Ya no alcanzan los dedos de las manos para contar los dramas invernales en Bogotá que, con el paso de los días y del agua, crecen como una inundación. La situación es la siguiente: deslizamiento en el barrio Cordillera Sur de Ciudad Bolívar, inundación en Kennedy, cierre permanente en la Circunvalar, desbordamientos cerca al aeropuerto El Dorado, paso restringido en la variante Teletón, tres barrios inundados en Bosa, 30 casas inundadas en Engativá… Si vuelve a llover, que es lo más probable según el Ideam (Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia), el asunto sería aún más caótico, por lo que anoche cerca de las 12 p.m. la alcaldesa Clara López en reunión extraordinaria decidió declarar la emergencia en la ciudad por riesgo de inundaciones y deslizamientos de tierra.
Las autoridades distritales, organizadas en el Sistema de Prevención y Atención de Emergencias y en 20 comités locales –uno por cada localidad de la capital- anuncian que estarán dando instrucciones en los barrios afectados y que éstas serán especialmente sobre evacuaciones. Las localidades que más preocupan son, claro, las ribereñas Engativá, Fontibón, Suba, Kennedy y Bosa. La principal cifra de la emergencia bogotana señala que hasta el momento van contabilizados ocho mil damnificados. “Estamos en una situación de fragilidad, sobre todo para los niños”, comentó la alcaldesa.
Y mientras el agua que cae del cielo parece sobrar, la de la llave tendrá que ser paradójicamente racionada, según pidió a los ciudadanos la mandataria local. Esto porque entre menos agua llegue por el sistema de drenaje al río Bogotá, más se podría prevenir un desbordamiento. Así, el Distrito sugirió reducir de 100 a 40 litros diarios el promedio de gasto del líquido por persona. De lo contrario no se descarta un racionamiento obligado.
En realidad, por estos días no se descarta nada de continuar los fuertes aguaceros. Incluyendo que termine afectada la pista del aeropuerto El Dorado, cerca de donde se desbordó un humedal en las últimas horas.
El panorama no es muy distinto en Cundinamarca y el resto del país. En el departamento el río Bogotá bajó esperanzadoramente sus niveles, sin embargo se trata de una situación que seguro cambiaría con cualquier lluvia. Las autoridades siguen trabajando para arreglar el jarillón San Jacinto, cuya ruptura inundó un conjunto residencial en Chía, y para controlar la altura del agua en la laguna de Fúquene y en el paso de la variante Teletón que conduce a Bogotá. 1.500 damnificados se cuentan ya en la zona. “Si llega a llover hoy sería fatal”, advierte una funcionaria de la gobernación. A rogar entonces.