no se logrará llegar a grandes resultados.