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“La erradicación terrestre con glifosato va a provocar más muertes”: Daniel Rico

El exasesor de Política Antinarcóticos del Mindefensa asegura que la técnica, que este miércoles se decide si se usa en el país, es un riesgo para la salud de los erradicadores que estarían cargando el químico en sus espaldas 40 horas a la semana.

03 de mayo de 2016 - 09:59 p. m.
Daniel Rico fue asesor en políticas antinarcóticos del Ministerio de Defensa / Andrés Torres
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En mayo del año pasado, el Consejo Nacional de Estupefacientes anunció que las aspersiones aéreas con glifosato para combatir los cultivos de uso ilícito se suspendían en el país. La entidad acató la recomendación hecha por el Ministerio de Salud luego de que la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC) lo clasificara como un agente “probablemente cancerígeno”. Mientras tanto, ambientalistas y activistas de derechos humanos celebraban la decisión.

Un año después del anuncio, el Consejo Nacional de Estupefacientes decidirá este miércoles si las aspersiones con glifosato vuelven, esta vez desde tierra y de forma manual. De acuerdo con los argumentos de la Policía, esta técnica permite erradicar entre cinco y seis hectáreas al día, mientras que la erradicación manual acaba 1,5 hectáreas. La entidad ha informado que ya se han realizado pruebas positivas en zonas como Tumaco.

Sin embargo, Daniel Rico exasesor de Política Antinarcóticos del Mindefensa, miembro de la Fundación Ideas para la Paz y detractor de la iniciativa, asegura que las aspersiones terrestres no son viables y exponen un mayor riesgo para las personas. En entrevista con El Espectador explica sus razones.

¿Qué tienen de malo las aspersiones terrestres en reemplazo de las aéreas?

Eso es algo que ya se hizo antes y no funcionó. En 2009 se hicieron los primeros pilotos, yo era asesor del Ministerio de Defensa y resultó inviable técnicamente porque para hacer la mezcla el glifosato se necesita agua y un sulfatante, y conseguir el agua es complicado porque son zonas apartadas. También hay problemas logísticos para conseguir energía para los cacorros y el proceso era muy lento, no se mataban las matas (solamente entre el 20% y 30%). Todo ese esfuerzo para lograr una pequeña transformación no era muy coherente. El segundo intento se hizo en 2012, cuando volvió a ser inviable. La erradicación manual es muy costosa y cobra vidas humanas, por ahora llevamos 280 muertos y mil heridos y amputados.

¿Este año ya se hicieron pruebas piloto?

El Ministerio de Defensa es el que está jalonando eso y hoy se vuelve a hacer la propuesta de aspersiones terrestres, pero con estudios que no son públicos. Lo que pedimos es que se muestren los resultados, que una universidad los valide. ¿Los estudios actuales pudieron resolver los problemas de los anteriores? A mí lo que me dicen algunas fuentes es que no.

Entonces, ¿es mejor para el país seguir con la erradicación manual?

La erradicación manual es que unos soldados y policías erradicadores andan por el territorio arrancando las matas (en este momento sin químicos). Ahí hay un riesgo porque hay minas antipersonales, pero los equipos se mueven más rápido. La aspersión terrestre es poner a una persona, con un mezclador con 30 kilos glifosato en la espalda, que reparte el líquido en el terreno. Hay dos problemas. El primero es que usar el químico genera un riesgo para la salud. El segundo es que vamos a tener mucha gente expuesta a minas, disparos y por tanto vamos a tener muchos más muertos. Que el Estado se enfoque de nuevo en reducir los cultivos ilícitos a punta de erradicación manual con o sin glifosato es perverso.

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¿Y cuál ha sido la experiencia de otros países que han implementado la aspersión terrestre?

Ningún país la ha hecho que yo sepa. Han hecho erradicación manual en Perú, Guatemala y México. Pero ésta como tal no sirve para nada porque genera resiembra. A la gente le tumban los cultivos y luego vuelven y siembran.

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¿Quiénes serán los operarios que adelantarán esos trabajos?

Los que van a hacer eso son especialmente policías, yo no sé si al final el cacorro lo va a cargar el uniformado o el erradicador manual, que casi siempre son campesinos, pero las personas de seguridad y las que estarán en el terreno serán los policías. No se manda a los grupos jungla u oficiales, sino a quienes prestan el servicio por 18 meses y los entrenan durante tres meses. Mandamos a la boca del lobo a los policías más inexpertos.

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El Gobierno solicitó recientemente un cambio en la política de drogas en el mundo, en el marco de Ungass. ¿Esta decisión iría en contravía de esta posición?

En la Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre Drogas (Ungass), el presidente Juan Manuel Santos hizo un llamado coherente y lógico, en un sentido humano y progresista, para pedir que se eliminara la pena de muerte en el mundo para los delitos relacionados con el tráfico de drogas, eso es correcto. Lo que es incorrecto es decirle ahora al mundo que el país hará una estrategia que no va a lograr reducir la coca, ni mejorar la condiciones de vida de los ciudadanos, sino que aumentaría la cifra de mutilados y muertos. Son dos líneas contradictorias y yo creo que se debe seguir la que dijo el presidente la semana pasada.

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¿En estas nuevas aspersiones se usaría la misma fórmula del químico?

Es casi lo mismo. Puede haber unas variaciones mínimas, por ejemplo en la cantidad de agua o glifosato pero no es una diferencia grande. Lo que sí hace la diferencia es el contacto de la gente con el glifosato, antes eran una o dos veces al año, ahora tendríamos un nivel de exposición de 40 horas a la semana por persona.

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