Víctor Manuel Fernández es dueño de un Nissan Patrol de 1971. Aunque menos apasionado por el tema, su enfoque es más pragmático, habla con cariño de su carro. Lentamente, para no olvidar nada, enumera las reparaciones, tanto de fondo como de forma, que le ha hecho para mantenerlo, según él, “como un lulo”.
De acuerdo con el plan piloto lanzado por el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, la Secretaría de Movilidad y la Secretaría de Ambiente, los automóviles de Fernández y Mosquera son candidatos perfectos para chatarrizarse.
La iniciativa, que se enmarca dentro de otras acciones comprendidas en el Plan de Acción para 2008, pretende estimular a los dueños de carros de modelos antiguos a que, voluntariamente, entreguen sus vehículos para que éstos sean chatarrizados. Este acto, de acuerdo con el ministro de ambiente, Juan Lozano, sería compensado con dinero. Según Lozano, el objetivo de fondo del plan es ayudar al mejoramiento de la calidad del aire en Bogotá: “Esta no es una cruzada contra el carro particular, sino un estímulo para limpiar el aire de la ciudad.”
La otra historia
Sin embargo, el proyecto deja algunas dudas. De acuerdo con el ministro, una revisión del parque automotor de la ciudad permitió identificar que hay “entre 60 y 70 mil vehículos abandonados en parqueaderos, solares, lotes, talleres, andenes y calles que podrían ser objeto de chatarrización”.
Si el objeto del esquema propuesto es colaborar con el medio ambiente, algunos se preguntan: ¿por qué chatarrizar carros que no están en circulación? ¿Cómo contamina el aire un automotor que no se prende?
De la misma forma, el funcionario público explicó que dentro de los beneficios que se brindarán a los propietarios que entreguen voluntariamente su carro para que sea chatarrizado está la condonación de los impuestos atrasados, puesto que el Chevrolet modelo 1955 de Ernesto Mosquera paga al año, por concepto de impuestos, $30.000. Por su parte, Víctor Manuel Fernández debe pagar al Distrito algo más de $400.000 por su Nissan Patrol de 1971.
Sin contar los intereses, que en el caso del Chevrolet 1955 suman, en tres años, $190.000, Mosquera debe dejar de pagar impuestos durante 666 años para que el valor del carro sea igual al valor adeudado en impuestos. Esto se deduce del hecho de que su automóvil puede ser vendido a un coleccionista que, según los cálculos del dueño, puede pagar $20.000.000.
Ahora bien, considerando estas cifras, la pregunta que algunos se harían es: ¿sí hay un número significativo de personas que de verdad se beneficien al entregar su carro para que se convierta en chatarra?
Por otro lado, de acuerdo con Fanny Sojet, quien es la gerente comercial de Hego Gnv Ltda., una empresa que realiza la conversión de gasolina a gas para vehículos públicos y particulares, hay una tendencia dentro del segmento de carros antiguos (modelos 50, 60 y 70) hacia el paso a gas.
Entre 2004 y 2007 han sido convertidos en este lugar un promedio entre 2.500 y 2.600 vehículos, de los cuales al menos el 20% son automotores más viejos. El modelo más viejo que han convertido es de 1953.
La razón principal, según Sojet, es el ahorro para el conductor, puesto que “la gasolina está muy cara, mientras que el gas no. El ahorro es, más o menos, del 80%”. Sin embargo, añade que hay una creciente conciencia acerca del impacto ambiental de un automóvil. “Se convierten porque ahorran y, de paso, ayudan al medio ambiente”.
De la misma forma, según cifras de Colombiana Automotriz, otra empresa que realiza el procedimiento, de los 3.500 carros que han sido convertidos desde 2003, al menos 1.000 son carros antiguos. En este lugar, el modelo más viejo que ha sido sometido al procedimiento es de 1955.
Uno de los mayores contaminantes del aire son las partículas de CO2 que se derivan de los procesos de combustión de los vehículos, particularmente de aquellos que utilizan diésel. La mayor parte del parque automotor de servicio público utiliza este combustible, contribuyendo en buena medida a empeorar la calidad del aire que respiran los bogotanos.
Ahora bien, la chatarrización de vehículos de servicio público se ha quedado corta con los objetivos trazados desde el principio.
Hasta el momento sólo han sido chatarrizados 31 automotores, en medio de disputas legales y concertaciones con el gremio de los transportadores.
En este caso, la política de mejoramiento del medio ambiente está concentrada en los pequeños contaminantes, sin haber terminado de resolver el problema de los grandes que continúan llenando de humo el cielo de la capital.