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Opinión: Tecnología para la seguridad, una promesa incumplida

El uso efectivo de la tecnología para mejorar la seguridad ciudadana necesita la superación previa de los obstáculos que bloquean su aplicación.

02 de noviembre de 2021 - 01:56 p. m.
En Bogotá ha fracasado en varias oportunidades el plan de tener cámaras de seguridad con reconocimiento facial, como parte de la estrategia de seguridad. (Imagen de referencia).
Foto: Pixabay
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En la última década los dispositivos electrónicos y la gestión de datos se convirtieron en herramientas esenciales para la vida cotidiana. Su posicionamiento vino de la mano de la oferta de mejorar significativamente la calidad, confiabilidad y oportunidad de los servicios que los individuos demandan permanentemente.

En Colombia dicha oferta de modernización aún está lejos de hacerse realidad. La poca incidencia de la automatización en el bienestar de los individuos puede estar cimentando el sentimiento general de desconfianza que se aprecia en las encuestas que toman el pulso a la Nación.

Uno de los grandes afectados de esta situación es la gestión de la seguridad urbana. La incorporación masiva de tecnología y el costo financiero que esto representa para la sociedad no se traduce en mayor aplicación de la ley, confianza institucional y sensación de seguridad para los ciudadanos. Mucho menos en el cierre de espacios para los criminales.

Son varias las razones para que la tecnología aplicada a la seguridad ciudadana no haya dado los resultados esperados. La más importante es la incapacidad de verla como un engranaje que se integra en un sistema y no como una solución en sí misma. De otro lado, está el entendimiento de la tecnología como un fin, no como un medio.

Esto ha conducido a adquirir equipos o sistemas que no están soportados en el personal, las normas, los procesos y la infraestructura necesaria para su aprovechamiento. Peor aún, a decidir su adquisición sin un análisis de funcionalidad, cultura institucional y ciudadana o tan solo de compatibilidad normativa.

Lo anterior es de la mayor importancia dadas las restricciones estructurales existentes para la innovación tecnológica. En su informe sobre tecnología e innovación de 2021, la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo -UNCTAD- determinó que Colombia es el número 78 de 158 países respecto al grado de alistamiento para la aplicación de tecnologías de frontera.

Otro desafío que enfrenta la aplicación de herramientas tecnológicas para la seguridad es la oferta y calidad de la información disponible para su uso en la solución de problemas reales.

La información es un ingrediente clave para entender los desafíos a la seguridad, aislarlos, atenderlos y resolverlos. Asimismo, contiene las claves que permiten definir el esfuerzo institucional y social necesario para el desarrollo de las capacidades que permitan hacerles frente y derrotarlos. Información de baja calidad se traduce generalmente en acciones de poca efectividad.

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Es así como la insuficiente oferta y baja calidad en la información sobre seguridad -desde las capacidades hasta las características particulares de víctimas, victimarios y entornos de inseguridad- asegura que la integración tecnológica para respuestas operacionales esté lejos de dar resultados concluyentes.

Siendo tecnologías e información elementos simbióticos, sorprende la ausencia de una conversación crítica y permanente sobre procesos de producción de información confiable, robusta y oportuna que alimente de manera sistémica los esfuerzos de innovación y la utilización de máquinas.

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No poner un reflector sobre este asunto ha generado barreras de acceso a los datos, metodologías discordantes, periodicidades variables, restricción de campos de información pública, entre otros problemas que debilitan la gestión de la seguridad. Todos estos motores de impulso del sentimiento de duda y desconfianza de los ciudadanos hacia las instituciones.

La información de seguridad es un bien público, que por fuera de las reservas de ley, sirve a la ciudadanía en general para hacer una mirada crítica de estrategias, planes y políticas. Un ejercicio generalmente visto como indeseable por los funcionarios, que en realidad es un factor de contraste necesario para asegurar una buena gestión de la seguridad.

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La observación pública y privada de la gestión de la seguridad mejora la comprensión del contexto, impulsa el desarrollo de tecnologías disruptivas, ofrece miradas alejadas de su manejo cotidiano y habilita la integración de herramientas de apoyo en entornos localizados. Todo lo anterior capitalizable en términos de confianza ciudadana.

Avanzar hacia una aplicación efectiva de las tecnologías requiere de una conversación sincera sobre la disponibilidad de información en la que quede atrás la visión de rendición de cuentas para avanzar hacia una de construcción de seguimiento, monitoreo y evaluación.

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En ese sentido, tanto el gobierno nacional como el distrital tienen la tarea de poner al servicio de los ciudadanos una plataforma abierta que integre y ofrezca datos sobre la gestión integral de la seguridad, que privilegie las necesidades del ciudadano, honre las restricciones de ley y promueva la innovación para la seguridad, garantizando así información de calidad que permita sacar provecho de las nuevas tecnologías.

Impulsar el cumplimiento de la promesa tecnológica puede ayudar a la redención de una democracia maltrecha. Aplicarlo a la seguridad ofrece una base solida para promover su protección.

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