Mientras estos jóvenes policías se alistaban para recibir las ordenes de su comandante, una peculiar caja no dejaba de llamar su atención. Parecía como si la basura que ese día se encontraba regada por la Plaza de Bolívar estuviera pidiendo a gritos ser depositada allí. En las filas los más cercanos a la caja contenían las risas, mientras intentaban seguir las instrucciones de su comandante.