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“Queremos dormir tranquilos”

En La Alhambra, 400 familias se quejan porque el ruido en los locales de comida rápida les roban el sueño. Con carteles en las fachadas de los edificios, los vecinos  hacen pública su protesta.

25 de agosto de 2008 - 04:12 p. m.
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Derechos de petición, cartas, visitas a la Secretaría de Ambiente, Espacio Público y Movilidad, reuniones con las autoridades locales, denuncias, y hasta un consejo de seguridad presidido por el alcalde Samuel Moreno en la localidad de Suba, no han sido suficientes para que 400 familias del barrio La Alhambra, al norte de la ciudad, hayan podido recobrar la calma.

Desde hace 10 días, con el firme propósito de hacer pública su denuncia, diseñaron avisos y los pegaron en las fachadas de sus edificios. “Alcalde Samuel Moreno, si usted duerme tranquilo, nosotros también tenemos derecho, no al ruido”, “No a los negocios de comidas rápidas en horario nocturno, zona exclusiva residencial” y  “Aquí viven 400 familias que quieren dormir”, son algunas de las frases de protesta que leen quienes transitan por la calle 116.

“Si antes no nos querían oír, ahora todo el mundo se está enterando de lo que estamos viviendo. Estos restaurantes se han convertido en negocios de alto impacto”, decía ayer Yuri Trujillo, residente y administradora de uno de los edificios que quedan arriba de los locales comerciales, que en las noches de fin de semana abren hasta las tres de la mañana y son los principales responsables de las altas emisiones de ruido.         

Desde hace cuatro años, cuando los negocios de comidas rápidas se desplazaron desde la Boyacá hacia la Calle 116, abajo de la autopista, comenzó el vía crucis para los habitantes de ocho conjuntos de edificios, que desde entonces no han podido conciliar el sueño.

A las once de la noche del viernes comienza el ajetreo de los vendedores de comida, que al no tener suficiente espacio en los locales, salen a las bahías de parqueo y atienden a los clientes en sus vehículos. “Por lo general, los que paran a comer ahí son jóvenes que vienen de rumba. Los negocios atienden de puertas para afuera, llevan los pedidos hasta los carros que se parquean en la bahía (justo frente a los edificios). Ahí la gente pone los equipos a todo volumen y toma trago. Se han presentado riñas y los vecinos aseguran que al lugar llegan jíbaros y muchachas prepagos”, explicó Luis Burgos, presidente de la Junta de Acción Comunal de barrio La Alhambra.

La resolución 627 de 2006 del Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial estipula que en una zona residencial las emisiones de ruido no deben superar los 65 decibeles durante el día y 55 durante la noche. Según mediciones realizadas por la Secretaría de Ambiente, en este sector de La Alhambra las emisiones de ruido en la noche llegan hasta los 68.5 decibeles.

“En una visita realizada por el antiguo Dama, los funcionarios recomendaron que lo mejor para mantener los niveles ambientales adecuados era que se cerraran estos negocios”, explicó Trujillo.

El alcalde local, Rubén Darío Bohórquez, reconoce que este problema lleva mucho tiempo y que se están tomando medidas al respecto. “Este año nos hemos reunido cuatro veces con los residentes –dijo el Alcalde–. Creemos que lo que hay que hacer es cerrar las zonas de espacio público, porque además del ruido se nos están presentando otros problemas de seguridad”.

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La Policía del sector reconoce haber recibido quejas de la ciudadanía en las que se asegura que la zona se está convirtiendo en un punto de expendio de estupefacientes, sin embargo, hasta la fecha no han realizado ninguna captura. “Son comentarios de la gente que no hemos podido corroborar. Lo que sí se está haciendo son controles con la  Policía de Tránsito, especialmente desde las dos de la mañana en adelante. Se revisan los papeles de los vehículos y se toman pruebas de embriaguez”, dijo el sargento Javier Gallego, comandante del CAI de  La Alhambra.

 La ciudad del ruido

Este no es el único caso que se presenta en Bogotá. En  Usaquén,  los residentes también comenzaron una campaña contra el ruido. En este sector, los restaurantes y cafés se han vuelto el dolor de cabeza de los habitantes. Sin embargo, no son sólo los locales comerciales los centros de ruido en la capital. Bogotá se ve expuesta normalmente a límites que sobrepasan ampliamente el establecido por la OMS. Una calle con vehículos, una del centro de la ciudad, por ejemplo, presentan en promedio 85 decibeles (ver gráfico). Un taladro supera los 90 decibeles. Un reproductor de música portátil, como un iPod, puede generar más de 100 decibeles.

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Según la Secretaría Distrital de Ambiente, Kennedy es la localidad con más fuentes fijas generadoras de ruido, 1.289; 861 de éstas provienen de la industria y talleres, y 192 pertenecen al sector de entretenimiento y recreación. La Secretaría estima que el 70% de los establecimientos abiertos al público en esta localidad incumplen la normatividad vigente en cuanto a emisión de ruido.

Por lo pronto, y más allá de estas estadísticas, los residentes de La Alhambra esperan que las promesas del alcalde local de cerrar las bahías de la 116 con Autopista se cumplan, pues como explicó  Burgos, “cada vez el problema es más grave. Ya no es sólo el ruido, sino que también se ha aumentado la inseguridad. Por estos problemas, el barrio se ha desvalorizado mucho. ¿Habrá que esperar una tragedia?”. 

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