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Un calvario sin fin

Esta semana se cumple un mes de la desaparición de Alexánder Rodríguez en el cerro oriental. Los operativos de rescate no han dado ningún resultado. El padre acudió a un médium para encontrar a su hijo quien, según el intermediario, aún vive.

18 de abril de 2008 - 10:52 a. m.
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El médium, al que había contactado don Jairo Rodríguez para que señalara el paradero de su hijo desaparecido hace un mes, subió hasta Monserrate. Se paró en la cima del cerro, sacó un péndulo del bolsillo y preguntó: “¿En qué dirección se encuentra Alexánder Rodríguez?”. El instrumento señaló hacia la parte de atrás de la montaña. “Lo veo. Pero está muerto, cubierto por hierbas y rastrojo”. A pesar de toda la fe que había puesto en él, don Jairo no le creyó. Su hijo está vivo, una corazonada de padre se lo dice. Entonces contrató otro médium, que sí dijera la verdad.

“No nos sirvió, porque no tenía argumentos. Lo buscamos donde él dijo y no encontramos nada”, contó don Jairo refiriéndose al viejo que llegó desde San Antonio de Tequendama (Cundinamarca) para contactar a Alexánder, desaparecido en Monserrate desde el Viernes Santo. El viejo tiene fama en el pueblo porque ha desenterrado desaparecidos de años y años. Pero a don Jairo no le dio resultado. Como sí había sucedido, con otro médium, hacía 17 años, cuando su hermano Gustavo Rodríguez, recluido por la guerrilla, apareció después de once días en Arauca. Estaba muerto y yacía a la orilla de un río.

Cuando el médium subió a Monserrate y sentenció que Alexánder estaba muerto, habían pasado siete días desde su desaparición. Ese viernes él había llegado al cerro, después de caminar ocho horas desde su casa, en Bosa, para llegar a la primera misa del Viernes Santo —tradición que siguen cientos de bogotanos—. Su esposa Nancy lo acompañaba. Él se adelantó unos metros, llegó hasta la iglesia del Señor Caído y después se sumergió en un mar de feligreses que rezaban el vía crucis. Nancy no lo volvió a ver.

Durante una semana, una cuadrilla de rescate lo buscó por toda la montaña. Ni un solo rastro. Entonces don Jairo acudió al primer médium, el mentiroso, según él. Después decidió alejarse de las supersticiones y de Monserrate. Durante dos semanas caminó el centro de la ciudad sospechando que su hijo podía estar tirado en algún andén, sin zapatos, sin comida, sin memoria. Don Jairo recorrió a pie La Candelaria, San Victorino, el antiguo Cartucho y el Bronx —éste último se extiende por tres cuadras que son las más infestadas de basura, droga y miseria del centro de la capital—. Recorrió este sector con los ojos clavados en los hombres altos, delgados y de piel trigueña, que podían ser su hijo. Ni un solo rastro. Entonces recurrió otra vez a la superstición.

“Yo tengo el poder. Ya he encontrado a decenas de personas extraviadas. Pero lo más importante es la fe”, le dijo el segundo médium a don Jairo en su casa, en el barrio Las Margaritas-Bosa, donde viven los padres de Alexánder, su esposa Nancy y sus dos hijitos: Marlyn, de cuatro años, y Johan, de dos. El médium pidió el nombre y la foto del desaparecido. Tomó el retrato. Lo repasó una y otra vez con la mano. “Está vivo, pero no coordina el pensamiento. Lo veo deambulando por las calles de un pueblo”, dijo. Y después sugirió que podría estar en Choachí, un municipio a 38 kilómetros de Bogotá, ubicado al respaldo del cerro Guadalupe.

Camino a Choachí

El viaje fue el miércoles 15 de marzo. A las 9:00 a.m., don Jairo, Nancy y dos amigos del barrio: don Edilberto y don Fabio, salieron del CAI de Monserrate hacia Choachí. Tenían fe, mucha fe, en que esta vez conseguirían noticias. Los vecinos iban en dos motos desajustadas y sucias, tras la camioneta que transportaba al padre y la esposa de Alexánder. Una hora y media hasta Choachí. Una carretera estrecha, pantanosa y curva. Una niebla que cubría el camino y un frío entumecedor.

Ya en el pueblo, la primera parada fue en la estación de policía. Don Jairo llevaba unas fotocopias con la imagen de su hijo, el anuncio de desaparecido y un número de teléfono por si hay alguna información. “Yo soy el papá del muchacho que se perdió en Monserrate”, les dijo. “¿Es el mismo que salió por televisión?”, preguntó el agente. “Sí, es él”. “¿Y qué noticias han tenido?”. “La verdad, la verdad, ninguna. Estamos aquí buscándolo. ¿Podemos andar el pueblito sin ningún inconveniente?”. El policía asintió.

A partir de ese momento, don Jairo, la esposa y los amigos recorrieron en carro y a pie los 223 km cuadrados de este municipio. Pegaron la foto de Alexánder en las paredes y los postes y las ventanas de las tiendas. Primero visitaron la emisora Choachí Stereo, 88.3 FM. Tito Rodríguez, el locutor, interrumpió el programa de vallenatos para decir: “Tenemos un servicio social, el caso de un joven desaparecido en Monserrate… Señor Rodríguez, nos unimos a su dolor. Cualquier información al teléfono… Son las 11:43 a.m., los dejamos con un concierto de acordeones”. El calvario siguió por las tiendas del pueblo, el colegio Ignacio Pescador, la notaría, la parroquia San Miguel de Choachí, la Casa de Gobierno, el hospital, los termales, el ancianato.

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Los caminantes se detenían a observar la foto del muchacho de 27 años. Algunos encomendaban al desaparecido a personajes celestiales: “Dios del cielo quiera que aparezca”, “Señor Diosito Santo que tengan noticias de él”, “Virgencita, que esté con vida”. Otros se preguntaban si seguiría con vida. “Tenemos fe en que sea así”, respondía Nancy, tímida, con la voz suavecita y triste. El viaje terminó a las 3:00 p.m. Ni un solo rastro. Otra vez hora y media de camino, en el regreso. Ya con las manos vacías, porque todas las fotocopias con el rostro de Alexánder quedaron fijadas en Choachí.

Por ahora, el médium no ha recibido ni un solo peso, aclaró don Jairo. Pero si Alexánder aparece tendrán que recompensarlo. ¿Con cuánto? El padre no sabe o no quiere decir. Lo que sí reconoce es que las predicciones del médium lo han mantenido en pie. Después de un mes de no saber de su hijo, conserva la de fe de volver a verlo, y con vida… una corazonada de padre se lo dice.

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