La movilidad es parte esencial en la calidad de vida de los ciudadanos. Se determina por dos variables, oferta y demanda: la primera alude a la disponibilidad suficiente de malla vial necesaria para atender el número de vehículos que la transitan, segunda variable. El resultado de esta interacción es la velocidad promedio de la ciudad.
El desmedido crecimiento de la demanda vehicular en relación a la oferta, junto a la ausencia de una solución estructural al problema del transporte público, explica el colapso de la movilidad en Bogotá. Entre 2002 y 2011, la población aumentó un 15% y los vehículos particulares un 132%. En contraste, la malla vial creció apenas el 9%, con una reducción del 53%. La proporción de metros disponibles por vehículo decreció, al pasar de 21, en 2002, a 10, en 2011, con resultados negativos sobre la velocidad promedio que bajó de 32 km/h a 23 km/h. El abaratamiento de automóviles, producto de la revaluación, coadyuvó a este colapso, agravado por la proliferación de motos como alternativa a las altas tarifas y regular desempeño del sistema de transporte masivo.
Un sistema integrado, apoyado en un eje articulador, racionaliza oferta y demanda, integrando modos de transporte y garantizando a usuarios plena cobertura con tarifa accesible. En Bogotá, el SITP carece de fundamentos claves: no hay eje articulador sólido como el metro, existen intereses privados difíciles de conciliar con el bienestar general y el POT y los planes de movilidad están desactualizados. Otros elementos de gestión, como la pedagogía, la compatibilidad tecnológica del recaudo, la logística, como conexiones, paraderos y otros más, no están a punto y, en medio, aparece un tranvía como “cuerpo extraño”. El entorno es incierto, los usuarios desconocen las condiciones tarifarias, costo y subsidio, que, al parecer, no se han podido concertar por tanto interés involucrado, e igual ocurre con otros sectores, como transporte alternativo, autopartistas, discapacitados y pequeños transportadores marginados.
Las verdaderas soluciones no son de corto plazo. Transmilenio no logró contraer la demanda vehicular y su capacidad, entre 30 y 35 mil pasajeros hora/sentido, se encuentra desbordada. El tranvía, por ser un modo de superficie, no ampliará la malla vial ni disminuirá los tiempos de viaje; al contrario, competirá por las vías con otros medios de transporte. Su mediana capacidad – 20 mil pasajeros hora/sentido a 20 km/h promedio – lo hace ideal para ciudades de menos de 1 millón de habitantes y complementario del Metro en megalópolis de más de 5 millones. Únicamente el Metro, que transita por vías exclusivas y moviliza 80 mil pasajeros hora/sentido a 40 km/h, aportaría lo que la Capital necesita: incremento de la oferta vial, disminución de la demanda vehicular, aumento de la velocidad promedio e integración sólida de los diferentes modos de transporte para la satisfacción de los usuarios.
Dado que existen presiones de la banca, operadores y fábricas para arrancar cuanto antes el SITP, vale recordar que “lo que se hace de prisa, se paga despacio”.