Para los militares, Día D es una forma de referirse a la fecha en la que se va a realizar un combate o una operación de ataque. Eso en estricto sentido. Pero la historia ha querido que así se le conozca a la mayor operación militar de la historia: el desembarco de millones de soldados en las playas de Normandía (Francia), el 6 de junio de 1944, en desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. (Vea aquí el especial: «A construir la paz»)
Pero, aunque sigue vinculado a esa fecha histórica, el tiempo le ha dado nuevos significados a eso que llamamos Día D. Actualmente, ese es el nombre que recibe cualquier fecha clave, definitiva. Sea en el mundo del deporte o en el de la paz. Colombia, por ejemplo, ya tiene su Día D: este 26 de septiembre de 2016, fecha de la firma del acuerdo de paz entre el Gobierno y las Farc.
Y es que Colombia no podía ser la excepción a la regla de que todo proceso de paz tiene su Día D. Todos los acuerdos de paz firmados desde 1992 han tenido, digamos, esa fecha clave: la de poner en los monumentos. Aunque a veces no sea la fecha del cese de las hostilidades o, mejor, del inicio de la paz. Un muy triste ejemplo de esto es lo sucedido en Ruanda en 1994.
El 4 de agosto de 1993, el gobierno de Ruanda y el Frente Patriótico Ruandés firmaron un acuerdo en Arusha (Tanzania), con el que le dieron fin a la guerra civil ruandesa. Sin embargo, al año siguiente, tras el asesinato del presidente Juvénal Habyarimana, se dio inicio a uno de los mayores baños de sangre de la historia: el asesinato de 800.000 tutsis a manos de los hutus.
El genocidio finalizó en julio de ese año, cuando el Frente Patriótico Ruandés obtuvo el control de Kigali, la capital, y obligó a que centenares de hutus huyeran a Zaire, hoy República Democrática del Congo. Algo similar, aunque con sus distancias, ocurrió en Sierra Leona. Allí, pese a que en 1999 el gobierno y el Frente Revolucionario Unido habían llegado a un acuerdo, el cese el fuego no se dio hasta 2002.
En otros casos, como Burundi, hubo varios acuerdos debido a la existencia de varias guerrillas. Por ello, el cese el fuego se dio cuando el Gobierno y la mayor fuerza opositora, las Fuerzas Nacionales de Liberación, se sentaron a dialogar. Y aunque hubo un acuerdo en septiembre de 2006, el fin de las hostilidades se dio el 26 de mayo de 2008.
Sudán del Sur es un caso aparte. En sus 11 años de existencia ese país no ha visto un día de paz, pese a que su independencia hubiera sido producto de un acuerdo de paz con Sudán. Desde 2013, este país es escenario de una cruenta guerra civil entre simpatizantes del presidente Salva Kirr y del vicepresidente Riek Machar. Pese a varios acercamientos, la paz sigue sin concretarse.
En Angola, Liberia y Sudáfrica, el Día D sí coincidió con el fin de las hostilidades. O, en algunos casos, fue incluso después de que se acallaran los fusiles. En Centroamérica, El Salvador, escenario de un conflicto de 12 años entre el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional y el gobierno salvadoreño, el Día D fue el 16 de enero de 1992, cuando se firmaron los Acuerdos de Chapultepec.
En Guatemala, donde gobierno y guerrillas se enfrentaron por 36 años, la fecha del acuerdo fue el 29 de diciembre de 1996. Con una particularidad: los guatemaltecos fueron convocados en 1999 para que decidieran en las urnas si aprobaban o no cuatro reformas propuestas en el acuerdo de paz. Y en unas elecciones en las que hubo una bajísima participación (de apenas el 18,6 %), los guatemaltecos dijeron no.
Algo distinto ocurrió en Irlanda del Norte, donde irlandeses y norirlandeses avalaron el Acuerdo de Viernes Santo, firmado por los gobiernos británico e irlandés, el 10 de abril de 1998. En Irlanda del Norte, el Sí obtuvo el 71 % de los votos, y en Irlanda, el 94 %.
En Asia hubo procesos cortos, exceptuando las negociaciones entre el gobierno filipino y el Frente Moro de Liberación Islámica, cuyo desenlace fue el 27 de marzo de 2014, tras 13 años de negociaciones. En Tayikistán, el Día D fue el 27 de junio de 1997. En Indonesia, el 15 de agosto de 2005. Y en Nepal, el 21 de noviembre de 2006.
Todo proceso necesita su Día D, una fecha para recordar; fundacional, si se quiere. Si las guerras requieren de declaratorias, de rituales, con la paz ocurre lo mismo: requiere de ese misticismo. En el caso colombiano, ponerle punto final a un conflicto de medio siglo y empezar a escribir una historia nueva.