“Hice todo lo posible por mantenerme a flote, como esto ya me resulta imposible, me hundo en el silencio”. Estas fueron las palabras que plasmó en su columna del 25 de noviembre de 1999 el periodista Álvaro Montoya Gómez. También en la caricatura “No va más” publicada el mismo día, el periodista se despidió, con una profunda tristeza, para alejarse por un tiempo de su trabajo como periodista de opinión. Las condiciones para seguir dibujando y seguir escribiendo habían cambiado. Montoya había recibido un sobre que contenía una amenaza en la cual lo obligaban a dejar de publicar sus caricaturas y columnas en las que sus críticas políticas denunciaban los abusos de poder del gobierno de Samper. Álvaro Montoya Gómez nació en Manizales en 1949. Cuando tenía 10 años sus padres se mudaron a Bogotá para que él y sus hermanos pudieran estudiar en la capital. Al momento de ingresar a la universidad escogió derecho por petición de su padre. Sus estudios en la Universidad Nacional de Colombia sólo duraron dos años porque su camino como periodista se fue forjando en el momento que ingresó a trabajar como redactor político en el diario El Siglo en 1971. Su gran amigo, Álvaro Gómez Hurtado, a quien conoció luego de trabajar en sus campañas políticas, lo introdujo en el oficio del periodismo y lo impulsó para que escribiera columnas e hiciera caricaturas que plasmaran, como Gómez le decía, esa necesidad de “andar opinando”. Poco a poco Álvaro Montoya fue conquistando un espacio dentro del periodismo para opinar sobre temas de coyuntura política. Con su talento para dibujar, sus caricaturas se convirtieron en su voz para denunciar y opinar acerca de temas que reflejaban la realidad de una Colombia sumida en crisis económica, con altas tasas de desempleo, poca presencia del Estado en zonas de conflicto y con una guerra entre paramilitares y guerrilla que se había extendido en casi todo el país. Fue en el diario El Siglo donde las “Notas de un Bionauta”, espacio de opinión que el mismo creó, fueron ganando lectores hasta el punto que en 1982 ganó el premio Simón Bolívar como mejor trabajo de análisis de noticias. A medida que Montoya hacía del periodismo su profesión, aprendió de Álvaro Gómez Hurtado que, como lo escribió en el momento que se despidió de sus lectores, “el verdadero periodismo sin libertad es imposible y que la libertad se conquista todos los días en cada columna y en cada caricatura”.| Por su determinación para hacer caricatura política recibió el seudónimo de “ALFIN” y en 1996 la excelencia de sus caricaturas se vio recompensada con el premio Nacional de Periodismo que entrega el Círculo de Periodistas de Bogotá. En 1999 la vida periodística de Montoya cambió. Tras recibir una amenaza contra la vida de sus hijos, fue obligado a dejar de escribir y dibujar. Su caso se sumó al ambiente de pánico que vivían muchos periodistas en el país. En 1999 la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) registró un aumento significativo en el número de amenazas contra la prensa, 15 periodistas debieron callar o cambiar de residencia para proteger su vida y la de sus familiares. La realidad política colombiana había dividido en dos los escenarios donde se ejerce la libertad de prensa; uno donde los actores armados restringieron la posibilidad de informar libremente y otro donde el Estado fue incapaz de dar garantías para el ejercicio del periodismo pues, como en el caso de Montoya, el Estado y sus entidades se convirtieron en los agresores. La amenaza que había recibido Montoya no fue la primera pero si la más preocupante. De por medio estaba la seguridad de sus hijos y ya no podía, como en otras ocasiones, ocultarle a su familia la gravedad de los hechos. A raíz de la amenaza, Montoya cambió por un tiempo el tema de sus columnas, pero como lo dice en su artículo de despedida, “mis convicciones impiden que me convierta en un periodista dietético. Cuando se me prohíbe opinar sobre un tema, todos los demás temas están en peligro.” Fue así que entre conversaciones con sus familiares, Álvaro decidió despedirse en 2001 del periodismo colombiano y exiliarse solo en Paraguay. Un silencio prolongado había comenzado en un país con el que hoy en día está muy agradecido. Sus colegas y amigos, entre ellos los caricaturistas Palosa, Grosso y Osuna, hicieron caricaturas para despedirlo y condenaron las amenazas que había recibido Montoya, pues el Estado había silenciado la voz de un caricaturista que se había atrevido a decir las cosas abiertamente. En Paraguay vivió solamente 8 meses. No aguanto la soledad que sentía al no estar con su familia y tampoco daba con ninguna otra alternativa ajena al periodismo para vivir. Decidió comenzar una vida en la clandestinidad y volver a Colombia. No escribió ni dibujó nada para publicar por 3 años a pesar de que tenía la firme intención de opinar sobre las gestiones del gobierno. Si bien muchos periódicos le ofrecieron a Montoya la posibilidad de vincularse de nuevo al periodismo, Álvaro decidió volver al periódico El Siglo donde se le había dado la posibilidad de ser periodista desde un comienzo. Actualmente Montoya publica caricaturas tres veces por semana en la edición web del periódico El Nuevo Siglo. Él afirma con emoción que continúa siendo un fuerte crítico de los políticos que todos los días dan tanto de que hablar pero sus caricaturas han cambiado un poco. Ahora dibuja en el computador y dice que mientras pueda va a seguir ejerciendo el periodismo de opinión a través de las caricaturas. Según Montoya, él nunca aceptó favores políticos y mucho menos dibujaba o escribía acerca de cosas que los demás quisieran. Su libertad y autenticidad lo habían hecho ganador de distinciones que lo posicionaban como uno de los mejores caricaturistas de opinión del país. Sin embargo, la estigmatización de la prensa como un enemigo, hizo que el periodista cambiara de estilo de vida y sin duda, el periodismo de opinión dejó en el olvido a uno de sus grandes maestros.