Gobierno y Farc iniciarán el jueves en La Habana la ronda 15 de conversaciones en búsqueda de un acuerdo para poner fin al conflicto. Mañana, en las plenarias de Senado y Cámara de Representantes, comenzará a abordarse la discusión del referendo para refrendar la paz. Entre este martes y el jueves, en San José del Guaviare, se llevará a cabo el foro regional sobre la solución al problema de los cultivos ilícitos —organizado por las Naciones Unidas y la Universidad Nacional—, cuyas conclusiones buscan enriquecer el debate en Cuba. Y según reveló ayer el presidente del Congreso, el senador Juan Fernando Cristo, el presidente Juan Manuel Santos ya avaló la visita de una comisión del Legislativo a La Habana, para reunirse con los equipos negociadores de Gobierno y guerrilla.
Son las últimas movidas en torno a un proceso de paz acosado por el devenir del debate electoral de 2014 —tanto a Congreso como a Presidencia— y una opinión pública desgastada por el tire y afloje de las Farc y la falta de resultados concretos en el segundo punto de la agenda, el de la participación política— así el mismo jefe de Estado diga que se avanza en el camino correcto y que no hay que “pararle bolas” a lo que se dice por fuera de la mesa. Lo cierto es que tanto Santos como la guerrilla saben que el tiempo es hoy una espada de Damocles sobre las negociaciones y que se hace urgente tomar decisiones que afiancen o, al menos, le den un segundo aire. Y según conoció El Espectador, es lo que se vendrá en las próximas semanas.
La más trascendental tendría que ver con hacer una pausa o un receso en los diálogos, mientras se surte el debate electoral. Hay quienes creen en la Casa de Nariño que el bajón en las encuestas es consecuencia de las negociaciones de paz en La Habana, a pesar de ser un gobierno con muchas ejecutorias. Para los asesores del jefe de Estado no se trata pues de la acérrima oposición del expresidente Uribe ni las protestas sociales las que derrumbaron su imagen, sino la falta de compromiso y la soberbia que los colombianos ven en las Farc. Y ante la anunciada búsqueda de la reelección de sus políticas —que todo indica sí será en cuerpo propio— se hace necesario seguir subiéndole el tono a la guerrilla, así a sus comandantes no les guste.
Algo que se podría decir empezó este fin de semana con la negativa de autorizar la participación del reverendo estadounidense Jesse Jackson, en la liberación del marine retirado Kevin Scott, secuestrado por las Farc desde hace más de tres meses, tal y como había pedido esa guerrilla: “Solamente la Cruz Roja será autorizada para facilitar la entrega del norteamericano secuestrado. No permitiremos espectáculo mediático”, dijo Santos a través de un mensaje en su cuenta de Twitter. Como quien dice, en Presidencia saben que la apuesta por la paz ha sido muy costosa en materia de popularidad y “hay que corregir”, como lo dijo ayer en entrevista con este diario Juan Mesa, exconsejero de comunicaciones y hoy directivo de la Fundación Buen Gobierno.
Ahora, hablar de un receso en las conversaciones obliga a su vez a pensar en una estrategia que permita darle confianza a la ciudadanía de que se volverá a retomar el camino, ahora sí hacia la concreción de un acuerdo final. En este sentido, se estaría pensando en sacar adelante una especie de “acuerdo parcial”. Pero antes, el presidente Santos les exigiría a las Farc un compromiso en temas claves de la negociación, como el reconocimiento a las víctimas y la erradicación de los cultivos ilícitos, el desmantelamiento de laboratorios y la entrega de rutas de salida de narcóticos. Una opción que se cree viable, pues la actual postura de la guerrilla apunta a demostrar que no es el único eslabón en la cadena del narcotráfico.
Eso sí, en los más cercanos círculos presidenciales están convencidos de que la paz se puede salvar sin tener que sacrificar las “ambiciones políticas” personales —léase reelección— como lo sugiriera la semana pasada el expresidente Andrés Pastrana. Lo que creen es que quedarse otros cuatro años en el poder para consolidar su proyecto y acabar con el conflicto es un derecho y hasta un deber del primer mandatario. Por eso, conscientes de que las críticas arreciarán a medida que el proceso electoral avance, la idea es cerrar filas en la Unidad Nacional —con más “mermelada” si es el caso— y, sobre todo, enviar el mensaje de que hay persistencia en el proceso de La Habana.
“Las Farc tienen que entender que más adelante será muy difícil que otro presidente haga una apuesta tan costosa en términos de popularidad. Tienen que ser conscientes que van camino a la derrota militar y si no aprovechan este momento sólo les queda el sometimiento o la desmovilización paulatina. Y para el Gobierno es importante que empiece a exigir resultados”, señaló el senador Roy Barreras. “Es la última oportunidad que les da la historia, de lo contrario pasarán muchos años para que un gobierno vuelva a buscar la forma de negociar con ellos. En cuanto al presidente Santos, sin duda su apuesta por la paz ha sido costosa en popularidad y la firma de un acuerdo se vería reflejada en las encuestas, pero no creo que eso sea lo que le importe. La paz lo podrá en un lugar en la historia del país”, concluye el representante a la Cámara Guillermo Rivera.