Los más radicales consideran que el cambio será un fracaso y que son más las personas que salen del centro entre 5:00 y 8:00 p.m. que las que entran.
Muchos incluso aseguran que el hecho de eliminar el contraflujo es un capricho más del alcalde Gustavo Petro para incomodar a quienes viven en el norte. Pero, más allá de las percepciones que sólo polarizan a la ciudad, vale decir que el Distrito tiene argumentos de peso que sustentan la decisión. Uno de ellos es beneficiar el transporte público y los miles de ciudadanos que se mueven en los buses en ese horario.
Quienes usan el transporte público de 5:00 a 8:00 p.m. son cerca de 37.000 ciudadanos, mientras que los vehículos particulares sólo llegan a 4.200. La comparación es lo suficientemente poderosa para comprender que es innecesario que quienes van en bus tengan que quedar excluidos de movilizarse por un corredor en el que van muchas menos personas en carro. Siendo optimistas y suponiendo que en cada carro fueran unos cuatro ocupantes, los 4.200 automotores no alcanzarían los 17.000 pasajeros.
Por eso, el objetivo de la Secretaría de Movilidad es que los buses de servicio público aumenten su velocidad y se desplacen a unos 20 kilómetros por hora en promedio, en lugar de hacerlo a 8 km/h, como ocurría en la carrera 13 por el contraflujo. De hecho, el nuevo cambio también favorece al carril preferencial para buses en la carrera 7ª, pues no tenía sentido que no se pudiera usar de 5:00 a 8:00 p.m. y se formara trancón de buses ecológicos y del Sistema Integrado de Transporte Público en la carrera 13.
Otra de las razones detrás de la decisión es reducir la accidentalidad en estas tres horas, pues hubo un aumento del 64% en los atropellos entre 2011 y 2014. Un argumento nada despreciable en una ciudad que se está acostumbrando a la violencia vial.