Los familiares de Javier Molina, funcionario del Distrito dedicado al trabajo social con habitantes de la calle que fue asesinado el sábado, lo despidieron ayer en el Cementerio Central. Aún se desconoce la autoría del crimen .
Molina tenía 40 años y lideraba dos bandas de metal: Infernales y Sádico. Con la primera tenía programada una grabación desde hacía más de dos semanas. Esa pasión por la música la compartía con su hijo Daniel, de 18 años, quien vive en otra ciudad del país. Con él habló por última vez el sábado hacia el mediodía, 11 horas antes de que unos sicarios llegaran a su casa en la localidad de Usme y le quitaran la vida.
“Me dijo que estaba en un problema en el trabajo, que lo estaban persiguiendo”. Vestido de saco azul y jean, Daniel recordó esa última llamada de su papá, a quien admiraba por haberse dedicado a rehabilitar a los habitantes de la calle y adictos de temibles focos del tráfico de drogas como la calle del Bronx en el centro de Bogotá.
Hasta ahora es poco lo que se conoce acerca de la muerte de Javier y la única hipótesis que se tiene es que probablemente los responsables fueron miembros de las mafias del Bronx interesados en el desmonte de la intervención que el Distrito comenzó en septiembre de 2012.
Ayer, a la Sala de Velación de la Funeraria Los Olivos en el sector del Restrepo llegaron habitantes de calle de diferentes zonas, que lo recordaron por haberlos impulsado a cambiar su vida y alejarse de las drogas. También llegaron algunos miembros de hogares de paso de la Secretaría de Integración Social. “Quiere que le diga algo mami: uno lo que siente es frustración de que la mafia se lo haya llevado. Es una infamia que le quiten la vida a una persona que estaba para servir”, dijo Olga Ávila, usuaria de uno de los centros de autocuidado del Distrito, donde los habitantes de calle se bañan y reciben atención en salud.
Viviana, la esposa de Javier, prefiere no recordar nada acerca de lo sucedido el sábado. Dice que él nunca tuvo temor de hacer su labor social, ayudando a los habitantes de la calle, y que por el contrario, siempre tenía la mejor actitud porque amaba lo que hacía. Fueron sus palabras antes de que su esposo fuera llevado al Cementerio Central.
Junto a la sala de velación ayer los habitantes de calle como Álvaro Prada reclamaron que se les hubiera ido su ángel. Recordaron que él dejó varios proyectos como el de hacer un programa radial con ellos.
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