Si mañana hubiera un terremoto, algunas partes de la ciudad quedarían devastadas. Si mañana temblara, probablemente sobrevivirían los altos edificios de la calle 72 y otros varios construidos después de 1998, cuando se implementó el código de construcción sismorresistente. Si mañana hubiera un sismo, alguna parte de los edificios antiguos de la ciudad, aquellas construcciones que llevan el desarrollo histórico de la capital a cuestas, levantadas con adobe, tapia pisada, madera y ladrillos viejos, podrían venirse abajo. Entonces, barrios como La Candelaria, algunos sectores de Teusaquillo, entre muchos otros, podrían dejar de ser centros fundacionales para convertirse en museos vivos de una posible tragedia.
Por tal motivo, la Alcaldía, a través del Instituto Distrital de Patrimonio, ha emprendido varios proyectos de reforzamiento estructural de algunos bienes de interés cultural de Bogotá. Están dentro de la lista el teatro Jorge Eliécer Gaitán, motor de la vida cultural y política con los clásicos “Viernes culturales” en los que acogía a la ciudadanía para discutir a Colombia. También la llamada Casa de la Independencia, construida alrededor del año 1637, así como la casa anexa al teatro La Media Torta y que fue en su momento una escuela pública.
El reforzamiento estructural puede no ser una tarea glamorosa como la restauración o la remodelación. Pero no por esto deja de ser necesaria, vital si se quiere. En lo que se refiere a bienes de interés cultural, el procedimiento se torna un tanto más específico. Por tratarse de construcciones antiguas, hechas con materiales que presentan propiedades distintas a los actuales, el refuerzo adquiere una dimensión que en cierta parte es artesanal. “Necesita de mucha creatividad porque se busca no dañar la lógica patrimonial del edificio (disfrazarlo de actualidad), pero darle más resistencia en la eventualidad de un sismo”, afirma María Claudia Vargas, subdirectora de intervención del Instituto.