Que la contaminación del aire incide en el desarrollo de enfermedades respiratorias no tiene discusión. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), este problema causa 7 millones de muertes cada año en el planeta. No obstante, más allá de las alertas ambientales, como la que se encendió en las últimas semanas en Bogotá, en la capital parece no haberse ejecutado a cabalidad un plan para mitigar los efectos de la polución. Esta situación se ha traducido en pérdidas.
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Uno de los pocos estudios que se han realizado en Bogotá sobre las consecuencias de un aire contaminado concluye que la ciudad pudo haber recaudado en la última década alrededor de $20 billones (suficientes para construir el metro elevado o subterráneo) si se hubiese cumplido todo el plan decenal de descontaminación formulado en 2010. Aunque la investigación la adelantaron en 2013 los profesores Édinson Ortiz y Néstor Rojas Roa, de la Universidad Nacional, para ellos las conclusiones siguen vigentes, debido a que los niveles de contaminación se mantienen.
Según Rojas, salvo una leve disminución en algunos sectores, el problema se mantiene, en especial en el suroccidente de la ciudad, donde la mejora no ha sido significativa (ver gráfico). “Encontramos que esa zona es la más rezagada respecto a la atención de diferentes enfermedades y la más afectada en mortalidad prematura. A eso se suma que la población ha aumentado y los parques se han reducido”.
Pero, ¿de dónde sale ese supuesto ahorro de $20 billones en 10 años? Para comenzar, algunas cifras. Según un cálculo hecho por el Grupo de Investigación en Salud Pública, de la U. de los Andes, solo en 2018 Bogotá invirtió $292.300 millones en la atención de menores de cinco años, afectados por infecciones respiratorias. Los investigadores resaltaron que el año pasado se produjeron en la ciudad cerca de 3 millones de episodios, de los cuales al menos el 15 % ameritaron consulta externa o por urgencias. Vale aclarar que los costos de atender niños son los más altos, en comparación con cualquier otro grupo de edad.
Otro estudio más reciente da cuenta de los efectos de la contaminación entre los usuarios de transporte público, específicamente de Transmilenio (TM). De acuerdo con un informe publicado este mes por las universidades de los Andes y La Salle, en este sistema, que mueve a 2,3 millones de capitalinos al día, hay concentraciones extremadamente altas de todos los contaminantes, especialmente dentro de los buses. “Las concentraciones son mucho más altas que las reportadas en la literatura disponible”, concluye el informe.
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Por ejemplo, mientras la recomendación de la OMS es que la concentración de material particulado (PM 2,5) no debe superar los 25 microgramos por metro cúbico, en los buses se encontraron picos de hasta 1.200, el doble de la contaminación de Morelia (México), una de las ciudades con el aire más contaminado del continente o lo que equivale a fumarse 50 cigarrillos en un día.
¿Plan estancado?
Una de las causas de que los niveles de contaminación sigan tan altos como hace 10 años es la falta de compromiso de las autoridades y los ciudadanos con el plan decenal de descontaminación, elaborado en 2010. Al menos es lo que concluyen expertos en el tema como Luis Jorge Hernández, profesor de medicina de los Andes, quien señala que a un año de terminarse el plazo, su avance es del 30 %.
El plan de descontaminación era ambicioso. Planteaba que, de cumplirse a cabalidad, a 2020 se evitarían 13.700 muertes, 27.500 hospitalizaciones por causas respiratorias y 75.000 enfermos. Sin embargo, según profesionales ambientales, el plan fue saboteado desde diferentes sectores, dado que implicaba el aumento de ciertos costos, los cuales, en últimas, eran mínimos frente a lo que hoy sigue invirtiendo la ciudad en atención de estas enfermedades.
“Calculaban que se invertirían $1,7 billones para evitar el gasto de $20 billones. Se comenzó con los filtros para vehículos, pero fue un desastre, porque los transportadores dijeron que los filtros eran muy caros y le buscaron el quiebre a la orden. El plan comenzó a fallar por ahí, porque pasó igual con las motos. Lo único que se empezó a regular fueron las fábricas”, comenta Daniel Bernal, ingeniero y activista ambiental que hace dos años advirtió, con experimentos caseros, sobre la contaminación en TM.
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Ahora que es evidente que el plan decenal fracasó, el profesor Jorge Hernández recalca que a futuro será “clave generar otros compromisos como una visión de cero combustibles fósiles a 2030 o 2040, algo que ya hizo la Unión Europea, México y Chile”. Para completar, dice, es necesario que las estaciones de monitoreo funcionen las 24 horas y tengan datos abiertos, pues una de las falencias para hacerles seguimiento a los niveles de contaminación es la ausencia de información permanente desde las 11 estaciones que hay en la ciudad.
Las medidas del Distrito
Según el plan de descontaminación, este año, por ejemplo, ya tendría que haber finalizado la implementación del SITP, incluida la renovación y chatarrización de flota. También, desde 2016, los buses azules tendrían que contar con el filtro para retener partículas contaminantes. Sin embargo, frente a este tema, las tareas desde el Distrito se han enfocado en promover el transporte público y otros modos de transporte sostenible, que no producen emisiones, y apostarle a que se renueve la flota de TM.
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“Planeamos consolidar la red de transporte público para mejorar los patrones de movilidad y ofrecer un servicio de transporte público de calidad. La operación de las futuras troncales de TM será con buses de tecnologías de cero o bajas emisiones, especialmente eléctrica. Además, el metro será un sistema 100 % eléctrico”, resalta la Secretaría de Movilidad.
La entidad también se ha preocupado por generar medidas sólidas para el transporte de carga, considerando que es el principal contribuyente de las emisiones en el transporte. “Evaluamos las restricciones a la circulación de los camiones que están vigentes, para entender el cumplimiento de los objetivos previstos y estudiar su pertinencia en el contexto actual”, agrega la entidad.
Las otras entidades prefirieron guardar distancia. La Secretaría de Salud se limitó a decir que no se puede relacionar la atención de enfermedades respiratorias con la calidad del aire, puesto que en ocasiones puede tener origen en un virus. Y la de Ambiente, pese a la insistencia, prefirió no dar su balance sobre el plan de descontaminación.
Hace falta camino para que la ciudad pueda mitigar de forma adecuada los riesgos asociados con la contaminación atmosférica. Pese a los esfuerzos del Distrito, son más los puntos en los que no se han logrado avances, que son necesarios para que los habitantes de las zonas más comprometidas puedan gozar de un aire de calidad.