Poco después del medio día de este lunes la entrada de los juzgados de Chía, Cundinamarca, estaba bloqueada por una masa de gente. Todos murmuraban que en unos minutos llegaría una de las responsables del secuestro de Luis Santiago Lozano Hermann, el niño de 11 meses que fue secuestrado en su propia casa –en la vereda Tíquiza de Chía–, el pasado miércoles 14 de septiembre. Juan José Lozano Reyes, abuelo del pequeño, se asomaba con timidez por un costado de la muchedumbre para preguntarle a algún conocido si la mujer ya había llegado. “No quiero verle la cara”, diría unos minutos después, “pero sí quiero saber qué pasa con la persona que secuestró a mi nieto”.
Marta Lucía Garzón Muñoz. Así se identificaría en la audiencia de legalización de la captura aquella mujer que tomó en sus brazos a Santiago y se lo llevó a un lugar que todavía está en investigación. Cuando llegó a los juzgados de Chía, Garzón, quien fue novia de Orlando Pelayo Rincón, padre del niño, tiempo atrás, estaba escoltada por decenas de uniformados de la Policía y el CTI. Las personas que esperaban su llegada apenas tuvieron tiempo de abuchearla, porque de inmediato, y a estrujones, la introdujeron en los juzgados.
En medio de la audiencia se revelaría que Garzón nació 13 de julio de 1984 en Duitama (Boyacá). Que en su pasado judicial reza una condena de 32 meses por tráfico de estupefacientes, y que en el momento de la captura, la mujer se encontraba en Villavicencio, en una residencia a orillas del río Coa.
El nombre de Garzón entró a hacer parte de la investigación cuando Pelayo Rincón declaró que él le había pagado $100 mil a esta mujer para que desapareciera a Luis Santiago. La confesión la hizo Pelayo luego de que investigadores del CTI hubieran recibido los testimonios de personas que aseguraron que el señor Pelayo estaba buscando a una persona para que secuestrara al niño. Decían que necesitaba desaparecerlo porque ese niño, fruto de una infidelidad, le podía ocasionar problemas con su actual esposa.
Según la declaración de Pelayo, fue Marta Lucía Garzón quien ingresó a la casa el miércoles, acompañada de un hombre encapuchado. La mamá del niño, Clara Ivonne Lozano, estaba sola. La amenazaron con un arma blanca. Ella opuso resistencia, “porque tiene conocimientos en artes marciales, había hecho un curso”, diría su papá. Cuando intentó resistirse fue golpeada en la boca, en el abdomen y en la espalda; luego fue amordazada y amarrada con cinta aislante. En ese momento el niño fue plagiado.
En el interrogatorio previo con la Fiscalía, Marta Lucía Garzón aceptó haber participado en el plagio. En cambio, al comienzo de la audiencia pública de ayer no pronunció ni una sola palabra. Sólo movía su pierna derecha incesantemente y se cuidaba de que su rostro no fuera captado por ninguna cámara. Garzón vestía una sudadera gris, ancha, y unas sandalias de playa. Afuera de los juzgados cada vez se aglomeraban más personas que gritaban que dejaran ver a la asesina, que diera la cara. La Policía intentaba controlar a las personas que se estaban armando con palos y piedras para “ajusticiar” a la mujer. En lo alto de un muro, una señora recogía firmas para promover la cadena perpetua a los violadores de menores. Según corría la voz, el pequeño Luis Santiago ya estaba muerto. Otros decían que lo tenían escondido en una vivienda entre los municipios cundinamarqueses de Tabio y Tenjo. El CTI no confirmaba ninguna de las versiones, pero adelantaba las labores de investigación.
A Garzón se le imputaron los cargos de secuestro simple agravado por el caso del Luis Santiago, y secuestro simple por la retención de la madre durante el secuestro del pequeño. Sólo en ese momento de la audiencia la mujer interrumpió su silencio. Dijo que aceptaba el secuestro del niño, “ese sí lo acepto, lo otro no, el de la mamá, no”. Si los dos cargos son comprobados, podría pagar una condena de 16 a 31 años. Todavía en la investigación hay un cabo suelto. Ni el CTI, ni la Policía, ni los testigos han hablado del hombre que entró hasta la casa ese miércoles del secuestro, con una capucha puesta. El padre del niño dice que esa persona fue pagada por Garzón, y ella dice lo contrario, que fue el papá de Luis Santiago quien contrató a ese hombre. Al final de la audiencia pública los jueces le impusieron a Garzón detención preventiva en la cárcel de El Buen Pastor, mientras un juez de conocimiento cuantifica la pena.
A las afueras del juzgado los habitantes de Chía seguían clamando justicia. Mientras tanto, la mamá del pequeño, Clara Ivonne, reposaba en su casa, con ayuda de calmantes y atención sicológica. “Mi hija está muy mal. Ella y el papá del niño no habían tenido ningún tipo de controversia. Mi hija no puede creer que él haya hecho eso”, dice don Juan José Lozano. Marta Garzón seguía guardando silencio y cubriéndose el rostro. El Fiscal que la tenía en frente dijo que la mujer lucía tranquila. Tal vez demasiado tranquila.