Andrés Restrepo, el secretario (e) de Gobierno de Bogotá, es también el líder de la política distrital en temas de seguridad. Para él, asuntos como la reducción del índice de homicidios y el de delincuencia son prioritarios, pero no insiste en que los esfuerzos deben concentrarse más allá del tema represivo.
¿Por qué su insistencia en que la seguridad es más que el control de los homicidios?
La seguridad urbana no debe medirse exclusivamente en la tasa de homicidio. Debe haber un índice de seguridad que muestre mucho más que cuántas muertes violentas hay en una ciudad. Por ejemplo, si una persona de una opción sexual diferente tiene realmente la posibilidad de vivir su vida tranquilamente sin ser atacada o molestada. La cantidad de tiempo que un ciudadano puede dedicarle a la actividad cultural, la propia oferta cultural debe ser indicador de seguridad humana, desde el punto de vista de calidad. El empleo también es muy importante. ¿Y cómo no va a ser mejor una ciudad que tenga educación pública gratuita?
Una definición muy del estilo de Naciones Unidas.
Es que la seguridad es la condición que permite la realización de los demás derechos y desde esta perspectiva casi que la asumimos como el derecho primario, que genera contextos de realización individual de los demás derechos. Por lo tanto, el indicador de seguridad humana de una ciudad debe ser el resultado de un conjunto de reflexiones derivado de condiciones de realización individual.
No por eso excluye variables como el homicidio.
Es un indicador más amplio. Hay ciudades que tienen tasas de homicidio de uno o dos, pero son absolutamente represivas. En sociedades islámicas, donde el homicidio es tan bajo, hay unos factores que perturban la tranquilidad emocional individual de muchas formas.
Eso podría verse como una estrategia para esconder cifras…
Es algo difícil de evitar en un contexto de conflicto armado interno, en donde hay presencia de narcotráfico y paramilitarismo. Algunos dicen que somos soñadores empedernidos.
¿Qué tan grave es el crimen organizado en la ciudad?
Desde 2008 encontramos un cambio cualitativo en las dinámicas de violencias, por síntomas como una mayor presencia de grupos en el mercado del microtráfico y una fenomenología de disputa territorial y de las ollas y sus grupos de consumo. Buscaban en ciudades los terrenos financieros perdidos en lo rural.
¿Y los homicidios?
Las principales preocupaciones de los bogotanos, según nuestras encuestas, son el microtráfico en los barrios, la afectación de los jóvenes por la violencia, las pandillas y el hurto. Uno de los éxitos de Bogotá es la tendencia de la tasa de homicidios decreciente, aunque con un repunte específico en parte del año pasado.
¿Cambiaron las modalidades delictivas?
Como le ponemos el foco al homicidio y a la espectacularidad de ciertos fenómenos delincuenciales, dejamos a un lado los que a veces son más cercanos a la cotidianidad de las personas. Las riñas que reportan al 123 están derivadas de que la gente no ha consensuado una ética de comportamiento en la propiedad horizontal: el niño rayó el ascensor, el adulto mayor salió indebidamente vestido. La gente se queja mucho más por el hurto en el bus, la caca de las mascotas en los jardines, los vecinos descuidados con las basuras, la gente que escupe, todo el conjunto de perturbaciones derivadas de la falta de cultura ciudadana.
¿Cuáles son los retos de la ciudad en temas de seguridad?
Ser capaces de lograr que el énfasis en la seguridad urbana sea tan grande en la política nacional como lo fue el de la seguridad democrática en lo rural. Capacitar a la Fuerza Pública en temas de ciudad, neutralizar el microtráfico, promover el desarme y la garantía del disfrute de los derechos ciudadanos. Y, por supuesto, dar la discusión sobre cómo se debe financiar la seguridad urbana.