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«El presidente debería responder con un gesto de paz»: Samper

El expresidente Ernesto Samper propone una estrategia para humanizar la guerra mientras se buscan escenarios de diálogo con las guerrillas.

02 de abril de 2012 - 06:32 p. m.
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¿Según usted, cuál es el comienzo de un proceso de paz serio?

Yo pensaría que el presidente después de las liberaciones, que yo considero que sumadas a la declaración de la renuncia al secuestro por parte de las Farc, si constituyen un hecho de paz. Yo esperaría que el presidente respondiera a ese hecho de paz con otro hecho de paz. No me atrevo a decir cual debe ser. El presidente tiene la sartén por el mango.

¿Pero cuál sería el principio?

No hay un comienzo mágico. Esto comienza por algún sitio y ahí hay que irlo construyendo. Por ejemplo yo comenzaría proponiéndole a las Farc y al Eln un acuerdo de mínimos humanitarios para humanizar el conflicto mientras que se termina y plantearía cinco puntos fundamentales: no al secuestro, sacara a los menores de la guerra, iniciar el desminado de los campos, respeto a los hospitales y las escuelas y prohibición de los bombardeos masivos que involucren vidas de los civiles inocentes. Ese podría ser el comienzo de una estrategia de acercamiento alrededor de cosas que no serían discutibles con nadie.

¿Qué hacer con las 405 víctimas de secuestros extorsivos que aún están en cautiverio?

Pienso que de la mano de instituciones muy respetables como País Libre el gobierno podría montar una estrategia de acompañamiento, como se hizo en mi gobierno nombrando un zar antisecuestro, para que le ayude a las familias a sacar a sus familiares. Pero también para que se establezca un censo para saber realmente cuantos son los secuestrados, dónde están y quien los tiene, porque aquí también hay mucho fenómeno de delincuencia común que se disfraza de guerrilla. Segundo, habría que darles un acompañamiento sicológico y crear las condiciones de negociación para que puedan seguir libres. Y por supuesto hay que exigirle a las Farc que acelere en su promesa de que no haya más secuestrados.

¿Ahora que se cierra este capítulo del secuestro en Colombia, qué va a pasar con las Farc?

Las Farc tienen todavía una estructura política jerarquizada, así tengan fuentes irregulares de financiación. Todos estos recursos los han venido canalizando hacia su capacidad ofensiva. No se constata casos de acumulación masiva como organización. Todavía hay un margen para que ellos desmonten su estructura militar a las buenas y no a las malas. Por eso creo que hay que insistir en la posibilidad de que después de estas liberaciones, se de un borrón y cuenta nueva, para plantear una estrategia para buscar la salida política del conflicto. Obviamente a esto se van a oponer los sectores interesados en que el país profundice la guerra y continúe la carnicería.

¿Hace falta un comisionado de paz?

La forma como el busca estos acercamientos es muy personal. Yo que fui víctima de procesos paralelos sé lo importante que es rodear al presidente para que sea el él quien tenga la iniciativa, sin dejar por fuera a la sociedad civil. Sin embargo, él tiene que decidir hasta qué punto y en qué niveles pueden ayudar otros.

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¿Qué papel ha jugado el canje en estos largos años de guerra?

Lamentablemente ninguno. El presidente Uribe alcanzó a liberar casi 200 guerrilleros pero lo hizo de una manera unilateral y afrentosa con la guerrilla que prácticamente desperdició una oportunidad histórica para que se hubiera podido liberar a los uniformados secuestrados hace ocho años. Hubo remedos de canje en que simplemente el presidente hacía una liberación que no estaba convenida ni acordada, que no tenía como objetivo sacar a los que estaban secuestrados sino demostrar que él tenía el poder de hacer liberaciones unilaterales, sin hacer acuerdos. Y la gran contradicción que vivimos en estos años fue que de una parte las Farc pedía que se le aplicaran las reglas del DIH sin que ellos lo reconozcan y el presidente Uribe, que como lo dijo el presidente López, no estaba interesado en un acuerdo sino en una victoria militar.

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Después de estos últimos 20 años de secuestro en Colombia, y si es cierto que hoy acaba este flagelo, ¿cuál es su balance?

Esto tiene un final feliz s i se mira el último capítulo pero si se mira toda la novela de los 63 secuestrados originalmente hay 27 asesinados en el proceso. Eso no puede ser un buen balance.

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¿Cómo terminó trabajando en temas humanitarios?

Me involucré en el tema hacia el año 2002, cuando se empezó a plantear la idea de un intercambio para sacar a los secuestrados a cambio de dejar soltar a unos comandantes que estaban en la cárcel. Entonces, junto con el presidente Alfonso López, quien fue uno de los pioneros del Derecho Internacional Humanitario (DIH), empezamos a apoyar la idea. En mi gobierno se aprobaron los protocolos 1 y 2 de la Convención de Ginebra, que tienen por objetivo ponerle dientes a las normas humanitarias. Ese fue el primer contacto. Después empezamos a trabajar -con el presidente López- en ambientar un intercambio y acercar a las partes. Luego tomamos la decisión de crear una coordinadora para el acuerdo humanitario, en la cual pudieran converger todas las organizaciones que estaban planteando el tema: familiares de los secuestrados y académicos. Esa coordinadora se ha venido reuniendo durante diez años. La cual en épocas difíciles sirvió para darle estímulo a la gente, y en las más fáciles para como espacio de encuentro y para no abandonará el tema de los secuestrados. Realmente el intercambio no se pudo dar y el presidente López se fue sin verlo realizado. Entonces empecé a apoyar a Piedad en las gestiones que se comenzaban a hacer para que se liberara unilateralmente a los secuestrados. Gestiones que han permitido la libertad de 24 secuestrados. Hemos estado en todo este viacrucis que incluye el asesinato de los diputados del Valle, la operación de Urrao, en la que prácticamente se sacrificaron a Guillermo Gaviria, Gilberto Echeverry y todos los compañeros que cayeron y recientemente los hechos del Putumayo.

¿En qué términos?

Me involucré directamente en el tema humanitario hacia el año 2002, cuando se empezó a plantear seriamente la idea de un intercambio humanitario para sacar a los secuestrados a cambio de dejar en libertad a unos comandantes que estaban en las cárceles. Ese acuerdo está permitido por los artículos terceros de las Convención de Ginebra y comenzamos a apoyarlo con el presidente Alfonso López, quien fue uno de los pioneros del Derecho Internacional Humanitario. En mi gobierno se aprobaron los protocolos uno y dos de la Convención de Ginebra, que tienen por objetivo ponerle dientes a las normas humanitarias en el país. Ese fue el primer contacto con el tema y empezamos a trabajar con el presidente López para ambientar la posibilidad de un intercambio, para acercar las partes. Luego tomamos la decisión de crear una coordinadora para el acuerdo humanitario, en la cual pudieran converger todas las organizaciones que estaban planteando el tema, los familiares de los secuestrados, académicos y esa coordinadora se ha venido reuniendo durante diez años. Hemos celebrado entre 30 y 35 reuniones. En las épocas difícil sirvió para darle estímulo a la gente, y en las épocas más fáciles para servir de espacio para que la gente se encontrara y no abandonará el tema de los secuestrados. Realmente el intercambio no se pudo dar y el presidente López se fue sin conocer la posibilidad del acuerdo y yo empecé a apoyar a Piedad en las gestiones que se comenzaban a hacer para que se liberara unilateralmente a los secuestrados. Gestiones que han permitido la libertad de 24 secuestrados. Hemos estado en todo este viacrucis que incluye el asesinato de los diputados del Valle, la operación de Urrao, en la que prácticamente se sacrificaron a Guillermo Gaviria, Gilberto Echeverry y todos los compañeros que cayeron, recientemente los hechos del Putumayo.

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¿Durante su presidencia en qué avanzó el tema humanitario?

En la constitución del 91 se aceptó el Derecho Internacional Humanitario como fuente del derecho y parte del núcleo fundamental de la Constitución pero cuando realmente se desarrollaron las normas humanitarias fue con la firma de los protocolos 1 y 2 de la convención de Ginebra y sacamos unas leyes que implementaban estos protocolos. Y en mi gobierno se alcanzó un acuerdo humanitario que permitió la devolución de los 64 soldados de las delicias, después de un despeje de 11 mil kilómetros en el Caguán. Allí no hubo intercambio sino simplemente un acuerdo humanitario para asegurar la vida de estos soldados.

¿Cómo vivió el tránsito de manejar estos temas como presidente a como civil?

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Cuando salí de la presidencia fundé una corporación que se llama Vivamos Humanos, que está exclusivamente a promover el derecho Internacional Humanitario y con esa corporación hemos hecho acto de presencia en todas las ocasiones de liberación que se han producido en los últimos años, particularmente en la era Uribe y la era Santos.

Durante el gobierno de Pastrana fue el momento en que se estuvo más cerca de que se llegara a un acuerdo con las Farc. ¿Por qué, según su opinión, nunca se pudo llegar a nada?

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No estaban dadas las circunstancias que hoy sí se pueden constatar: el balance de fuerzas no era favorable al Estado. Había una clara desventaja, las Farc tenía una intención más de fortalecerse con el proceso que de llegar a un acuerdo definitivo; el entorno internacional no era tan favorable; la presencia de los grupos paramilitares era muy fuerte y agresiva y eso preocupaba a las Farc. Y finalmente no había una decisión clara de avanzar en reformas sociales.

Entonces usted cree que hoy si hay condiciones. ¿Cuáles son?

Hoy hay una coincidencia de astros. Primero el equilibrio de fuerzas. Hoy las Farc está más a la defensiva que a la ofensiva, como lo estaba hace diez años, segundo, el entorno internacional favorable que ha creado el presidente santos con su acercamiento a Venezuela, Cuba y los países vecinos, marcando una respetuosa distancia con los Estados Unidos; tercero el desmonte de los aparatos paramilitares, que era una de las más grandes amenazas para la desmovilización; cuarto, las leyes sociales de la ley de víctimas y tierras, que sin duda son una apuesta en la dirección correcta; y quinto, lo más importante, es que hay una voluntad expresa del gobierno de jalarle al tema.

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