Tal vez una de las imágenes más comunes del Rodadero, en Santa Marta, sea la de una muchedumbre en medio de la noche sentada sobre la arena de la playa, a duras penas iluminada con faroles cuyo resplandor no alcanza a llegar hasta donde el mar empieza. Un ambiente festivo con grupos de acordeón que hacen sonar los pitos hasta las dos o tres de la madrugada. Sin duda, uno de los planes que prefieren muchos samarios y turistas que llegan a la Perla.
Ese escenario, propio de las horas nocturnas, se cerró desde el pasado lunes. O al menos la fiesta solo podrá ir hasta las 8:00 de la noche por cuenta del decreto 376 del 4 de diciembre de 2015, un documento de 15 páginas, firmado por el alcalde Carlos Eduardo Caicedo, que reglamenta el uso de las playas de Distrito que tienen vocación turística y que impactará de manera inmediata en el Rodadero y Playa Blanca y, gradualmente, en Bello Horizonte, Playa Salguero, Don Jaca, Aeropuerto, la bahía de Santa Marta y Los Cocos.
Entre otras cosas, además de regular la utilización comercial y turística de estos espacios y el establecimiento de horarios para su disfrute, el decreto pretende tener un alcance más interesante, y es el de minimizar los impactos ambientales que la actividad turística, las basuras e, incluso, el constante pisar de los bañistas puedan tener sobre la arena. Una medida que ha caído bien en varios sectores cuya actividad económica depende de las playas.
Carlos Iglesias, gerente de Proyectos Turísticos de Santa Marta, señala que la adopción de la medida surge de la necesidad de mejorar las condiciones de esta ciudad del Caribe como un destino de sol y playa y la de preservar los balnearios. “Se empezó desde el lunes y hoy ya no se ve esa escena (la de la fiesta nocturna) en la playa del Rodadero. Con esto queremos disminuir la afectación sobre la arena (para que no se compacte), la reducción de residuos sólidos y, en general, el impacto que pueda tener la actividad turística sobre el medio ambiente”, expresa.
Por su parte, Omar García, director ejecutivo de la Asociación Hotelera y Turística de Colombia (Cotelco) en el Magdalena, se mostró a favor de la medida ya que considera que impulsa el turismo formal en esa ciudad. “En la noche, lo que es la playa del Rodadero, se convierte en la discoteca más grande de Colombia, en un espacio público invadido en el que se dejan botellas y todo tipo de basura”, señala. Aunque un gran número de turistas disfruta de este plan nocturno en las playas de Santa Marta, García considera que es una actividad que no genera un turismo sostenible.
En esa misma línea, el gremio de carperos también parece estar a gusto ya que, a grandes rasgos, su actividad no resulta afectada porque el decreto habilita el uso de la playa para la instalación de carpas hasta las 6:30 de la tarde. Alejandro Herrera, representante del gremio del que hacen parte 45 carperos, dijo que están reglamentados por la Capitanía de Puerto de Santa Marta y que, como forma de descongestionar la playa del Rodadero, trabajan días intercalados. Para ellos, el decreto establece que no se podrán instalar carpas que no sean previamente aprobadas por el Distrito y que deberán ser cambiadas cada 15 meses o antes, en caso de que presenten deterioro.
Quienes sí han dado señas de inconformidad han sido las personas que se dedican al alquiler de sillas en la noche, debido a que deberán recoger estos elementos mucho más temprano de lo normal y, además, según explica Herrera, la mayoría no están carnetizados y no es claro si se acogerán al decreto expedido.
Otras de las particularidades de la norma es la delimitación de las zonas de bañistas y para la práctica de deportes náuticos con motor y sin motor, que podrán ser practicados desde las 6:30 de la mañana hasta las 5:30 de la tarde. Lo cierto es que esta medida se convierte en un intento por ordenar y salvaguardar las playas del Caribe, un objetivo que también buscan ciudades como Cartagena, que ya cuenta con un proyecto y recursos aprobados por el Fondo Nacional de Turismo para la recuperación de estas y la formalización del comercio.
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