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Los desacuerdos por la vía Perimetral de Oriente

Pobladores de Choachí están preocupados por los efectos de la obra sobre el agua y los bosques nativos. La Agencia Nacional de Infraestructura argumenta que el manejo ambiental será adecuado.

25 de diciembre de 2015 - 08:00 p. m.
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Sigue generando polémica la construcción de la vía Perimetral de Oriente, una autopista 4G que tendrá 153 kilómetros y pasará por los municipios de Cáqueza, Ubaque, La Calera, Guasca, Sopó, Briceño y Choachí. En lo que respecta a la variante que atravesará esta última población, los vecinos tienen un mar de dudas. En una reunión que se hizo esta semana entre la alcaldía, la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI), el contratista, la interventoría, la veeduría ciudadana y propietarios de predios que tienen aguas termales, algunos pobladores de ese municipio del oriente de Cundinamarca aseguraron que la obra afectará sus fuentes hídricas y las aguas termales.

La ANI no descarta modificar levemente el trazado de la vía, pero asegura que el proyecto cuenta con los avales necesarios para empezar y que, cuando termine, traerá desarrollo económico a toda la región del oriente del departamento.

La avenida Perimetral del Oriente es un proyecto que la ANI construirá por medio de una concesión, con el fin de evitar que el tráfico vehicular que entra y sale desde Bogotá a ciudades como Villavicencio y otras del oriente del país sature la avenida Boyacá o la Caracas.

La variante de Choachí hace parte de ese proyecto y pretende unir la vía Fómeque–La Calera sin pasar por el área urbana de ese municipio. De acuerdo con auto que expidió la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA), esta vía será una calzada sencilla, con un carril por sentido.

Después de más de cinco años de planeación, todo parecía listo para empezar. Sin embargo, habitantes de Choachí no están a gusto con el trazado. La razón: el posible impacto ambiental que generará la obra.

Una inquietud de la comunidad tiene que ver con los estudios que soportan el trazado de la carretera, pues no entienden por qué la variante de Choachí rodeará el casco urbano por su parte más alta.

Luis Fernando Andrade, presidente de la ANI, responde que contemplaron tres trazados: el primero pasaba por la parte alta del casco urbano, cerca a los bosques de la cordillera; el segundo, por la parte baja del municipio, sobre el río Blanco; y el tercero, por la mitad del casco urbano. Si ejecutaban cualquiera de los dos últimos obligarían a que el tráfico que llegara o saliera de Bogotá pasara por la mitad del municipio, lo que ocasionaría serios daños. Además, el río se vería afectado por la calzada. “Le presentamos las tres opciones a la ANLA, y eligió la primera”.

Gerard Ochoa, vocero de la comunidad, dice que otro temor es que las obras afecten las aguas termales de Santa Mónica, ya que la mayoría de los pobladores vive del turismo que genera esa atracción natural.

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Es el caso del Hotel Santa Mónica, empresa que lleva 23 años en la familia de Luz Antonina Rincón. Ella cree que no le servirá de nada tener cerca de su establecimiento esta vía, que es de las denominadas 4G, si las obras afectan las piscinas. “La atracción principal, por la que llegan al local 2.000 turistas cada mes, son las aguas termales. Si nos quitan eso, nos dejan sin trabajo”.

Andrade responde que la vía no tapará las piscinas: “Hoy las termales están a 400 o 500 metros de la vía La Calera-Choachí. Al pavimentarla sólo se ensancharían cinco metros (2,5 metros a cada lado) así que no pasará cerca a las termales. La ley prohíbe que una vía se construya a menos de 100 metros de un nacimiento de agua”.

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Los pobladores, además, no sólo están preocupados por la cercanía de la vía a sus recursos naturales. También argumentan que podría afectar el casco urbano del municipio. Según los planos del proyecto, la avenida se construiría a 200 metros de la zona urbana, pero este cálculo fue hecho con base en el Estudio de Ordenamiento Territorial del municipio, documento que no está al día con el crecimiento real de la población, explica Martha Espinel, líder comunitaria y dueña de un hotel en Choachí.

A esto, el presidente de la ANI responde que la normatividad les exige evaluar las herramientas de ordenamiento territorial existentes. “Si la herramienta no está actualizada, es responsabilidad directa del municipio”, advierte. Además explicó que la vía no puede hacerse tan arriba en la montaña, pues ahí sí se afectarían recursos naturales, específicamente el bosque nativo.

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Después de la reunión celebrada esta semana, la ANI se comprometió a realizar estudios sobre el impacto de la vía en las aguas termales para tomar una decisión definitiva sobre el trazado. Andrade concluye: “Uno no puede hacer una vía nueva sin cambiar nada. Lo importante es que esos cambios sean debidamente discutidos y hechos con cuidado”. Eso es lo que espera la comunidad.

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