Bogotá suele ser experta en enredarse en sus propios pies. Mientras ciudades referentes en la región protegen su institucionalidad pública como un motor de desarrollo, aquí parecemos dispuestos a permitir que los nudos jurídicos asfixien a La Rolita, nuestra Operadora Distrital de Transporte (ODT).
La reciente adjudicación del TransMiCable de Ciudad Bolívar a un operador privado por los próximos diez años no es solo un trámite administrativo; es un campanazo de alerta sobre la desidia política que rodea a uno de los proyectos más exitosos de la ciudad en la última década.
Por cuenta de un tecnicismo en su creación, la operadora pública se quedó fuera de la competencia en un sistema que ella misma operaba con indicadores de excelencia. El reto ahora es subsanarlo con urgencia para que Bogotá no pierda una herramienta estratégica que le pertenece a la ciudadanía.
Hasta ahora, el silencio del Palacio de Liévano y la parsimonia del Concejo de Bogotá frente a este tema son una falla directa hacia los bogotanos. Es hora de que le hablen claro a la ciudad: ¿quieren salvar a la empresa o la van a dejar morir por inanición jurídica?
Hablemos de los resultados operativos y financieros, que son los que deberían dictar la política pública. La Rolita no es un experimento ni un capricho ideológico; es una empresa que ya demostró sostenibilidad fiscal, eficiencia operativa y una rentabilidad envidiable.
Los datos son contundentes y difícilmente igualables por otros operadores: cerró el 2024 con un EBITDA del 14% y utilidades netas superiores a los $10.000 millones. Para 2025, la utilidad operacional escaló por encima de los COP11.000 millones. En un sector donde el déficit suele ser la norma y el Fondo de Estabilización Tarifaria (FET) es una preocupación constante, tener una operadora que genera excedentes y se autofinancia es, sencillamente, un activo que cualquier administración sensata debería potenciar y expandir.
Pero el valor de La Rolita va más allá del balance contable. La importancia de contar con un operador público robusto radica en la soberanía de la información y el control del servicio. Un sistema mixto le permite al Distrito conocer los costos reales de la operación “desde adentro”, eliminando la asimetría de información frente a los operadores privados. Esto le da a la ciudad mayor capacidad de negociación, flexibilidad absoluta ante contingencias y, sobre todo, la posibilidad de reinvertir las utilidades en la misma comunidad.
En términos de impacto social, ha sido el laboratorio más exitoso de inclusión real. Hoy, el 63% de su personal operativo son mujeres, en su mayoría madres cabeza de familia de estratos 1 y 2 que pasaron de la informalidad a certificarse como técnicas en electromovilidad. Hablamos de autonomía económica y dignidad laboral en las zonas donde más se necesita, como Bosa, Kennedy o Ciudad Bolívar. A esto se suma el componente ambiental: con una flota de 195 buses 100% eléctricos, la ODT ha evitado la emisión de más de 2 millones de toneladas de CO2, liderando con el ejemplo la transición energética.
La pelota está en la cancha del Alcalde y el Concejo, y el tiempo se agota.
No podemos permitir que este logro se desdibuje por falta de gestión. Subsanar la situación jurídica de La Rolita en el Concejo de Bogotá no es un favor a un gobierno anterior; es una obligación con el patrimonio público. Hasta ahora, el Concejo le ha fallado a la ciudad al no priorizar este trámite, y la Alcaldía ha fallado al no liderar con contundencia la defensa de su propia operadora.
¿Cuál es el interés detrás de no corregir un error de forma que ya conocemos?
Medellín lo logró hace décadas con su Metro y Cables y hoy su modelo es orgullo nacional y referente internacional. Bogotá tiene hoy la misma oportunidad de consolidar una empresa pública moderna, técnica y socialmente transformadora. Dejar a La Rolita en el limbo es fallarle a las 400 mujeres que hoy tienen un empleo digno y tirar por la borda una de las pocas victorias reales en movilidad.
Alcalde, es el momento de liderar la solución. La ciudad ya hizo lo más difícil, que fue ponerla a andar y hacerla rentable; ahora les toca a ustedes evitar que la negligencia política se convierta en el epitafio de una empresa que funciona.