El martes publicamos la primera entrega de la navegación por el río Bogotá, que iniciamos el viernes 1º de agosto. Ese día partimos desde el municipio de Chía hasta el barrio Bilbao, en Suba, pasando por la desembocadura del río El Salitre (uno de los más contaminados de la cuenca).
Por cuestiones técnicas de las balsas no pudimos observar dicha desembocadura, que está ubicada entre el puente de la calle 80 y el barrio Bilbao.
El constante encuentro con buchón obligó a arrastrar los botes por el suelo cinco veces para pasar esas alfombras verdes. Debido a esto nuestro recorrido se tornó más lento. Al final de la tarde las fuerzas ya eran pocas y cuando por fin llegamos a Bilbao agrupaciones musicales armonizaron nuestro bien merecido almuerzo.
En el segundo día de la travesía, el sábado 2 de agosto, salimos desde el puente de la calle 80 que cruza el río Bogotá para llegar al barrio Las Palmitas, en la localidad de Kennedy. No pasó mucho tiempo para que comenzáramos a extrañar aquellas aves que nos acompañaron el día anterior; cosa que no ocurrió con la vaca muerta en una orilla, con las botellas, las bolsas, los plásticos.
Ahora, el panorama estaba decorado con los innumerables tubos de las cañerías industriales que vigilan la ribera, cual cañones de fortaleza de antaño, dispuestos a disparar sustancias tóxicas al enemigo cuando sea necesario.
El día estuvo nublado y de vez en cuando la lluvia caía sobre los botes. Como el agua comenzó a ser más densa, debido a los restos de lonas y mallas, algunos motores empezaron a fallar y la rapidez del principio se perdió. Las barcas dejaban sobre el agua un denso rastro de espuma blanca que se demoraba en desaparecer.
En este punto el mal olor del río es más fuerte debido a que recibe desechos de la zona franca de la calle 80 y, más adelante, de la que está localizada en la calle 13.
Acá se ve cómo los vertimientos de los agroquímicos, provenientes de las zonas agropecuarias y francas que hay en Mosquera y Funza, allí que se filtran por el suelo y contaminan el caudal del Bogotá.
Hicimos una parada en el barrio Casandra, en Fontibón. Allí las 75 familias ribereñas nos recibieron con música y agua de panela. Nos encontramos con que los habitantes soportan la contaminación de las aguas negras que son vertidas al río ya que se encuentran en calidad de invasores de los terrenos. Al respecto, la Alcaldesa de Fontibón, Betty María Afanador, explicó: “Independientemente de que estén ubicados ilegalmente, pertenecen a nuestra localidad y son personas vulnerables, por eso estamos acompañándolas todo el tiempo”. Después nos dirigimos al barrio Las Palmitas, en la localidad de Kennedy. Allí, luego de recibir caldo y seco. terminamos la jornada. Desde este punto partiríamos al siguiente día.
Tratamiento de aguas a medias
La planta el Salitre es la única con la que cuenta el Distrito Capital para el tratamiento de las aguas sucias. Es conocida como PTAR (Planta de Tratamiento de Aguas Residuales) Salitre, la cual concentra parte de las aguas contaminadas de Bogotá.
Actualmente trata sólo la mitad de estas aguas (4 m³/s) del río Salitre de manera básica, para devolverlas al río Bogotá. Actualmente se tiene prevista una ampliación para mejorar todo el proceso y conducirlas de la planta al sector privado agroindustrial de la sabana de Bogotá, Distrito de Riego la Ramada. Según Manuel Mayorga, miembro de Movimiento por la Vida, “en el tema de saneamiento y manejo integral del agua no tenemos una política pública acertada ni decisiones administrativas o ambientales que permitan que la inversión conduzca a recuperar el río”.