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Hay vida después de la trata de personas

Un colectivo de víctimas de trata de personas crea un video y un manual de difusión gratuita para explicar cómo sobrevivir a esa experiencia.

08 de mayo de 2016 - 09:20 p. m.
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“Yo he tenido que aprender a verme a mí misma como una nueva persona. No fui culpable de lo que me sucedió, pero para sanar ese pasado he tenido que repetirme, cada día, que la vida me ha dado una nueva oportunidad”, comenta sonriente Carla (seudónimo), quien fue tratada para la explotación sexual en Asia y hoy es una de las líderes del colectivo Mujer Frontera. “He vivido muchos cambios en este proceso de reconstrucción. He aprendido cosas que nunca imaginé: a ser resiliente, a empoderarme. ¡Hay vida después de la trata! Nosotras lo hemos logrado”.

Este colectivo de sobrevivientes, que se inició en 2009, hoy en día cuenta con 32 integrantes de 17 nacionalidades distintas. Entre todas han desarrollado un trabajo de empoderamiento para enfrentar sus vivencias del día a día desde una perspectiva de la transformación. “Cuando empezamos el proceso de redireccionar nuestra vida después de la trata, muchas de nosotras sentimos que la gente nos veía con lástima. Para muchos somos víctimas eternas. Un imaginario con el que nos vamos encontrando continuamente y que los medios de comunicación se han encargado de reforzar”, dice Lily (seudónimo), quien fue explotada laboralmente en Arabia Saudí. El propósito de esta asociación de mujeres es que su experiencia sea conocida por la sociedad, pero no desde los detalles amarillistas que las revictimizan una y otra vez y no ayudan a su bienestar psicológico, sino desde las estrategias que han utilizado para resistir el período de trata y la postrata.

El trabajo de estas mujeres se ha materializado en la elaboración de un manual y un video de difusión gratuita online. Los dos formatos explican herramientas y dan ideas a víctimas sobre cómo sobrevivir a la experiencia de trata: identificarse como víctima, cómo escapar, dónde buscar ayuda y qué esperar de los servicios de atención. Su trabajo también puede ser utilizado por diversos agentes sociales y colegios para identificar y prevenir posibles casos de trata de personas.

“Nosotras creemos que así tú no estés en riesgo de ser víctima de trata, podrías estar muy cerca de personas que sí pueden estarlo. Al estar informada podrías ayudar”, comenta Aurora (seudónimo), quien vivió cinco años esclavizada por su marido en Alemania. Esta es otra modalidad de tráfico humano denominada matrimonio servil. “Mis vecinos, a pesar de que sabían que algo andaba mal, no sabían lo que pasaba de puertas para adentro”, agrega.

 

De víctimas a actores sociales

Este colectivo, que empezó con tres mujeres y una investigadora social colombiana, cuenta con más de 30 mujeres que residen en diferentes países. Su trabajo, basado en sus experiencias al ser víctimas de trata, les ha permitido influir en espacios sociales y políticos. Mujer Frontera forma parte de la Plataforma de la Sociedad Civil Contra la Trata de Personas de la Comisión Europea.  Al hablar sobre la movilización política del colectivo Helga Flamtermesky, la investigadora social que coordina este proyecto, explica que “lastimosamente nos hemos dado cuenta de que muchos de los equipos de trabajo y las instituciones que han elaborado los protocolos y manuales de atención a víctimas, e incluso las leyes que las amparan, nunca habían conocido ni hablado con una. Y los pocos que sí, sólo habían tenido un contacto muy breve”. Según la investigadora, este hecho es muy crucial para el éxito o no de una política pública, ya que muchas de las decisiones se están tomando desde el imaginario de lo que tendría o debería ser una víctima, y esa no es una manera correcta de trabajar. “Nos hemos organizado como agentes sociales para romper el hábito de que otros, que en su mayoría no saben, hablen por nosotras, hagan leyes y protocolos para nosotras, pero sin nosotras”, puntualiza Lily, quien ha recibido cursos de atención y empoderamiento para exvíctimas e inmigrantes. 

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