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‘Salvavidas’ para la movilidad

Pese a ser una nueva modalidad de transporte ilegal, los taxis colectivos se han convertido en una alternativa para los bogotanos.

03 de diciembre de 2007 - 08:14 a. m.
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Los interminables trancones, la carencia de puentes peatonales, el caos en que se ha convertido Transmilenio y las constantes obras que taponan aún más las vías no son los únicos factores que hacen de Bogotá una ciudad con graves problemas de movilidad. Sumado a esto, cientos de bogotanos que residen alejados de las grandes avenidas no cuentan con un sistema de transporte público que supla sus necesidades.

En medio de este infortunado panorama, han ido llegando a las zonas más neurálgicas de algunos barrios de Bogotá grupos de taxistas que prestan sus servicios de manera colectiva y que para muchos habitantes se han convertido en su única alternativa.

Hoy en día es común ver cerca de las estaciones de Transmilenio filas de más de 10 taxis esperando llenar sus cupos para salir a hacer la ruta que con previo aviso se les ha asignado. Uno a uno los pasajeros van acomodándose en el vehículo, que por un promedio de 900 pesos por persona, los llevará hasta sus hogares.

Pese a que el Ministerio de Transporte en el Decreto 172 de 2001 estableció estas prácticas como ilegales, los taxis colectivos se han convertido en la única forma de amortiguar las altas falencias que tiene la movilidad en Bogotá. En algunos puntos de la ciudad se encuentran ampliamente organizados, con horarios fijos, vehículos numerados según las rutas y hasta tiquetes que son entregados a los pasajeros en el momento de cancelar.

Según lo explicó un taxista que trabaja en el barrio La Colina Campestre, uno de los puntos más organizados de Bogotá, “nosotros trabajamos en los barrios en donde las rutas alimentadoras no llegan, reunimos a un grupo de cuatro personas que vayan para la misma zona y arrancamos. En las horas pico me puedo hacer hasta 10 viajes ida y vuelta”.

Es así como en estos barrios las personas se han acostumbrado a compartir el taxi con completos desconocidos con tal de llegar a su destino. “Si estos señores taxistas no se pararan acá y nos hicieran el favor de llevarnos, nos tocaría, literalmente, caminar más de media hora para poder llegar hasta la estación del Transmilenio”, afirmó Ana Bedoya, usuaria del servicio en el barrio Toberín.

Los operativos

Debido a que la prestación de este tipo de servicio ha sido considerada como ilegal, la Policía Metropolitana de Tránsito constantemente realiza operativos en las zonas en donde se ha identificado este tipo de infracción.

 Para este fin se han designado 1.200 policías en dos turnos, que están divididos en jurisdicciones específicas. Según la Policía de Tránsito, hasta octubre 22 de este año se habían inmovilizado un total de 111 taxis por prestar un servicio diferente al autorizado en la licencia de tránsito.

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Según lo aseguró uno de los policías que participan en los operativos, “muchas veces la comunidad no ve con buenos ojos que la policía llegue a impedir lo que para ellos representa un servicio que atiende sus necesidades”.

Precisamente, y debido a esta situación, los habitantes del barrio Pardo Rubio, localizado en la parte nororiental de los cerros de Chapinero, cansados de las persecuciones de la policía hacia los taxistas, instauraron un derecho de petición.

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“En este barrio solamente tenemos una ruta de buses colectivos que, además, pasa cada 45 minutos. En esta medida, los taxis colectivos son nuestra única posibilidad de transporte, además de que ayudan mucho a la seguridad del barrio”, explicó Nubia Fonseca, presidenta de la Junta de Acción Comunal.

Frente al tema, el concejal Carlos Vicente de Roux argumentó: “No solamente me parecen necesarios los taxis colectivos debido a las debilidades de Transmilenio, sino que es una solución que a la gente le gusta y que utiliza”.

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De esta forma, en Bogotá los taxis colectivos se han convertido en el único salvavidas para la movilidad. La carencia de buses colectivos y rutas alimentadoras de Transmilenio hacia los barrios, cada vez más lleva a que grupos de taxistas se reúnan y decidan, de forma voluntaria, prestarle un servicio a la comunidad. Lo cierto es que la disputa entre los ciudadanos, los taxistas y la policía continúa en un camino que parece no tener salida.

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