El decreto de rumba ampliada que firmará el alcalde Gustavo Petro tiene seguidores y detractores. De un lado están los dueños de los establecimientos nocturnos que apoyan la medida. Del otro, los que se preocupan por la seguridad, al considerar que en la capital no hay cultura ciudadana para asumir con responsabilidad la medida, y aquellos afectados por el ruido. A pesar de esto, la administración sigue haciendo sus ajustes para declarar oficial la decisión.
Por ejemplo, ayer se conoció la sanción contra 49 establecimientos nocturnos por exceder los niveles de ruido y 57 procesos contra los negocios que reiteradamente infringen la norma. El nivel de ruido permitido en la noche para zonas comerciales es de máximo 60 decibeles y en residenciales de 55. La secretaria de Ambiente, Susana Muhamad, anunció una intervención prioritaria en cuatro zonas de Chapinero, Teusaquillo y Kennedy, que tienen los niveles de ruido más altos en la ciudad.
En medio de este panorama, el personero distrital, Ricardo Cañón, le propone al alcalde Petro hacer una consulta ciudadana. Según el jefe del Ministerio Público en la capital, una decisión tan transcendental no debe ser un capricho del mandatario de turno o tomarse al vaivén de las estadísticas. Por eso sugiere que se tome de una vez una decisión que represente el deseo de la ciudad.
¿Qué piensa de la rumba ampliada?
Me preocupa mucho que semejante tema para el ciudadano se esté mirando a través de pruebas pilotos, cuando seguramente eso no refleja el sentir de la ciudadanía y afecta a muchos.
Pero también beneficia a muchos.
Hay dos caras. La de los afectados por el ruido, las riñas o la angustia de tener un familiar en la calle consumiendo licor hasta la madrugada, y la de los empresarios, que quieren más horas para vender licor. Por eso, en temas como este es importante que sean los ciudadanos los que tomen la decisión, sin importar su resultado, pero que no quede la duda de qué quiere la ciudad.
En las pruebas pilotos se monitorea el ruido y todo parece en orden.
Paradójicamente, ahora se habla de la institución encargada de medir el ruido, la cual, por lo general, no es tan eficiente en otros lugares. Ahora sí hace mediciones oportunas y, además, arroja resultados. Pero cuando se le solicita atender quejas de los ciudadanos comunes, muchas veces ni las tramita. Entiendo que el superior es el alcalde, y cuando el jefe manda hay que hacer el trabajo.
¿Qué opina del estudio que se ha hecho para tomar la decisión?
Que se está haciendo como si fuera un tema trivial. Esto no es como preguntar si la gente quiere o no hacer ejercicio. Este es un tema más complicado. Ahí está el tema de las riñas. Hay un informe de Medicina Legal que dice que a pesar de los logros en seguridad, en Bogotá las riñas siguen aumentando.
La Alcaldía dice que en las zonas de rumba la gente se ha portado bien.
No se necesita a un experto traído de Holanda para saber que la gente en determinadas situaciones actúa diferente con licor o sin licor. Eso lo sabemos todos por conocimiento propio o ajeno.
El decreto fue publicado para que la gente opine. ¿Sirve como consulta?
Pero ¿quién va a comentar? Seguro muchos no participarán, porque saben que su aporte no se tendrá en cuenta o porque tienen otros asuntos en la cabeza.
Pero el decreto es un hecho.
Lo público, en temas tan delicados, no puede quedar en cabeza de una sola persona, así sea un sabio. Por eso pedimos que sean los ciudadanos quienes se pronuncien. Es el momento para convocarlos. Que el alcalde se dé la pela y lo someta a consulta popular. Más cuando hay muchos que se beneficiarán y otros que padecerán el tema y hoy les toca quedarse mudos e impotentes frente a la decisión.
¿Será que la gente sí va a estar interesada en participar?
Se debería hacer. Se debería pedir un concepto previo al Concejo, que opine si se debe hacer o no la consulta. Si se hace, puede que mucha gente participe o no. Pero la decisión es trascendental para la ciudad, y sea cual sea el resultado debe ser una medida que permanezca en el tiempo y no un asunto que quede en manos del alcalde de turno que un día en la mañana imponga la medida y llegue su sucesor y la derogue.
En los últimos 20 años el horario se ha modificado varias veces.
Por eso debe ser una medida que se tome de una vez por todas. Estamos como en un péndulo que se mueve al vaivén de la administración de turno, donde se prohíben las riñas y luego las habilitan.
¿Esta administración es una prueba de ese péndulo?
Claro. Con los partidos del Mundial decretó la ley seca, la cual parece que le funcionó. Sin embargo, motivado por una especie de culpa con los comerciantes, a los que afectó con esa decisión (o no sé qué pasó ahí), remata pasando el péndulo al otro extremo. Y seguro, si mañana pasa una desgracia relacionada con el consumo de licor (que ojalá no ocurra), entonces cambiamos otra vez la decisión. Eso hay que acabarlo. Que los ciudadanos tomemos una decisión y no el administrador a nombre de todos.
¿Y cuánto cuesta una consulta popular?
Lo que valga. Es un tema de convivencia. Esa es realmente la participación ciudadana. Los mecanismos de participación se crearon para eso, para construir democracia. En temas tan delicados, la que debe decidir es la gente, como se hizo en un tema menos trascendental con el día sin carro. Esa decisión se sometió a consulta y ahí quedó una norma que no es tan difícil de cambiar.
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@alexmarin55