Camilo Fidel López, artista del colectivo Vértigo Graffiti, se despertó con una idea que no ha podido sacar de su cabeza: “Regresaron los policías que disparan y reprimen; los mismos que mataron a Diego Felipe Becerra y luego acompañaron a Justin Bieber a pintar un grafiti en la 26”. La indignación no es sólo suya. Miles de grafiteros están convocando una jornada para “tomarse la 26” en la tarde de hoy y mañana.
Todo por cuenta de los trabajos de “limpieza” de grafitis que ha realizado la Policía en la calle 26. Empezaron el lunes pasado, pintando sigilosamente los muros de la calle con un color café grisáceo. Cuando la transformación del paisaje fue evidente, los grafiteros acudieron a la Secretaría de Cultura, entidad que desconocía la intervención.
El coronel Juan Carlos Vargas, comandante operativo de la Policía, asumió la vocería de la intervención: “Hay algunas pinturas que han hecho en estos sectores, que no se pueden considerar grafitis; no tienen una forma muy profesional, sino al contrario, tienen palabras inadecuadas”, dijo el oficial en Blu Radio. Por su parte, el director de la Policía, general Rodolfo Palomino, complementó a través de su cuenta de Twitter: “Entornos limpios son entornos seguros, campaña que comienza en Bogotá. Pedimos a ciudadanos que se unan a la iniciativa”.
Las palabras del general no fueron bien recibidas en el Distrito. Clarisa Ruiz, secretaria de Cultura, le dijo a este diario que “la Alcaldía no coordinó nada de lo que está sucediendo con la Policía. De hecho, la Policía Metropolitana no es la directamente responsable, sino el general Palomino, pues fue él, al parecer, quien tomó esas decisiones. El Gobierno Nacional no puede darle órdenes a la Policía de Bogotá y dañar un proceso de concertación que estábamos llevando con grafiteros y policías”.
Justamente por estos días, 100 grafiteros y 38 policías de Bogotá estaban tomando un curso de convivencia, en el Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional. El objetivo de la Secretaría consistía, o consiste (pues no se sabe aún si el proceso va a continuar) en acercar a policías y grafiteros para buscar un acuerdo. El panorama parecía alentador: en 2013, ambas partes concertaron el decreto 75 de 2013, que definía los lugares aptos para grafitis y las condiciones para pintarlos.
“Todo eso se vino al piso. Vamos a tomarnos la 26. Sabemos que probablemente tengamos problemas con la Policía, pero vamos a continuar. Nosotros recuperamos espacios vitales, no somos ningunos delincuentes como nos han querido ver en los últimos días”, dice Pacheco MC, grafitero. Agrega 3D, artista que dibuja realismo en la calle, que “estábamos cambiando un poco nuestra percepción, porque nos habían dado espacios para volver a pintar. Otra vez volvieron a lo mismo y por eso reclamaremos nuestros muros”.
Tampoco son optimistas las palabras de Andrés Idárraga, director de derechos humanos de la Secretaría de Gobierno: “Es algo muy curioso. Según el Código de la Policía, los patrulleros deberían ubicar a las personas que se encuentran en estado de vulnerabilidad (alguien en estado de embriaguez, por ejemplo) y llevarlos a su domicilio, no a una UPJ. Cuando les dijimos esto, nos respondieron: nosotros no somos taxistas. Ahora resulta que se volvieron pintores. Y pintan pasando por encima de un proceso de tres años de concertación con los grafiteros”.
La protesta de los artistas también busca que las corridas de toros no regresen a la capital. Aunque en la Alcaldía no se han pronunciado al respecto, lo cierto es que en 2014 estará cerrada por las obras de reforzamiento estructural que adelanta el Institudo Distrital de Patrimonio.
Nadie puede asegurar qué va a ocurrir con la mesa distrital de grafiti después de este episodio. Por ahora, dice Camilo Fidel López: “¿Para qué sirve la mesa distrital, si la Policía se la está saltando? ¿Para qué estamos ahí?”.
svalenzuela@elespectador.com
@santiagov72