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Vivo en zona de parqueo

“¿Qué es ese ruido?... ¿Son cadenas?... ¡Se están llevando el carro!”, exclamó mi hermana corriendo por toda la casa.

23 de mayo de 2014 - 10:53 p. m.
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Salimos a la puerta y una grúa se estaba llevando el carro de nuestros vecinos. Con las cadenas, los operarios de la máquina amarraban el vehículo, mientas que el agente de tránsito ignoraba los gritos de los propietarios y evadía las miradas de los vecinos.

Ustedes dirán: “Bueno, si el carro estaba parqueado en la calle, era justo que se lo llevaran”, pero lo que no saben es que nosotros, los habitantes del barrio El Recuerdo, ubicado al costado norte de Corferias, tenemos que aguantar la invasión de decenas de carros que cada vez que hay feria se parquean en nuestra cuadra, frente a nuestras casas, bloqueando nuestros garajes y provocando una contaminación auditiva insoportable.

“Señor agente, ¿Por qué se lleva mi carro si estoy parqueada en frente de mi casa?… ¿El mío sí se lo lleva y el de todos los infractores que vienen a la feria, esos si no, cierto?”. El policía nos seguía ignorando. Muchas veces hemos llamado a los patrulleros del cuadrante para que nos ayuden a remover los carros, para luchar por nuestro espacio, para hacer valer nuestros derechos ciudadanos. Pero nunca pasa nada, no llegan, y si llegan, se pasean en moto entre los carros.

La grúa se fue y el policía huyó rápidamente sin atender nuestro reclamo. Ese día, el cuidador de carros que varias veces nos ha amenazado por poner en riesgo su negocio, y que se pasea con prepotencia exhibiendo su peto fluorescente como si fuera el dueño de la calle, desapareció.

Yo sé que quienes trabajan cuidando carros también tienen derecho a rebuscarse la vida, así sea en la informalidad. Pero no es justo que amenacen a los ciudadanos, que bloqueen la entrada de las casas con los carros y que los estacionen en ambos lados de la calle.

Así mismo, no es justo que Corferias cobre el servicio parqueadero y, encima, cobre tan caro. El minuto de estacionamiento cuesta 67 pesos. ¿Cuántas horas se demora un visitante en recorrer la feria?, ¿Cuántos visitantes asisten a las diferentes exposiciones?

Pero resulta incluso más insultante que nuestros conciudadanos ignoren la situación; los mismos que llegan sedientos de lectura a la Filbo son quienes se muestran indiferentes ante un poco de cultura ciudadana.

Es así como entre smog y escándalo pasan nuestros días de feria. Seguiremos soportando los ruidos de los animales de Agroexpo a las 12 de la noche y nos resignaremos a bailar ritmos urbanos con un volumen exorbitante gracias al Caraudio. Por lo menos los visitantes podrían comprarnos una que otra artesanía en la feria de diciembre y así pagan la cuota del parqueadero en el que se ha convertido nuestra cuadra.

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* Las crónicas en este espacio han sido escritas por estudiantes de la revista Directo Bogotá

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