Son 6.400 metros cuadrados de cultivos simétricos, de pequeñas plantas en hileras perfectamente excavadas sobre la falda de la montaña, en la que todo crece con aleatoria naturalidad, como si alguien se hubiera puesto a jugar al jardinero en medio del salvaje verde del Parque Entrenubes, en el sur de la ciudad, entre las localidades de Rafael Uribe Uribe, San Cristóbal, Ciudad Bolívar y Usme.
En varias terrazas y dos germinadores crecen a toda máquina 97 mil plantas de 25 especies, todas nativas del bosque alto andino característico de Bogotá, lo que convierte a esta instalación de la Secretaría de Ambiente en el mayor vivero de su tipo de la ciudad, según cuenta Sandra Montoya, bióloga de la Secretaría. No sólo es la mayor de su clase, sino la más barata. El precio promedio de una de estas plantas en cualquier vivero es de $5.600, en Entrenubes es de un poco más de $1.000. Es probable que, además de ser el más grande y barato se su tipo, este vivero sea el más bello. Ubicado a 2.900 metros sobre el nivel del mar, Entrenubes es una de las joyas de la conservación urbana. Son 600 hectáreas, de las cuales 320 son propiedad de la ciudad, que parecen incrustadas en medio de urbanizaciones densamente pobladas de cuatro localidades, y no al revés. Como lo dijo Montoya: “Es verde en el vacío del asfalto”.
El vivero nació en 2007 del trabajo conjunto entre la Secretaría y una asociación de madres cabeza de familia de Usme. En un principio, las instalaciones eran de menor tamaño y los objetivos del proyecto más modestos. La iniciativa era más laboratorio que fábrica de vegetación nativa. En ese momento el plan era que no más de 10 mil plantas saldrían de allí en un año; el mes pasado esa fue la cantidad de especímenes germinados en el vivero. La ampliación comenzó a finales de 2009 y las obras, por un valor de $142 millones, concluyeron a principios de este año.
Entrenubes alimenta 12 proyectos de restauración ecológica que tiene la Secretaría para cubrir la meta de 400 hectáreas restauradas, consignada en el Plan de Desarrollo de la actual administración distrital. Ubicado en la mayor área protegida en perímetro urbano, el vivero también hace las veces de pequeño gran experimento de botánica. “Como casi nadie cultiva estas especies, pues nos estamos inventando algunas técnicas nuevas para acelerar el proceso de crecimiento, escribiendo una parte de la literatura de estas plantas”, explica Montoya.
“En promedio, cada planta se toma dos años en crecer hasta 60 centímetros, la altura mínima para que pueda salir del vivero y trasplantarla al área de restauración correspondiente. Este crecimiento lento es uno de los factores para que, en general, estas especies no sean cultivadas”, afirma John Fernández, administrador de empresas agrícolas, quien está a cargo del manejo del vivero, en el que trabajan tres operarios más de la Secretaría.