Eran las 4:00 p.m. del pasado jueves cuando Carmenza López, esposa de Guillermo Leal Mariño —edil de Sumapaz secuestrado el pasado 15 de noviembre— recibió la visita de un familiar que le aseguraba tener noticias de su marido. Hasta el momento no había ni una sola pista del paradero de Leal. Sólo se sabía, por informes del comandante de la Brigada 13 del Ejército, general Luis Eduardo Pérez, que los supuestos responsables podrían haber sido integrantes del frente 53 de las Farc.
El pariente de Carmenza le explicó que ese jueves, minutos después de las 6:00 a.m., dos hombres que dijeron ser guerrilleros arribaron a su casa. Le dijeron que ellos sabían dónde estaba el cuerpo de Guillermo Leal y le pusieron una cita en un puente ubicado en el Rincón de las Ánimas, la misma vereda donde desaparecieron al edil.
“Entonces él llegó hasta el puente y allá lo estaban esperando esos hombres. Luego comenzaron a caminar, adentrándose por el monte, por caminos de herradura”, cuenta doña Carmenza, con un tono tranquilo y apacible. El recorrido se alargó por un poco más de una hora y media. Después de ese tiempo llegaron a un sitio plagado de árboles y arbustos enredados. La neblina cubría todo el horizonte. Uno de los hombres le dijo al familiar de Leal, mientras señalaba un bulto que estaba a unos dos metros de distancia: “Ese es su patrón. Avísele a la familia y dígales que vengan a recogerlo”. Ni siquiera le dejaron ver el cuerpo; sólo un saco sucio en el que supuestamente estaba el cadáver del edil.
Esa fue la historia que le contó aterrorizado su familiar. Doña Carmenza acababa de recoger a sus tres hijos —los mellizos Julián y Nicolás, de 8 años, y Sergio, de 13— en un parque, estaban en una jornada de vacaciones recreativas. “Fue terrible escuchar la noticia. Inmediatamente llamé a la Policía”. En esa llamada le pidieron que no se desplazara a aquel lugar, que era un campo minado y que seguramente le estaban tendiendo una trampa.
Ahora la investigación está en manos del Gaula y la Fiscalía. Carlos Amortegui, del Gaula, explicó que hasta el momento, “no se ha logrado la recuperación del cuerpo o lo que se supone es el cuerpo. No se ha podido ingresar, es una zona muy delicada. No se tiene la certeza de que sea un cuerpo humano o un paquete o una trampa. Lo que sí se sabe, por labores de inteligencia, es que en ese territorio hace presencia el frente 53 de las Farc”. Según Amortegui, hasta ayer ni siquiera el Ejército había podido ingresar a la zona para asegurarla y permitir la entrada de la comisión judicial.
El concejal Jaime Caycedo Turriago, del Polo Democrático, ha sido uno de los primeros en denunciar el caso. En el momento del secuestro, Turriago aseguró de forma enérgica que: “Entrar o salir de Sumapaz es prácticamente imposible sin que las unidades militares no lo noten, hecho que me lleva a cuestionar cuál es el papel y el resultado real de la seguridad democrática en esa localidad”. Ahora el concejal dice que la bancada del Polo está preparando un foro de Derechos Humanos en esta localidad, “en el que la comunidad podrá expresarse, hablar sobre el tema de la vulneración a sus derechos, de las desapariciones que han golpeado tanto a la localidad; que se pueda replantear el tema de la militarización extrema y que se exploren otros caminos de convivencia. En Sumapaz se calcula que hay tres militares por cada habitante”.
La espera de doña Carmenza continúa. Ella sigue aferrada a la ilusión de que en ese talego no esté el cuerpo de su esposo. “Ojalá no sea Guillermo. No importa donde esté, mientras siga vivo”.