Las concentraciones son una reclusión por elección. Durante la preparación en Bogotá, a los integrantes de la selección Colombia de patinaje les permitían salir del hotel dos días a la semana, sólo hasta las 8:00 p.m. El técnico cartagenero Elías del Valle explicaba que el descanso forja a un deportista y el desgaste diario de los 21 patinadores que viajaron a Italia era grande. En un día tenían sesión de bicicleta por dos horas y de pesas en el gimnasio hasta el mediodía. “Ahí nos tocaba llegar al hotel, descansar y levantarnos a las tres para seguir en pista”, dice un integrante del equipo de juvenil de fondo. Y en esencia, ese encierro los convierte en amigos desde selecciones pasadas.
En las habitaciones de los hombres nunca hace falta un Play Station 3. En algunas cobran una inscripción de tres mil pesos y realizan un torneo de Fifa o PES. Lo primero que empacan Carlos Pérez y Óscar Cobo es la consola, que muchos compraron en Corea del Sur, donde disputaron el Mundial de 2011 y fueron campeones. Las niñas se quedan en sus habitaciones al frente del computador, escuchando música y alguna interrumpe los partidos de fútbol virtuales con preguntas inoportunas sobre fuera de lugar.
La música, además de ser un factor de motivación, también es un elemento fundamental en la convivencia. Miami 2 Ibiza, de Swedish House Mafia, se escucha en los cuartos de Pedro Causil y Andrés Felipe Muñoz en el hotel en San Benedetto di Tronto. En las habitaciones del equipo juvenil de fondo prefieren el rap de Wiz Khalifa o el reguetón de moda. Las mujeres, más mesuradas, prefieren otros géneros, como la balada y el pop que reproduce el ipod de La Chechi Baena. Eso sí, en el bus hasta el circuito cada uno escucha la canción que más lo motive antes de competir.
En las noches también los rige un horario para ir a dormir. “A cierta hora uno debe estar en la cama. A veces uno quiere ir al cuarto de una compañera para hablar, pero toca bajito, porque te regañan. Es importante que no se mezclen hombres y mujeres, aunque no habría problema porque acá casi todas tienen novios y una que otra ya tiene esposo”, dice Aaron Molina, quien no fue al Mundial por una fractura de vértebras que sufrió levantando pesas.
Envuelto en una faja de cinc, Aaron Molina despidió a sus compañeros cuando partían hacia Italia. Ese día (23 de agosto) le dieron abrazos condescendientes y le dijeron que lo extrañarían. “Cuando convivimos tanto, ya hay un cariño especial”, dice.
Entre sí, son acompañantes y dolientes. Y cómplices. El martes, vía streaming, vieron hasta tarde en sus computadores el partido que Colombia le ganó 3-1 a Chile en Santiago. Luego el cartagenero Pedro Causil escribió en su cuenta de twitter: “Ganamos en Chileeeee, ahora sí a dormir, que mañana nos toca a nosotros. Selección Colombia de patinaje, a dar más alegrías a nuestro país”.