A principios de los años 80, cuando todavía estaba joven la transición de la dictadura a la democracia, un grupo grande de docentes en España fundó un movimiento al que decidió bautizar como Educación para la paz. La idea principal de la empresa era utilizar el teatro y la música para intentar borrar la memoria del autoritarismo que influía en los estudiantes por culpa de la familia, de los medios de comunicación o simplemente de la costumbre. Después de todo, habían sido cuatro décadas de un aleccionamiento que empezaba desde tempranas edades a través de cartillas en las que podían leerse frases como: “¿Qué es el caudillo? Es el jefe bueno y valeroso que dirige y guía a España” y “¿Qué haré yo por el caudillo? Le amaré como él me ama; le alabaré como merece”.
La campaña dio sus frutos con un movimiento teatral y musical juvenil hasta entonces sin precedentes y con muchachos más autónomos a la hora de tomar sus decisiones. De esa manera relata la historia el politólogo y economista Carlos José Herrera Jaramillo, recientemente posesionado como nuevo Secretario de Educación del Distrito, quien decide usarla como introducción para contar la estrategia que, asegura, utilizará con el fin de combatir la violencia en los colegios de Bogotá, uno de los principales retos que enfrenta su administración.
Aunque Herrera prefiere no precisar un número, pues en su concepto sería “muy injusto con todos los colegios”, la Secretaría de Educación anunció este año que son cerca de 60 las instituciones educativas públicas de la capital en las que se presentan problemas de violencia en un alto grado.
El nuevo Secretario, doctor y profesor en resolución de conflictos y fundador de la maestría en estudios de paz y desarrollo de la Universidad de Pamplona, Norte de Santander, tiene su explicación del asunto: “La mano de obra cesante de algunos grupos paramilitares, las actividades mafiosas en torno a la prostitución, los impuestos a las rutas de buses en la periferia y a la venta de droga… penetran en las escuelas. Es muy conocido que los colegios son los escenarios favoritos de los delincuentes para promover el consumo de sustancias ilícitas, por eso debemos blindarlos”.
Y en este punto retoma el relato de España: “Debemos blindarlos con arte, con nuevos manuales de convivencia donde se necesite, con mesas de diálogo. No es cuestión de tallercitos, sino de procesos que tienen que ser vivos”.
Un reto de marca mayor que se suma a otros como el impulso a más calidad educativa, a mejor infraestructura y a mayores oportunidades de acceso al preescolar y a la educación superior.
Por coyuntura, no obstante, el desafío inmediato es bajar las aguas en una de las secretarías de la administración distrital donde más escándalos se han generado —el secretario anterior, Abel Rodríguez, renunció en medio de una polémica por supuestas irregularidades en la compra de un predio para un colegio, hecho por el que están siendo investigados varios funcionarios de la entidad—.
“Lo que nosotros vamos a hacer para ajustar cuentas en el tema de la mala imagen es muy sencillo: vamos a reivindicar que la inmensa mayoría aquí es honesta y a abrir las puertas a los entes de control”, explica Herrera, quien llega a su cargo proveniente de la Secretaría de Movilidad, en la que trabajó como subsecretario de Política Sectorial. Antes había tomado parte de la administración de Lucho Garzón como subsecretario de Convivencia y Seguridad Ciudadana.