“Les confieso que no estaba segura de qué iba a pasar y cuando me escogieron sentí un vacío en el estómago. Tantos problemas, tanta desconfianza, tantos cuestionamientos. Pero así es la vida. Los retos son para enfrentarlos. Las oportunidades no son un regalo. Hay que buscarlas y asumirlas”, con estas palabras la alcaldesa Clara López Obregón describió lo que sintió cuando la nombraron en el segundo cargo más importante del país.
La mandataria de los bogotanos dijo que cuando asumió la Alcaldía se encontró con una Administración Distrital con mucho temor y el grueso de sus funcionarios con la moral por el piso. “Pero más de 50 mil servidores públicos no pueden ser juzgados por los errores de unos pocos. Me dediqué a poner la casa en orden”.
“Los escándalos de corrupción no dejaban ver lo mucho que se había avanzado (…). Encontré serios problemas. La falta de organización y liderazgo eran evidentes. Y mucho más allá de eso estaba la falta de trabajo en equipo. Eso lo he tratado de arreglar. Con humildad les digo que creo que se ha logrado. Mi preocupación ahora es que ese proceso continúe. Que la siguiente Administración construya sobre las bases que dejamos y que no se pierda en las tantas presiones que sobre la Alcaldía Mayor se ciernen”, agregó.
López Obregón señaló que en su gestión ha intentado cumplir con las metas trazadas en el plan de desarrollo “Mi Alcaldía ha hecho los mayores esfuerzos para cumplirlo. Pero eso significa que además de alcanzar las metas, tenemos que dejar sentadas las bases para el futuro”.
Indicó que su función es no defraudar a los ocho millones de bogotanos. “Esa responsabilidad significa dejar a un lado el ego, los rencores y la soberbia. Es regir la gestión administrativa con principios para asumir los retos de una ciudad que solo progresa teniendo a todos en cuenta”.
“A la próxima Administración le dejamos los estudios más avanzados en términos de movilidad, planeación y servicios. Que la primera línea del Metro va por el corredor de más demanda es obvio. Uno no siempre hace lo que quiere, uno hace lo que tiene que hacer. Que Bogotá necesita un Plan de Ordenamiento Territorial lógico no es un capricho, es una necesidad urbanística. Que la ciudad se tiene que gobernar cada hora, cada semana y cada mes es mucho más que un problema político, es una necesidad cívica. Esta ciudad no se para por los deseos individuales”.
Fue enfática en decir que hay que extirpar la corrupción, “pero ello no puede hacerse destruyendo la ciudad que debemos proteger. Bogotá tiene que avanzar y a medida que lo hace, corrige sus errores y eso la hace más fuerte. Le pido a la próxima Administración que actúe con celeridad pero también con reflexión. Es necesario aprovechar la fortaleza de construir sobre lo construido. Hay que ser humildes. Hay que darse el tiempo de revisar los estudios. Sobre todo, hay que escuchar antes de pretender tener soluciones mágicas. En mi experiencia, no existen”, concluyó.