El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Capitán de Bomberos en Mocoa también es damnificado por avalancha

El comandante José Alfonso Cruz Martínez no tiene donde vivir. Dice que el riesgo de inundaciones es latente.

04 de abril de 2017 - 07:23 p. m.
Gustavo Torrijos – El Espectador
PUBLICIDAD

Con la pijama puesta y listo para irse a la cama a dormir junto a su esposa, José Alfonso Cruz Martínez fue sorprendido por la avalancha de lodo y piedra que dejó a un gran sector de Mocoa, Putumayo, irreconocible. Un espantoso temblor anunció la ola de lodo, piedras y palos que se venía sobre miles de pobladores. Hacia las 11 p.m. del pasado viernes, el capitán de Bomberos de Mocoa vivía en carne propia una situación de emergencia de las que está acostumbrado a ser un rescatista y no un damnificado.

Con dos de sus hijas y su esposa, el hombre salió de su casa y se reunió con sus vecinos, y juntos salieron del sector lo más rápido que pudieron. Mientras tanto, a su teléfono llegaban decenas de llamadas de personas pidiendo ayuda y la Policía también le había informado que cientos de habitantes estaban llamando insistentemente para reportar inundaciones a causa de las fuerte lluvia. Horas más tarde, la situación se convertiría en la tragedia más grave que ha vivido la ciudad en la historia reciente.

Una vez dejó a su familia a salvo, se puso su uniforme de bombero y se unió a sus compañeros para atender el desastre que desdibujó a 17 barrios de Mocoa. “Luego vino la creciente de los tres ríos, fue caos total, era una situación difícil de atender, éramos los primeros en llegar, no dábamos abasto. Estuvimos en el barrio La Esmeralda, Los Pinos, el barrio El Progreso, Miraflores, Naranjito, la plaza de mercado, entre otros. Dimos la advertencia de evacuación porque se venía lo peor”, narra el capitán.

El bombero reconoce que él y otras entidades habían monitoreado la zona y habían advertido del riesgo que corrían las personas, por el posible desbordamiento de los ríos. “Es una zona inestable porque está atravesada por tres ríos, siempre se observaban deslizamientos de la montaña, siempre se dan. Hay bastantes minerales, piedra y arena, y en una lluvia de grandes proporciones va haber un material de arrastre. Ese riesgo ha sido latente siempre. Informamos a gestión de riesgo municipal, pero lo difícil es el acceso al sitio, no ha habido posibilidad de entrar con maquinaria porque es montaña encañonada, solo se puede a pie o por la quebrada”, explica Cruz.

En la noche y la madrugada del viernes todo era desconcierto. A ciegas, los que pudieron salir del agua y el lodo corrían por las calles pidiendo auxilio. Pero al amanecer, la gente se dio cuenta realmente de la magnitud de la tragedia. La casa del capitán Cruz quedó destruida, las paredes y el techo se rajaron. La primera noche sus seres queridos lo acogieron con su familia, después se fueron a la estación de bomberos hasta que al siguiente día tuvieron que volver a su casa, aun corriendo el riesgo de que se derrumbe. “Toca demoler o mudarnos. Afortunadamente no perdí seres queridos, solo tengo pérdidas materiales”. Una historia de las que califican de milagro en Mocoa, de aquellas en la que una familia se conserva entera, sin haberles tocado la muerte.

Ver todas las noticias