“Usted debería hacer una nota sobre la avenida 68. Tiene muchos hundimientos. Parece un tobogán de Melgar. Varios compañeros se han accidentado y nadie hace nada”, me dijo alguna vez un taxista. Tras la coyuntura del cráter que se abrió en la avenida Boyacá, es la oportunidad para responder a sus dudas.
Los hundimientos y desniveles en las vías, no tan protagonistas como los huecos de toda la vida, también representan un peligro para conductores y peatones. Incluso, se podría decir que un riesgo mayor, si se tiene en cuenta que no se notan a simple vista. En otras palabras, y para que se haga una idea, es un tramo pavimentado que sólo se nota cuando el carro se sacude y parece despegar del suelo.
La avenida 68, en diferentes tramos; la calle 80, y la avenida 19 con calle 127 son algunos ejemplos de los toboganes viales que existen en Bogotá. Pero antes de buscar responsables hay que aclarar que, en gran parte, esto se debe a fenómenos naturales y el trabajo del Distrito se limita en arreglar lo que la madre tierra intenta recuperar. Eso sí, un mantenimiento preventivo ayudaría a mitigar las fallas.
Marta Lucía Calvache, directora técnica de geoamenazas del Servicio Geológico Colombiano, explica por qué se presentan estos hundimientos en Bogotá. Asegura que es muy difícil evitarlos, porque la fuerza de la tierra, evidentemente, siempre superará cualquier trabajo del hombre, por mejor hecho que esté. Sin embargo, recalca que sí se pueden tomar medidas que ayuden a ralentizar el proceso.
“Hay varias razones, pero, sin ninguna duda, la principal es que Bogotá está construida en un relleno y gran parte de su terreno es arena, turba y arcilla. La densidad de estos materiales depende de la cantidad de agua: cuando hay poca, la tierra se comprime, y cuando hay mucha, se expande, no importa lo que esté construido encima”, indicó Calvache.
Los sismos y la vegetación también influyen en la aparición de hundimientos. La directora técnica de geoamenazas informó que, cuando ocurre un sismo, el subsuelo se reacomoda por el movimiento e impacta la estabilidad de la superficie. Mientras tanto, en lo referente a la vegetación, dijo que las raíces de algunos árboles y la absorción de agua también influyen en la aparición de desniveles.
Las declaraciones de Calvache las respalda la directora del departamento de Ingeniería Civil y Agrícola de la Universidad Nacional, Cárol Andrea Murillo, quien añadió que otra de las causas de los hundimientos se debe a que las vías de la ciudad, en su mayoría, fueron pensadas y construidas hace muchos años para un número determinado de vehículos, y éste ha sobrepasado su capacidad. Hoy se calcula que entre carros particulares, de transporte público y motos, por Bogotá, circulan casi 2,7 millones de automotores.
Según explica Murillo, cuando se construyeron la mayoría de avenidas y calles no se contaba con la tecnología y los estudios necesarios para evitar este tipo de fallas. Sin embargo, hoy la realidad es otra y las nuevas vías, así como las ya deterioradas, se deben construir con requerimientos técnicos que impidan nuevos hundimientos.
“Son muchos los factores que influyen. Claramente la humedad del suelo arcilloso de Bogotá influye en el hundimiento, pero también la falta de mantenimiento y proyección frente al crecimiento de la ciudad y el número de carros. Aislando la vegetación y con un buen mantenimiento periódico se pueden evitar. Estos desniveles no se forman de la noche a la mañana, al menos de que sea por la ruptura de una tubería (como ocurrió en la avenida Boyacá)”, finalizó.
Sobre este tema, el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) indicó que desde 2016 se han intervenido varios desniveles en diferentes puntos. Asimismo, indicó que entre los 90.000 huecos que la administración se comprometió a tapar este año, se contemplan algunos hundimientos ubicados en importantes corredores viales. A parte, asegura el IDU, se contrataron cinco brigadas para revisar, evaluar y atender este tipo de daños.
Teniendo claros los motivos por los cuales algunas vías de Bogotá presentan hundimientos, resulta difícil encontrar una solución definitiva, más allá de la prevención y los estudios precisos desde el diseño y la construcción.
La tierra respira y el pavimento se mueve según su voluntad. El reto para el Distrito es identificar estas fallas e intervenirlas, pues, finalmente, al igual que los huecos, también ponen en riesgo las vidas de los bogotanos.