Mientras una mujer leía la tercera palabra del Sermón de las Siete Palabras, ceremonia tradicional que se realiza el Viernes Santo, los feligreses de una iglesia de Soacha se vieron envueltos en una nube de humo y de inmediato se percataron que en la parte de atrás del templo algo se quemaba.
El pánico se propagó rápidamente, igual que el humo, entre los más de dos mil asistentes que a esa hora de la noche cumplían con el deber del buen cristiano. La iglesia se convirtió en el escenario de una estampida humana que buscaba la salida más próxima para salvar su vida.
Sin importar quién estaba al lado, la multitud empujaba presurosamente para lograr llegar cuanto antes a la calle. Niños y ancianos quedaron atrapados en medio de la multitud y a expensas de que a alguien se le conmoviera el corazón y los ayudará a ponerse a salvo.
Algunos buenos samaritanos aparecieron en la escena y dejaron la preocupación por la vida propia y, solidarios, buscaron un lugar seguro para los menores y para los abuelos, que por más que intentarán por sus propios medios salir rápidamente del templo no lo lograban.
Pero no todos consiguieron salvar su vida. Una abuela de 74 años murió en la casa de Dios, aplastada por la pesada puerta que varios feligreses, minutos antes, echaron abajo como una hoja de papel; con la fuerza del miedo y del instinto de conservación.
La mujer llegó sin vida al centro médico del municipio, donde también fueron atendidos otros once heridos que durante el hecho sufrieron leves traumas de tejidos blandos. Sólo dos de los lesionados permanecen bajo observación médica; los demás ya regresaron a casa.
Después de la euforia que causó el incendio, las autoridades explicaron que el fuego se inició en un candelabro que permanecía en la parte trasera del templo y que uno de los acólitos al percatarse de lo que ocurría, activó un extintor; fue el humo del mismo el que inició la emergencia que terminó con el fallecimiento de la mujer de 74 años, quien murió en la casa de Dios, un Viernes Santo, el mismo día en que se conmemoraba la muerte de Jesucristo.