En medio de la discusión que adelanta el Consejo Directivo de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) sobre la solicitud que hizo el Distrito de sustraer una parte de la reserva Van der Hammen, se conoció un concepto del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (Icanh), que ratifica que la zona podría tener valor arqueológico y, de paso, le hace una serie de recomendaciones a la administración.
El informe, que ya está en manos de la autoridad ambiental, señala que dicha inferencia surge al conocer las investigaciones que se han desarrollado en este contexto y, especialmente, al leer los informes de la propia Alcaldía, que indican que en la zona han identificado 7.451 hectáreas con vestigios de camellones, los cuales son originarios del período prehispánico.
Según explica la antropóloga Ana María Boada, estos podrían ser montículos construidos en el año 800 d. C. por los indígenas de la cultura muisca (que se establecieron en lo que hoy es Funza, Chía, Cota y Suba) para cultivar, dadas las condiciones de las tierras anegadas que quedaron del antiguo gran lago que había en la sabana de Bogotá.
Estas construcciones están en diferentes posiciones. Una imagen aérea, tomada en 1968, muestra que se encuentran en posición de dameros (ajedrezados), que forman polígonos irregulares y paralelos al cauce del río Bogotá. Estos permitían minimizar y evitar la pérdida de producción agrícola en tiempos de heladas y sequías, así como un mejor drenaje de los terrenos más cercanos al afluente. Estas son construcciones únicas en la ciudad, pues vestigios como estos solo se han descubierto en otras partes del país y de la región, como en Bolivia.
La propuesta del Distrito
Aunque en la solicitud que presentó el Distrito ante la CAR se reconoce el valor arqueológico de la zona, también resalta que en los últimos años estos vestigios se han ido perdiendo, en gran medida, por los diferentes proyectos que se han desarrollado en el sector, como ocurrió con el camellón de Guaymaral, que ha sido transformado por la agricultura moderna y las obras de adecuación del aeropuerto.
Eso sí, especifica que los únicos vestigios bien conservados están en dos áreas. Una está contigua a la pista del aeropuerto de Guaymaral, donde se observan “parcelas conformadas por conjuntos de cuatro a cuarenta camellones, en las áreas cercanas a sus oficinas y donde se estacionan las avionetas”, y la Hacienda La Filomena, donde los camellones han perdido área, debido a las dinámicas territoriales que se han presentado en el sector.
Ante esto, y en caso de ser aprobada la solicitud sobre la Van der Hammen, la administración inicialmente había propuesto un plan de conservación consistente solo en mantener en la zona “una muestra representativa del sistema de producción agrícola en camellones, asociado a la cultura indígena muisca, que habitó la altiplanicie de Bogotá”.
No obstante, tal parece que la oferta del Distrito no convenció del todo al Icanh. En el concepto que le entregó a la CAR, más allá de resaltar que el Distrito tuviera identificadas las áreas de los camellones, les recuerdan a todas las autoridades que, ante una eventual intervención en la reserva, no basta con mantener una “muestra representativa del sistema de producción agrícola”.
Según la institución, el Distrito debe crear un Programa de Arqueología Preventiva, estructurado por un arqueólogo inscrito en el registro nacional y con licencia del Icanh, en especial, si se tiene en cuenta que en la zona también se han hallado instrumentos líticos (de piedra), que pudieron pertenecer a indígenas asentados en las regiones del Tequendama, en Zipacón y Chía, o las alertas de vecinos que han asegurado que también se han identificado vestigios en las haciendas La Enseñanza y Las Mercedes. Por esto, el Icanh reitera que, en caso de encontrarse patrimonio arqueológico, debe darse aviso a las autoridades para activar el protocolo de hallazgos fortuitos.
Tras conocer este concepto y las recomendaciones, el Distrito amplió su plan de conservación e incluyó la recuperación del Sitio Arqueológico Camellones Muiscas, ubicado en el sector Casablanca Suba II y en el subsector La Filomena. Sin embargo, no hizo aclaraciones sobre qué ocurrirá con los camellones de Guaymaral, los cuales podrían verse afectados con la extensión de la Avenida Ciudad de Cali.
Por lo pronto la discusión seguirá en el Consejo Directivo de la CAR, que el próximo 16 de mayo tendrá una audiencia pública para escuchar a los ciudadanos interesados en las acciones sobre la Van der Hammen. Por ahora, al Distrito le queda la tarea de determinar con mayor precisión qué hará en caso de hacer hallazgos arqueológicos en la reserva.