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Un Plan para acabar el ‘apartheid’ educativo

La congresista del Partido Verde aplaude el Plan de Desarrollo de Bogotá, pero asegura que es deficitario en participación juvenil.

31 de mayo de 2012 - 05:28 p. m.
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La primera vez que en el país se comenzó y se fortaleció una política pública de infancia fue en la segunda alcaldía de Mockus (2001-2003). Dicha política mereció en 2002 un reconocimiento de Unicef por ser una experiencia innovadora, con resultados visibles y pertinentes. Se hizo una propuesta participativa que vinculaba múltiples alternativas de cuidado, protección y educación de niños de 0 a 5 años, a través de casas vecinales en alianza con hogares comunitarios y hogares infantiles del Departamento Administrativo de Bienestar Social.

El Plan de Desarrollo de Bogotá Humana, aprobado esta semana por el Concejo de Bogotá, no incorporó una política social integral en donde la triada territorio, poblaciones y sectores permita plantear una perspectiva de presente y futuro. En el Plan sólo existe la faceta sectorial, las otras dos están ausentes.

Que el Plan de Desarrollo busque eliminar la segregación educativa es quizá de los puntos cruciales. El apartheid educativo, como lo llama Mauricio García, es una realidad en Bogotá y el país: los ricos estudian con ricos y les va bien, los pobres estudian con pobres y les va mal, muy mal en términos de acceso a la calidad educativa (los colegios privados, según pruebas Icfes, son cuatro veces mejores que los colegios oficiales). Buscar eliminar esta segregación es un paso fundamental para la inclusión y el fortalecimiento de la democracia.

A su vez, el Plan promueve una jornada única. El informe de Desarrollo Humano de Bogotá, publicado en 2008, hacía esta recomendación: “La doble jornada no es conveniente. Es necesario llegar a la jornada única para todos” (Bogotá: una apuesta para Colombia 2008. Resumen ejecutivo. P. 32) . Como lo muestra el investigador del Banco de la República Leonardo Bonilla, este tipo de jornada tiene impactos positivos en la calidad de la educación y, por otro lado, evita los riesgos de que los adolescentes se involucren en actividades que entran en conflicto con la ley. Esta es una política que beneficia directamente la vida de los adolescentes y jóvenes de manera integral.

Ahora, extraño en la propuesta de la administración distrital una política pública clara sobre participación de jóvenes y adolescentes, por ejemplo, formas de incidencia de los adolescentes y jóvenes en la gestión pública y en la toma de decisión colectiva de la ciudad.

Asimismo, una propuesta que evite la criminalización de los jóvenes por parte de la Fuerza Pública es fundamental.

“Bogotá Humana Ya” debe ser un asunto colectivo, un bien del que deberíamos apropiarnos todos. Una ciudad incluyente que respeta el agua y que tiene como prioridad la construcción de lo público, es una ciudad que puede convertirse en una obra de arte. En una obra que no agrede y que, por el contrario, “redignifica”.

* Angela María Robledo, congresista del Partido Verde

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