Recibir la ceniza, según lo explicado por el monseñor Elkin Fernando Álvarez Botero, es un gesto que indica reconocimiento de la fragilidad humana, “que sin la gracia de Dios no nos podemos sostener”. De esta forma, la iglesia católica inicia la cuaresma, que son cuarenta días de preparación para la celebración de la Semana Santa. Aquí se practican actividades como la oración y el ayuno.
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Para este año, en el que el mundo continúa atravesando por una pandemia, desde Roma se indicó que la ceniza no debería marcarse con una cruz en la frente, como habitualmente se hace, sino echando un poco en la cabeza de los devotos.
Este cambio no tiene mayores implicaciones, de hecho, se apega más a las señales de duelo o arrepentimiento que solían hacer los judíos en el Antiguo Testamento, así como el rasgarse los vestidos.
Hay que recordar que por el Covid-19 se deben respetar ciertas medidas de bioseguridad, como el uso obligatorio del tapabocas, el distanciamiento social y el celebrar este acto en ambientes ventilados. Incluso, para temas de control de aforo, hay iglesias que mantendrán sus puertas abiertas durante todo el día, como lo es la Catedral de San Pedro, en Bogotá.
Para quienes no pueden movilizarse, porque tienen COVID-19, porque son adultos mayores o porque tienen comorbilidades, se recomienda participar de la celebración mediante los medios digitales de las diferentes congregaciones.
En Bogotá, las iglesias católicas, cristianas o auditorios de otras religiones continúan con su proceso de reactivación, manteniendo un aforo limitado, respetando el distanciamiento social y el uso permanente del tapabocas.