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Africanos y afrodescendientes en 2013

Esta comunidad apunta a un país en el que se profundice la definición de democracia y paz, en términos del carácter multicultural y pluriétnico.

18 de diciembre de 2013 - 05:02 p. m.
La comunidad afrodescendiente representa más del 10% de la población de Colombia. / Gabriel Aponte
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Reconociendo las múltiples presencias y actuaciones de los afrodescendientes en la vida nacional, tres hechos dan peso político al acontecer afrocolombiano en 2013: la III Cumbre Mundial de Alcaldes y Mandatarios Africanos y Afrodescendientes; la concertación autónoma de organizaciones sociales afrocolombianas en el I Congreso Nacional del Pueblo Negro, Afrocolombiano, Palenquero y Raizal, y la vocería de una mujer negra, en representación del Gobierno Nacional en la mesa de negociaciones de La Habana, serían eslabones que hay que conectar y resignificar para continuar fortaleciendo la acción política afrocolombiana.

Este año, Colombia fue sede de la III Cumbre Mundial de Alcaldes y Mandatarios Africanos y Afrodescendientes (del 12 al 18 de septiembre en Cali y Cartagena), con el propósito de “promover el hermanamiento entre ciudades y profundizar el diálogo político y la cooperación internacional para el desarrollo de la diáspora africana”. Un hecho sin precedentes, escenario de movilización social, política y de visibilización de la población africana y afrodescendiente.

Más que el análisis de la Cumbre y su impacto en la vida de las comunidades afrodescendientes, buscaremos en el logosímbolo del evento algunas pistas que nos permitan vislumbrar la senda recorrida por la población afrocolombiana en 2013.

Una imagen de Nelson Mandela, Martin Luther King Jr. y Barack Obama, con un gesto de poder, animó la convocatoria y realización de la III Cumbre Mundial de Alcaldes y Mandatarios Africanos y Afrodescendientes. Pero ¿qué legado y qué caminos señalan estas tres emblemáticas figuras políticas afros?

Martin Luther King Jr., que no fue un mandatario, transformó su país con el Movimiento por los Derechos Civiles de los negros en EE.UU. para “…hacer realidad las promesas de democracia”. El 28 de agosto pasado ese país celebró el 50º aniversario de la Marcha en Washington, la poderosa movilización en la que pronunció su discurso “Yo tengo un sueño”, en el que señaló: “Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad”.

En la conmemoración pude vivenciar los sentimientos y expresiones de gratitud y de reconocimiento a MLK por su contribución a la nación como un transformador que logró un histórico giro, una incuestionable apertura hacia una democracia racial en EE.UU. Pero en la movilización también se leyeron frases como “aún seguimos marchando”, lo cual significa que el camino hacia la igualdad racial en EE.UU. tiene trechos por recorrer.

La figura de Mandela, un personaje universal muy presente en estos días, nos muestra el largo camino de su lucha contra el racismo, desde el Congreso Nacional Africano hasta la presidencia de Sudáfrica para transformar a su país hacia una democracia. Entre sus frases célebres se encuentran: “Mi ideal más querido es el de una sociedad libre y democrática en la que todos podamos vivir en armonía y con iguales posibilidades” y “una nación no debe juzgarse por cómo trata a sus ciudadanos con mejor posición, sino por cómo trata a los que tienen poco o nada”.

La acción política en Mandela nos señala una vocación por el otro —incluso por el enemigo— y un compromiso con nuestra humanidad compartida. Sus mensajes nos alientan como humanos, nos dicen que somos responsables de nuestro destino y tremendamente poderosos para construirlo.

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Y finalmente, el presidente Barack Obama se declara beneficiario de estas luchas que antecedieron el proceso político que le permitió ser el primer presidente afro de EE.UU. Esta afirmación resalta una necesaria perspectiva histórica que debe estar presente al valorar las conquistas de nuestros pueblos africanos y afrodescendientes. Cada paso constituye un eslabón en la búsqueda de la igualdad y la justicia social. Más allá del proceso político interno de su país, quizás a nivel global esperábamos más del presidente Obama —quien nos habló de “la audacia de la esperanza”—, pero es posible que su contribución sea haber logrado ese histórico salto, medio siglo después de las luchas de Luther King Jr. por los derechos civiles.

Lo anterior nos muestra una senda: la concatenada lucha desde los movimientos sociales afros —el Movimiento por los Derechos Civiles en EE.UU. o el Congreso Nacional Africano en Sudáfrica— hasta la acción política como gobernantes —Mandela y Obama— en la conducción de los destinos de las naciones a las cuales los africanos y afrodescendientes hemos interpelado, y a veces confrontado, para la construcción de una democracia racial.

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También nos muestra la importancia del liderazgo afro global, nos obliga a plantear, por ejemplo en Colombia, cómo hemos reconocido y apoyado a los valiosos líderes de esta comunidad que han contribuido en la construcción de nuestra democracia.

Volviendo al alcance de la III Cumbre Mundial, para el caso de Colombia (un Estado social de derecho, democrático, definido multicultural y pluriétnico en la Constitución de 1991), cabe preguntarnos qué ruta nos señala la Cumbre, en la perspectiva de construir gobiernos democráticos e interculturales para el desarrollo de los afrocolombianos?

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Los conocimientos y las experiencias compartidas en la Cumbre, así como sus conclusiones y compromisos, sin duda servirán para fortalecer los gobiernos locales de comunidades mayoritariamente afrocolombianas, dirigidos por alcaldes de sus mismas comunidades, muchos de los cuales se encuentran en zonas de conflicto, con presencia de grupos y prácticas ilegales como el narcotráfico, con una muy débil presencia del Estado y quizá con los mayores índices de pobreza y de necesidades básicas insatisfechas.

La III Cumbre también aportó elementos para la incidencia política en los departamentos, ciudades o distritos, mayoritariamente mestizos, donde hay presencia de población afrocolombiana. Pero sobretodo, deben aportar al proceso de incidencia política frente al Gobierno Nacional para la inclusión de 4,3 millones de afrocolombianas, según el censo 2005. Para que las políticas de desarrollo económico, educativas, ambientales, culturales, entre otras, incorporen las particularidades, realidades e intereses de esa población.

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Un segundo hecho político relevante fue el I Congreso Nacional del Pueblo Negro, Afrocolombiano, Palenquero y Raizal (en Chocó el 23 al 27 de agosto), evento conmemorativo de los 20 años de la Ley 70 de 1993, que reglamentó derechos étnicos de comunidades negras al territorio, la identidad, el desarrollo y la educación.

Entre los objetivos del Congreso se plantearon “definir la interlocución de las comunidades negras, afrocolombianas, palenqueras y raizales, entre ellas y con el Gobierno Nacional” y “elaborar una propuesta de aplicación del derecho fundamental a la consulta previa y al consentimiento previo, libre e informado, para concertar posteriormente con el Gobierno Nacional”. El principal resultado del Congreso lo constituyó la conformación de un espacio nacional autónomo del pueblo negro, afrocolombiano, palenquero y raizal, como mecanismo de interlocución legítima, incluyente, democrática y representativa entre las comunidades negras y el Estado colombiano.

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Lo anterior reviste singular importancia en momentos en que el país, con la Plaza de Bolívar como centro, asiste a un debate en torno a lo que significan la paz y la democracia; debate nutrido por movimientos sociales que plantearon demandas para la transformación social del país. Es necesario entonces que los afrocolombianos también planteemos lo que significa para nosotros la profundización de la democracia y la paz en Colombia, en términos del carácter multicultural y pluriétnico de nuestra nación.

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