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Un polvorín a punto de estallar en San Victorino

Conflicto por reubicación de vendedores ambulantes amenaza las compras navideñas.

14 de diciembre de 2009 - 05:00 p. m.
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En el barrio San Victorino, a una cuadra de la antigua Calle del Cartucho, hoy Parque Tercer Milenio, la administración local instaló tres megacarpas con el fin de organizar el comercio informal del sector. El proyecto propone la ubicación de 1.400 vendedores entre informales y pequeños productores, pero los cupos no parecen suficientes. Se calcula que en esta área trabajan más de 3.000 vendedores ambulantes, quienes se han mostrado reacios a acatar esta medida y se han enfrentado a la policía en distintas ocasiones. En una de las zonas comerciales más importantes y movidas de la ciudad, ad portas de las fiestas de fin de año, la situación podría derivar en  un caos social capaz de aguar la fiesta navideña.

Las carpas instaladas por el Instituto Para la Economía Social (IPES) están divididas en dos: una pequeña franja destinada para vendedores ambulantes, los cuales deben aparecer en la base de datos del IPES; los otros puestos, que son la mayoría, están siendo vendidos, según ellos mismos, por $350.000, más $20.000 que cuesta la inscripción. “Los buenos puestos en las carpas cuestan 370.000 pesos. Los que están dando gratis son una mesa por vendedor y sólo hay unas poquitas”, cuenta Nelson Espitia, vendedor de San Victorino desde hace 25 años.

La Policía Metropolitana ha implementado un plan de recuperación del espacio público que contempla decomisos de mercancía, requisas y detenciones. Según el mayor César Manuel García, comandante de la Estación III de Santa Fe, los ánimos están calientes por cuenta de los trabajadores. “En las carpas no caben todos los vendedores del sector, ya que aquí llegan de todas partes de la ciudad y no sólo de la localidad del Santa Fe. Lo que quieren los vendedores es invadirlo todo para que la gente no pueda caminar y nosotros no lo vamos a permitir”.

Por su parte, los vendedores acusan a la policía de violar el derecho al trabajo, y de maltratar y humillar a los trabajadores. El miércoles pasado se presentaron fuertes enfrentamientos con la Fuerza Pública, en los que resultaron varios heridos; incluso, según los vendedores, los incidentes dejaron dos muertos. La Policía insiste en que el sector debe ser despejado por los vendedores ambulantes, so pena de perder sus mercancías o pasar unas tediosas horas de detención. Los trabajadores se niegan a instalarse en las carpas, ya que aseguran que allí nada venderán.

Este sector es sin duda uno de los más inseguros de la ciudad. Tiene una larga tradición de microtráfico de drogas y los atracos son comunes. El lugar donde se instalaron las carpas hiede a excremento y orines, rastros de su pasado como albergue de miles de habitantes de la calle. Según Ramiro Mayor, representante de los vendedores en el comité local, a este espacio no irían los compradores, porque los olores fétidos son insoportables. “Nosotros también tenemos derecho a trabajar en condiciones dignas”, reclama Mayor. Su petición es que les permitan trabajar lo que queda de la temporada decembrina, mientras las autoridades advierten que los vendedores que no estén organizados serán desalojados a la fuerza.

La situación no parece tener solución pronta. Los puestos en las carpas no alcanzan, policías y trabajadores juegan al gato y al ratón, la navidad se acerca y la guerra del centavo se intensifica. El sector comercial más grande de la ciudad hierve como una olla de presión, mientras los desprevenidos compradores caminan sobre un polvorín que en cualquier momento puede estallar.

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