El teniente Alex Cendales, subcomandante del Cuerpo Élite Antiterrorista (CEAT), lleva siempre un radioteléfono en la mano izquierda, cerca del oído, para seguir los movimientos de los 60 policías que están bajo su mando. Esta vez el operativo es en el sector del Bronx de Bogotá, en la carrera 9 con calle 15. La misión es encontrar armas, drogas, cédulas falsas, todo lo ilegal que esconden esas tres cuadras en forma de J, consideradas hoy el nuevo Cartucho de la ciudad.
Un hombre de cabello mugroso y barba y bozo teñidos de la misma negrura, le grita al teniente: “Les cerraron la frontera de Chávez, y la de Ecuador, muy bueno, por asesinos, por corruptos”. El teniente ignora los gritos, sigue el camino. Siempre con el radio cerca del oído.
“Teniente, a modo de chisme, repito, a modo de chisme, le informo que vinieron a reclamar el cuerpo”, dice una voz gruesa y entrecortada a través del radio. Es un policía del CEAT que está en Medicina Legal cuidando el cuerpo de Raúl Reyes: el canciller de las Farc, el que murió en un campamento ecuatoriano, a 1.850 metros de Colombia, a la 1:30 de la mañana del sábado 1° de marzo, después del bombardeo de dos aviones Supertucano de la Fuerza Aérea Colombiana.
En el operativo del Bronx hay 60 hombres. Los otros 60 que conforman el CEAT están en otros sitios críticos de la ciudad, “en los focos de subversión”, explica el teniente Cendales. En las afueras del Palacio de Nariño, de la Plaza de Bolívar, las embajadas, el Congreso y los barrios de la periferia, están vigilantes los policías del Cuerpo Élite Antiterrorista, que llevan unas boinas verdes con un águila como escudo.
El último operativo en el Bronx fue hace quince días. Fueron en busca de licor adulterado y encontraron más de cien botellas de ron y aguardiente “de marcas rarísimas —como Ron Victorino y Ron Luis Tercero— llenas de mugre, de insectos, que se venden a menos de mil pesos”, dice el teniente Cendales.
Esta vez van en busca de drogas. Pero durante la hora y media del operativo encuentran uniformes militares —“que seguramente cambió algún soldado por vicio”, comenta un policía—, munición para ametralladoras calibre 702, marihuana armada en cigarrillos y también en semilla.
En el edificio de cuatro pisos, oscuro, húmedo y mugroso, donde vive por cinco mil quinientos el día la señora Ana Elvia Obanda con su esposo y cinco hijos, encuentran una pistola gris de juguete, tan plateada, tan pulida, que uno de los policías confiesa que daría toda su plata si lo amenazaran con el “juguete bélico”. Doña Ana vive allí, “por la pobreza, sumercé, uno a un barrio bueno no puede irse”.
En el cuarto pequeño hay tres camas que ocupan casi todo el espacio. A un lado un fogón y un lavaplatos. Esos tres catres son la casa de doña Ana, quien dos veces por mes recibe la misma visita de los mismos uniformados y el resultado siempre es el mismo: en su cuarto nunca encuentran nada. “Yo estoy acostumbrada, porque el que nada debe…”. A los hijos nunca los deja salir solos. Ella los lleva y los trae del colegio. “Con tal de que uno se quede callado, vea lo que vea, no se meten con uno”.
Entre los 120 policías del CEAT hay Comandos Jungla de la Policía Antinarcóticos, Comandos de Operaciones Especiales (COPES), y comandos de grupos contra guerrilla. Ahora, con los enfrentamientos verbales entre Colombia y Venezuela, entre Colombia y Ecuador; con las órdenes del presidente venezolano Hugo Chávez: “Ministro, despliegue diez tropas a la frontera”, y los embajadores de Colombia expulsados de ambos países, los policías del CEAT permanecen vigilantes en la ciudad. “Pasamos revistas constantes, no estamos quietos”.
Un grupo de 60 policías inspecciona el Bronx, excava por las inmundicias de esas tres cuadras, esculca por las casonas viejas y derruidas, exige la identificación al que se atraviesa, “al que luce nervioso, al que se queda mirándonos fijo a los ojos”, cuenta el patrullero Edwin Sierra. Los 60 uniformados se pierden entre los cientos de indigentes, las viejas locas posando a la cámara, los niños aspirando pegante y los durmientes en el asfalto que parecen muertos, inmunes al ruido y al humo de la marihuana y a los policías que pasan sobre ellos.
Mientras los 60 policías antiterroristas del Bronx capturan a dos hombres con orden judicial —uno por hurto agravado y calificado y otro por porte y tráfico de estupefacientes—, incautan dos camuflados del ejército, dos libras de marihuana, 42 armas blancas, tres juguetes bélicos, doce botellas de ron adulterado y 33 cartuchos de ametralladora. A la entrada del Palacio de Nariño y en los otros “puntos críticos” permanece el resto de uniformados de boina, preparados para lo que todos sospechan que algún día va a ocurrir, pero ninguno se atreve a decir en voz alta: “La guerrilla le va a dar al Presidente por donde más le duele: a su familia o a un general”, dice uno de ellos, pidiendo, por supuesto, la reserva de su identidad.
Seguridad en Bogotá
4 Comandos Operativos Especializados: Seccional de Inteligencia de la Policía (SIPOL), policía judicial (SIJIN), Fuerza Disponible y Cuerpo Especial Antiterrorista (CEAT).
24 ESTACIONES.
28 ZONAS SEGURAS.
145 Centros de Atención Inmediata (CAI)
32 CAI MOVILES.
17.227 UNIFORMADOS.