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Los peros del Humboldt a la intervención de la Van der Hammen

Aunque el informe resalta el diseño paisajístico funcional del proyecto de la Alcaldía, al combinar diferentes usos de suelo, asegura que no está claro el impacto ambiental a mediano y largo plazo.

El Distrito presentó en abril la solicitud de intervención de la Reserva Van der Hammen a la CAR. / Cristian Garavito – El Espectador
Foto: Cristian Garavito / El Espectador
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Se abre un nuevo capítulo en la discusión alrededor de la Reserva Van der Hammen. Luego de que la magistrada Nelly Villamizar reversara su decisión, en la que le ordenaba a la CAR aprobar el proyecto de intervención que presentó el Distrito, se suma al debate el Instituto Humboldt, con un informe en el que analiza la propuesta que actualmente discute el consejo directivo de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca. El informe, de seis capítulos, desglosa cada una de las solicitudes de recategorizar, realinderar y sustraer parte de la reserva, para dar al final sus conclusiones.

Por un lado, asegura que, de implementarse el proyecto como está planteado, se daría un avance en el diseño de paisajes funcionales, al combinar diferentes usos de suelo en la Van der Hammen. Sin embargo, hace una serie de observaciones al Plan de Manejo Ambiental (PMA) y expone dudas sobre los efectos que tendría a largo plazo en los procesos de conectividad entre los cerros y la sabana.

Al respecto, Juan Camilo González, gerente de Ciudad Norte, asegura que el concepto fue solicitado por el Distrito para mejorar la propuesta presentada a la CAR y agrega que ya se están haciendo algunos de los ajustes propuestos por la entidad.

Las observaciones

El análisis del Instituto Humboldt se basó en cuatro objetivos planteados por la Alcaldía. El primero corresponde a la conservación de las especies de flora y fauna representativas de la altiplanicie bogotana. Al respecto, el informe recomienda incluir las evaluaciones del estado de las poblaciones propias de la reserva, así como identificar los mecanismos que se usan para su preservación, ya que en el programa establecido se generalizaron las especies de la región. Según González, el Distrito enfocará su trabajo en la protección del chamicero, la margarita del pantano y una variedad de las aves monjitas.

El segundo punto evalúa la conectividad entre los cerros y el río Bogotá. Aunque el Humboldt resalta la necesidad de integrar paisajes funcionales, cree pertinente evaluar los modelos de ocupación, “los requerimientos constitucionales para la protección de suelos, los tipos de beneficiarios de los servicios ecosistémicos, el valor arqueológico e histórico del uso del territorio y aspectos complementarios como el agropecuario”.

Advierte, además, que en la reserva existen suelos con vocación agrícola de tipo II y III, que son los más fértiles de toda la sabana de Bogotá, en los que habría planes de urbanización, por lo que pide profundizar en la forma como se sopesarán estos terrenos, dado que en el estudio Crecimiento y evolución de la huella urbana para los municipios del área Bogotá región se especifica que no hay otros con condiciones similares en Bogotá.

En cuanto a las comunidades, el instituto pide segregar el estudio socioeconómico de las poblaciones que habitan la región, ya que las condiciones son variables y existen instituciones educativas, clubes y viviendas privadas, pero también zonas rurales campesinas, que obligarían al Distrito a especificar “los espacios de uso agropecuario, las áreas de reconstrucción de sistemas muisca de manejo de humedales o espacios de recreación, educación o uso institucional”.

Pero quizás una de las observaciones más relevantes es la que tiene que ver con el PMA. El Humboldt dice que, si bien uno de los argumentos para pedir la realinderación de la reserva es que no se ha ejecutado el Plan de Manejo Ambiental creado hace cuatro años, con el actual proyecto tampoco está claro cómo entrarían a ejecutarlo y cómo garantizarían su puesta en marcha.

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Por último, solicita priorizar un análisis adicional sobre la conectividad funcional y la influencia de la infraestructura que la rodea y, de paso, incluir a otras entidades nacionales, como el Ideam, el IGAC, la academia y la sociedad civil para complementar el diseño de los paisajes de la sabana.

En respuesta a estas sugerencias, el gerente de Ciudad Norte señaló que la administración se alista para incluir algunas de ellas en la propuesta que presentó a la CAR. En el caso de las observaciones hechas al PMA, se incluirán solo si se aprueba la intervención.

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No obstante, en una última carta enviada a la Secretaría de Planeación, la directora del Instituto Humboldt, Brigitte Baptiste, señala que, a pesar de todo esto, ellos no cuentan con “la información suficiente para definir la bondad de uno u otro modelo de intervención”, ni la capacidad de analizar de manera rigurosa los temas no ambientales. “Salvo unos estudios puntuales del pasado, no contamos con el conocimiento para ello y la propuesta de los consultores de la Alcaldía se queda corta en su tratamiento”. Para finalizar, la funcionaria ofrece su apoyo para incluir las observaciones ambientales que se dieron en el concepto.

Por ahora, la decisión sigue en manos del consejo directivo de la CAR, que continúa analizando el proceso de sustracción, mientras se definen los cronogramas de las otras dos solicitudes. Este concepto también fue solicitado por la CAR, por lo que es innegable que sus apreciaciones serán definitivas para la decisión que se tome en los próximos meses.

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